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PBRO. ERNESTO HINOJOSA DÁVALOS

La finalización del año es una buena oportunidad para hacer evaluación de cuanto ocurrió en este tiempo, sea en lo personal, familiar, laboral o social. Una evaluación brinda la oportunidad de darse cuenta de los errores y aciertos cometidos.
Los primeros pueden rastrearse para ubicar su origen y ponerles solución, los segundos se pueden potenciar para que continúen haciendo bien. Así, con los resultados de la evaluación es posible proyectar objetivos a trabajar en el nuevo año que comienza; cambiar lo que se está haciendo mal, continuar con lo que se está haciendo bien.

El cambio para corregir los errores conlleva la posibilidad de progreso, crecimiento o desarrollo de lo que se quiera lograr; por el contrario, la continuidad en los errores no sólo abona al estancamiento, sino al constante y paulatino deterioro, alejándose indefectiblemente de la consecución de buenos resultados y objetivos.
En esta paradoja social nos encontramos al inicio del nuevo año 2024, no sólo un año electoral, sino en el que se juega el destino inmediato de todos los que habitamos este país. En el campo de lo social, es necesario que también de manera individual cada quien haga una evaluación de las condiciones actuales de la sociedad en todos sus aspectos: político, económico, laboral, de salud y seguridad por mencionar los más sentidos.

Evaluar el proceder y el cumplimiento de los encargos de los servidores públicos, en todos sus niveles, es indispensable para afrontar el proceso electoral que está en marcha y permita tomar la decisión fundamental de elegir a los próximos gobernantes. La disyuntiva es: cambio o continuidad, no hay más opciones.
La respuesta tiene que ser detenidamente pensada, informada y objetiva. Evaluar logros y deficiencias del gobierno actual. Atender las causas de los errores para ver si son capaces de solucionarlos con lo que han mostrado, revisar si tienen la capacidad de continuar con las obras buenas que han realizado.

Pero también, este año puede ser completamente inédito si se agrega una variable, que por mucho tiempo ha sido desdeñada por la clase política y completamente ansiada por la sociedad civil organizada: la participación ciudadana.
Una participación fundamentalmente en dos pasos: uno, salir a votar el día de la elección, que todos expresen su voto sobre su deseo de quién prefiere que los gobierne. En este sentido, la participación el día de la elección puede ser histórica y una buena muestra de madurez civil y democrática; ésta es la única solución para evitar que pocos decidan por todos. Dos, se le llama democracia participativa, es decir, dar seguimiento a los acuerdos y promesas hechas en campaña por los ganadores de la elección.
Alcanzar esta participación es muestra de una sociedad completamente decidida por su bienestar, que marca el ritmo de su propio desarrollo pidiendo cuentas, transparencia y políticas públicas en beneficio del bien común.

Este año nuevo, bien puede ser el inicio de una sociedad organizada y participativa que trata a la clase política como sus empleados, como realmente lo son, y no como salvadores de la Patria.

@arquimedios_gdl

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