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ALFREDO ARNOLD

Amanece el nuevo año 2024, un año lleno de retos y oportunidades para la humanidad, para los pueblos y las personas. Hasta antes de la pandemia parecía que íbamos transitando por un camino “normal”, pero el covid puso de cabeza al mundo y la salida de la crisis no ha sido fácil, muchísima gente sufrió daños de los que aún no se puede reponer, se perdieron millones de vidas, miles de empresas quebraron; el empleo, la educación, el emprendimiento y la convivencia se fueron para abajo.
No hace falta recordar aquellos momentos, de los cuales persisten nuevas amenazas contra la salud, sociedades polarizadas, grave retraso estudiantil, daños ambientales y cientos de miles de personas desempleadas.
Lo que sí hay que recordar es que nos advirtieron de una “nueva normalidad”; que las cosas serían distintas cuando saliéramos de la crisis sanitaria. Y, aunque nadie explicó cómo sería la “nueva normalidad”, ésta se ha manifestado muy distinta a la pre-pandemia: tenemos un mundo más avanzado en la ciencia, con novedades como el metaverso y la inteligencia artificial, pero existen muchas otras cosas que tendremos que reconstruir o, de plano, dejarlas en el pasado.
Hace sólo unos días, en Zapopan, una trabajadora de una tienda de conveniencia se quejaba con su compañera: “Compré unas cositas, como jabones y pasta dental y se me fueron 570 pesos, ¿puedes creerlo?”. Horas después, el taxista que me llevaba se lamentaba de cuánto ha subido el precio de la gasolina. Son ejemplos que reflejan una de las principales preocupaciones de la gente común: el alza constante en el costo de la sobrevivencia.
Al mundo no le va mejor. Al cierre de año 2023, las noticias nos informaban que Rusia desplegó su mayor ataque sobre Ucrania; que la guerra Israel-Hamás lleva cerca de 30 mil muertos en menos de tres meses; que un barco de guerra británico vigila la costa atlántica de Venezuela, a donde Nicolás Maduro envió seis mil soldados por su diferendo con Guyana. ¡Y decían en el ya lejano año 2000 que se habían terminado las guerras!
En este 2024 habrá elecciones en 80 países del mundo. Destacan las de Estados Unidos, donde entidades como Colorado y Maine intentan inhabilitar como candidato a Trump; las venezolanas, con Nicolás Maduro sin oposición, y las de México, donde el oficialismo ha puesto en riesgo nuestra imperfecta democracia. Dicen que hasta 2048 se repetirá una vorágine electoral como la de este año, en la que participarán 4 mil 200 millones de personas (el 51 por ciento de la población mundial).

Las elecciones no son el único reto para México, que también necesita atender la seguridad pública, la salud y la educación, tan venidas a menos durante los últimos años. Por supuesto, la economía, hasta ahora bien controlada, corre el riesgo de descomponerse con el cambio de gobierno. De los nueve billones (millones de millones) del presupuesto federal, casi dos billones no están sustentados con ingresos federales, o sea, que la crisis a la que ya nos habíamos acostumbrado con los cambios de sexenio (hasta Salinas-Zedillo), podría resurgir.
Es preciso –aunque para ello hay muy poco espacio y tiempo– recomponer la seguridad pública, la salud, la educación, volver a conectar la convivencia social.
Pero no todo son nubarrones; también hay grandes oportunidades que es necesario aprovechar antes de que otros países nos sigan rebasando. Lo ideal en México sería gozar de un clima de unidad y paz social, pero sabemos que eso es como pedirle peras al olmo en este 2024, en el que se espera una lucha electoral sin dar ni pedir cuartel y un desenlace incierto, no sólo por la presidencia sino también por las cámaras, las nueve gubernaturas, cientos de alcaldías y demás puestos que estarán en juego.
Es necesario tomar las cosas con calma, sobre todo quienes no estamos directamente involucrados en el tema electoral, los que trabajamos, los que hacemos producir al país, los que estudian, las familias que tienen otros intereses y necesidades.

Somos 130 millones de mexicanos y no es justo que nos pongan a bailar al son que toca una pequeñísima minoría política, insignificante en su número, pero brutalmente poderosa por los recursos que maneja y el impacto que sus decisiones tienen en el país. Feliz año 2024.

*El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de vasta experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

@arquimedios_gdl

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