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¿Recuerdos nostálgicos o reconocimiento de nuestra historia para planear y proyectar?

PBRO. JOSÉ ANTONIO LARIOS SUÁREZ. SECCIÓN DIOCESANA DE PASTORAL DE
EDUCACIÓN Y CULTURA

Por una antigua tradición remontada a la Edad Media, la Iglesia celebra sus efemérides cada 25 años con especial esmero y solemnidad.
En algunas ocasiones, se acusa que tomar en cuenta la infinidad de efemérides puede convertir un proceso pastoral serio en una pastoral de eventos, lo cual no es ningún riesgo si el proceso está bien pensado y aún de los acontecimientos nos valemos para darle iluminación, empuje y fuerza a lo que ya se tiene y en lo que ya sólidamente se camina.
En una Iglesia diocesana que no nació hace unas décadas, sino que ha acumulado casi cinco centurias, es inevitable que confluyan con frecuencia los centenarios, bicentenarios y aniversarios con sus múltiplos de 25 que rememoran acontecimientos vertebrales en la historia de la comunidad y que siguen siendo fuente de iluminación en la construcción del futuro de la Iglesia.
El ser humano es celebrativo por naturaleza e independientemente de nuestras visiones pastorales, es inevitable recordar, celebrar y proyectar lo que ha sido parte de nuestra historia.

No poner el empeño suficiente en celebrar nuestros principales acontecimientos podría ser un síntoma de autosuficiencia, autoreferencialidad, una especie de ego, donde creemos que todo comenzó con nosotros, cuando en realidad somos el resultado de lo que nuestros antepasados sembraron con sudor, lágrimas y no pocas veces, sangre en su sentido literal.
Celebrar nuestros acontecimientos es tener la humildad de reconocer que heredamos un patrimonio que no nos costó, pero ante el que tenemos que quitarnos las sandalias porque pisamos tierra sagrada; sagrada porque fue fecundada por el Espíritu Santo que tomó como instrumentos a tantos hombres y mujeres que se dejaron conducir por Él sin obstaculizar su obra, dándose totalmente en la construcción del Reino de Dios.
Si queremos ir un poco más allá del reconocimiento, tendría que venir la gratitud, misma que no se agota con discursos, sino tomando con toda reverencia el patrimonio heredado y proyectándolo con inteligencia, pasión, tenacidad y creatividad, al impulso del Espíritu Santo, en favor del futuro de la Iglesia, que no siempre se avizora halagüeño en su totalidad.

Intentar proyectar sin recurrir a los orígenes, a lo aleccionador de la historia, al descubrimiento de las raíces, de las constantes que se perciben en el devenir de la historia, sería una actitud ilusa como soberbia, de querer iniciar un camino partiendo únicamente de nosotros y nuestra parcialísima visión.

Las conmemoraciones, por tanto, son parte esencial de la pastoral de una comunidad, nos ayudan a leer, investigar, conocer, para celebrar con conocimiento y consciencia, celebración que debe transformarse en compromiso con el presente y proyección del futuro aleccionados por testigos tan insignes de nuestra historia y con un discernimiento claro de actualización.

En 475 años de historia de la iglesia de Guadalajara, contemplamos una gran nube de testigos, como dice la carta a los Hebreos, donde apreciamos, evangelizadores, religiosos, mártires, sacerdotes, obispos, cardenales, seminaristas, congregaciones religiosas, laicos, movimientos, asociaciones, instituciones e instancias, todos ellos dando respuesta a los desafíos de cada época, desde la gracia pero también desde una naturaleza dispuesta a colaborar con la acción de Dios en favor de tantos hombres y mujeres sedientos de salvación que encontraron en la Iglesia, carisma y estructura, promoción humana, liberación y salvación eterna.

Ante esta nube de testigos, ¿los conocemos?, ¿los recordamos? ¿aprendemos de ellos? ¿pedimos su intercesión? ¿valoramos su patrimonio?

Ante el patrimonio heredado, ¿lo usamos para suspirar y vivir de glorias pasadas, “de rentas”? ¿lo tomamos en nuestras manos, lo veneramos, conservamos y acrecentamos? ¿o simplemente lo conservamos pasivamente o más aún, lo hemos depreciado y malbaratado? ¿o creemos que en nuestro haber nada hay que ilumine o responda a nuestras necesidades?

Ojalá que la celebración de esta efeméride diocesana nos ayude a amar más a la Iglesia, nuestras raíces, nuestros antepasados y a honrar su memoria haciendo lo que nos toca aquí y ahora, alentados por su testimonio, iluminados con su ejemplo y con una sabiduría grande para aplicar las lecciones de la historia al presente, de tal manera que cada miembro de esta diócesis seamos como el escriba docto que describe Jesús en el Evangelio, que como un padre de familia, seamos capaces de sacar de nuestro tesoro cosas nuevas y antiguas.

@arquimedios_gdl

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