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PBRO. EDUARDO GÓMEZ BECERRA

El Maestro Alfonso de Lara Gallardo es el gran decano de los acuarelistas tapatíos. Nació en el barrio
de Mexicaltzingo, el día 27 de agosto de En sus inicios se formó de manera autodidacta, ya que cursó la carrera de Contaduría Privada, de la cual decidió alejarse, después de nueve años, para dedicar su vida a la creación y la expresión estética.
Su paso por el museo Regional de Guadalajara le permitió delinear su estilo de dibujo. Perteneció al grupo de Integración (1966). Durante 37 años ilustró la plana literaria cultural del periódico El Informador.

NUTRIRSE DEL EXTERIOR
Su primera exposición fue en el año de 1957, en el Teatro Degollado, y continúo exhibiendo hasta antes de 1962, cuando el Instituto Cultural Hispánica le otorgó una beca por parte del Gobierno de Jalisco
para estudiar en la Escuela Libre de Pintura de Madrid.
Obtuvo una licencia para copiar las obras del Museo del Prado, y así aprendió del Trazo de Velázquez,
Tizano, Goya, El Greco y José de Ribera. En sus viajes de peregrino, recorrió Castilla, el Cantábrico,
Roma, Florencia y Valencia.
A la par de su formación artística, trabajó en su formación espiritual, que lo llevó a interiorizar: “Estuve
una semana con las padres trapenses –de esto hará unos 10 años– fue una experiencia muy bella, me hubiera gustado hacer una solitud de quedarme ahí, pero mi adre vivía todavía y tenía todavía muchas
obligaciones”.
En Europa obtuvo el Premio “Mariano Fortuny”, y su tierra le concedió el Premio Jalisco en 1959 y 1966. En 1983 recibió la Presea José Clemente Orozco del Gobierno de Jalisco. Ilustró obras magistrales de literatura mexicana, entre ellas el Romancero de la Vía Dolorosa, de Fray Asinello y Alfilo del agua de
Agustín Yáñez, mezclando acuarelas e ilustración en blanco y negro.

Su obra mural se encuentra en varios templos jaliscienses, entre los cuales destacan el Convento de Zapopan, la Parroquia el Señor de la Salud, la Parroquia de El Calvario en Jardines del Bosque, en
aproximadamente 120 m2 con el tema “Rompió las Cadenas de la Muerte”.


SUS GRANDES OBRAS
El M. I. Cango. Benjamín Sánchez Espinoza (Fr. Asinello) le pidió ilustrar su templo con un Viacrucis (Parroquia Ntra. Sra. del Sagrario) y dejó, en 15 enormes marcos, otra muestra de un don espiritual, que le hizo crecer, en la fuente de lo que escribió Fr. Asinello.

El mayor reto de su vida fue pintar el gran ábside del templo de San Bernardo, en Guadalajara, mural
religioso, insólito en nuestra época, para el cual fue necesario un boceto de 600 metros cuadrados,
que se realizó mediante el uso de paneles desmontables. El mural es una síntesis religiosa cuyo centro
es el Cristo Resucitado. Los paisajes, de carácter didáctico, mueven a la reflexión y al conocimiento sacro.
Así como el templo de Nuestra Señora del Sagrario, El Señor de la Salud y san Bernardo.

SU LEGADO
La obra de Alfonso de Lara Gallardo ha sido incluida en volúmenes destinados al estudio de la plástica jalisciense, tales como Alfonso de Lara Gallardo, el último artista religioso (2004), La pintura en Jalisco, colección del arte (1989) y Creadores artísticos de Jalisco (2007).
En la memoria de los tapatíos queda el magno reconocimiento otorgado a su trabajo artístico en la Galería Municipal Jaime Torres Bodet, en el año de 1980, por el Ayuntamiento de Guadalajara
y el periódico El Informador.
De Lara influyó, ya sea de manera estilística o técnicamente de manera positiva y, además, fue ejemplo de
pundonor ético y vocacional para múltiples generaciones de artistas, tanto de la escuela de artes Miguel Leandro uerra, de Lagos de Moreno (1963- 1965), como de la antigua escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara, 1965-1981.
Murió en esta ciudad, que tanto quería, el domingo 29 de septiembre de 2013.

Premios y distinciones:

Realizó exposiciones de sus obras en incontables ocasiones, tanto en forma individual como colectiva, en México; Nueva York, Arizona y California, en la Unión Americana; en Amberes, Bélgica y en Madrid, España.

Principales exposiciones:

Premio Jalisco a las Artes, Gobierno del Estado de Jalisco (1959 y 1966); Primer Lugar en el Concurso de dibujo hispanoamericano (1961); Premio de Dibujo en el Colegio Mayor de Guadalupe (1962) y Premio Mariano Fortuny en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, España (1963); Medalla en el Salón de Otoño, Madrid, España (1963); Exposición-homenaje organizada por el periódico El Informador (1980); Presea en el Primer Centenario de José Clemente Orozco, Guadalajara, Jal. (1984).

México es cuna de grandes muralistas

SONIA GABRIELA CEJA RAMÍREZ

El muralismo fue un movimiento artístico iniciado en México a principios del siglo XX. Fue creado por un grupo de pintores intelectuales mexicanos después de la Revolución Mexicana.
Los artistas que participaron en él intentaron plasmar su visión sobre la identidad nacional y la situación social y política del país.
El muralismo se distinguió por tener un fin educativo que pretendía difundir parte de la cultura y vida mexicana a un público masivo, por lo que la mayoría de las obras se realizaron en las paredes de
edificios públicos.
Si bien, es un movimiento plástico que se divide en diferentes etapas, mantuvo como constante el interés de los artistas por plasmar la visión social que cada autor sostuvo sobre la identidad nacional. Tuvo
su periodo de producción más prolífico en el periodo entre 1921 a 1954.
“Es un movimiento que va a la par de un pensamiento político, por eso vemos murales con Hidalgo, con Juárez, con los obreros”, explica el Padre Eduardo Gómez Becerra, de la Comisión de Arte Sacro
de la Arquidiócesis de Guadalajara.
“Es un movimiento de izquierda con aire socialista que surge de la Revolución Mexicana, de ahí viene durante los años 30, 40 y 50 un auge del muralismo mexicano muy importante, de la expresión cultural
que México vive durante el siglo XX. Ciertamente, el muralismo mexicano, podríamos remontarlo hasta la época prehispánica, pues todas las pirámides eran pintadas: Chichen Itzá, Monte Albán, Teotihuacán,
eran un esplendor de colores, que también eran murales.
LOS GRANDES ARTISTAS ACADÉMICOS
“El muralismo mexicano del siglo XX surge con esta época un bagaje cultural mexicano. Fue una época con un toque académico muy importante.
Sus trazos están bien en simetría, en la perspectiva, en los puntos de fuga del dibujo; esa es la perfección del muralismo, que siendo tan grande, logran integrar el volumen, la perspectiva, el color, para dar toda una sensación, como el que está en Palacio de Gobierno de José Clemente Orozco o el que está en México de Siqueiros.

“Alfonso de Lara Gallardo no entra con la tendencia política; es un hombre muy espiritual, muy católico, que en lo personal hizo un voto de celibato; no se casó por una decisión propia. Fue un hombre
con gran mística y su pintura mural va mucho en el orden religioso”, explicó el Padre Eduardo Gómez Becerra, de la Comisión de Arte Sacro de la Arquidiócesis de Guadalajara.

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