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Pbro. José Antonio Larios Suárez, Sección Diocesana de Pastoral de Educación y Cultura

El 20 de mayo inició la tradicional visita de la Virgen de Zapopán, a los templos y parroquias de Guadalajara. Una tradición que cumple 288 años de celebrarse desde el año 1734, que bajo el concepto Romería, fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por la UNESCO, a finales del año 2018, por ser una tradición que fomenta el tejido social de millones de feligreses y preserva rituales de origen prehispánico.

La Virgen de Zapopan es nombrada patrona contra rayos, tempestades y epidemias, desde 1734, iniciando así la tradición de fe mariana más rica de nuestra diócesis, tradición que ha cruzado los momentos históricos tanto luminosos como críticos.

Es la única manifestación religiosa pública que no ha desaparecido con el devenir histórico, muchas veces no por el interés de las autoridades religiosas y civiles, sino gracias a la comunidad que valora sus raíces, su historia, su fe.

En diversas ocasiones, las autoridades civiles y eclesiásticas, no solo no han apoyado estas manifestaciones, sino que se han opuesto a ellas sin faltar los intentos por extinguirlas.

Cabe mencionar, que, desde los orígenes, la tradición de traer la imagen de la Virgen de Zapopan a Guadalajara, no es iniciativa del clero, sino del cabildo civil y de la ciudadanía, apoyados por el cabildo eclesiástico, y el retornar de la Virgen a su santuario, fue iniciativa cien por ciento de los fieles, que llenos de gratitud por la visita de la Virgen a la ciudad, sintieron el deseo de llevarla caminado hasta su casa como gesto de gratitud.

Dígase la enorme fiesta que se organizaba el 13 de junio al arribo de la imagen a la ciudad, las manifestaciones festivas en cada cambio de parroquia y durante su estancia en las comunidades, así como la gran manifestación de la llevada de la Virgen; todo eso ha sido y es fruto de la fe del pueblo de Dios, de su amor por María, de su gratitud y creatividad, a la que el clero solo ha acompañado cuando lo ha tenido a bien. En otros periodos, es el pueblo de Dios solo que vela por su tradición y que no se resigna a perder los signos que le dan identidad católica a la vez que cultural.

La paz y el esplendor de las visitas de la Virgen por más de un siglo (1734-1857)

De 1734 a 1857, las visitas de la Virgen de Zapopan gozaron de la paz, del primitivo fervor y de la creciente evolución de esta rica tradición de fe.

En 1821, en el contexto de la esplendorosa llegada de la Virgen a la ciudad se proclamó la independencia de la Nueva Galicia y el nombramiento de la Virgen de Zapopan como Generala del ejército insurgente, a partir de este acontecimiento nacerá el libre y soberano Estado de Jalisco.

Las primeras vicisitudes del peregrinar mariano. (1858-1900)

La promulgación de la Constitución de 1857 desató la guerra entre liberales y conservadores. En 1858, la visita de la Virgen a Guadalajara dio inició hasta el 26 de junio, pues apenas el día 21 había concluido el sitio que el ejército liberal había puesto a la ciudad.

Un nuevo sitio impuesto a Guadalajara por parte de los liberales, provocó que el 27 de septiembre, la imagen de la Virgen fuera ocultada en el monasterio de Santa María de Gracia.

En 1859 la tradición se mantuvo sin contratiempo alguno, pero en ese mismo año se promulgaron las leyes de Reforma que empeoraron la situación del país. La gravedad de la guerra provocó que en 1860 la visita anual de la Virgen fuera interrumpida cuando visitaba el templo de Capuchinas, debido al sitio de la ciudad impuesto por el General González Ortega a partir del 22 de septiembre.

En cuanto fue posible, la imagen fue sacada de Capuchinas y ocultada en una casa particular, permaneciendo allí hasta el 28 de marzo de 1864; el santuario de la Virgen había sido clausurado por los liberales el 7 de noviembre de 1860.

En 1864, después de sangrientos combates, el bando conservador recuperó la plaza de Guadalajara, quedando una ciudad destruida y llena de cadáveres; en medio de esa desolación, el 13 de junio se reanudó la visita de la Virgen y la llevada el 5 de octubre, tradiciones que pudieron permanecer sin alteraciones los dos años siguientes.

La batalla del 2 de abril de 1867 terminó la guerra de intervención con derrota definitiva de los conservadores y la aplicación absoluta de las Leyes de Reforma. Lo mismo en su momento histórico que en el presente, varias de dichas leyes violaban derechos fundamentales del ser humano, como el de la libre y pública expresión de las creencias y el derecho de tránsito de manera individual o colectiva con la ocasión que sea, si los fines no son delictivos.

El 13 de junio de dicho año inició la visita anual de la Virgen de Zapopan; la tradición incluía una serie de actos que podían o no considerarse culto público, prohibido por las nuevas leyes.

La recepción de la Virgen traía consigo el adorno de las casas y las calles, el repique de campanas, la pólvora, también eso era culto público. De momento, las autoridades eclesiásticas giraron instrucciones para que estas visitas se realizaran de manera privada, es decir, evitando las procesiones públicas anteriores.

No obstante, la comunidad se empeñó en acompañar el carruaje donde la imagen de la Virgen era trasladada de un templo a otro, en tanto que los eclesiásticos evitaban todos los elementos que pudieran asimilar estos acompañamientos masivos con una procesión.

A partir de ese año y por lo menos hasta 1938, se dará un permanente “estira y afloja” única y exclusivamente en lo relativo a las fiestas de la Virgen de Zapopan, a cuyas expresiones públicas jamás quiso renunciar la feligresía.

El gobierno estatal y municipal se dedicará entonces a hacer jurisprudencia de la escueta ley de Reforma que prohibía estos actos, enviando avisos, realizando visitas a las autoridades eclesiásticas, girando recomendaciones y nuevas prohibiciones, como la que hizo el ayuntamiento tapatío en 1875 suprimiendo en todos los casos el repique de campanas.

La mitra de Guadalajara se hizo eco de esas observaciones exhortando a la feligresía a no adornar casas ni calles, y a evitar acompañar el carruaje de la Virgen en sus traslados.

REGRESO EN PRIVADO

Al aproximarse el 5 de octubre de 1867, ante la persistencia de la comunidad en mantener el aspecto público de su devoción a la Virgen de Zapopan, la sagrada mitra decidió que el regreso de la imagen a su santuario se hiciera en privado, pidiendo a la población se abstuviera de participar.

 La autoridad política de Zapopan pegó por toda la ciudad el siguiente aviso: “La imagen es trasladada secretamente a su santuario porque las leyes de reforma prohíben conducirla con ostentación como en los años anteriores”.

La insubordinación de la comunidad a la autoridad civil, y sobre todo a la autoridad eclesiástica, fue proverbial para la época. Aunque la imagen de la Virgen había sido llevada por el camino de Zoquipan sin avisar a nadie, toda la ciudad hizo ese día, y por primera vez, una romería a Zapopan sin la venerada imagen, que era llevada por la otra ruta mencionada. Esta romería siguió la ruta tradicional de los Colomos. Avisada la autoridad política de que la gente estaba peregrinando masivamente al célebre santuario, envió hasta ochocientos soldados a caballo con el evidente objetivo de intimidar a los peregrinos, desde luego, sin resultado.

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