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Joséde Jesús Parada Tovar

Parece un sentir general, expresado en los Medios de Comunicación, comentado entre la gente común y al interior de la clase política, que las recientes Elecciones provocaron una serie de reflexiones y cuestionamientos en todo el país, no solamente en cuanto a los resultados, a sus cifras y comparativos, sino a la necesidad de hacer un serio planteamiento en torno a su significado para la vida nacional.
De entrada, el registro de aproximadamente un 60% de votantes en las urnas, del total de matriculados en el Padrón Electoral, no es un timbre de orgullo ni ocasión de revuelo para el sistema democrático mexicano. No obstante que el triunfo del partido gobernante vino a ser rotundo, persiste una gruesa capa de dudas en torno a la legislación y a los procedimientos antes, durante y después de los Comicios.
¿ANÁLISIS DE LA REALIDAD O REALIDADES DEL ANÁLISIS?
Indudablemente, según los sociólogos, líderes de opinión y cabezas de programas y proyectos, el análisis de la realidad constituye una herramienta insustituible para predecir, definir, exponer y explicar, tal cual, una determinada situación con todos sus contextos, características y circunstancias. Sin embargo, semejante propuesta, a estas alturas post-electorales, ofrece una visión abiertamente distinta a los contendientes.
En efecto, a los ganadores no únicamente el cómputo les traduce un saldo avasallador y sin visos de gobernar mediante el diálogo y los acuerdos, “quia nominor leo” (porque me llamo y soy el león), sino también el gradual o pronto encaminamiento a un poder omnímodo y sin concesiones. En cambio, los perdedores siguen rumiando el revés todavía con el resabio de viejas mañas que continúan arropando lo mismo chanchullos ventajosos que sucias maniobras, ahora manipuladas con artificios “muy inteligentes” y sofisticados.

Sin embargo, la sensatez y cordura deberían exigir, sobre todo a los partidos de oposición, emprender desde ya un replanteamiento de su ser y quehacer, no nomás con miras a subsistir y a aspirar a “huesos” perdidos, sino a partir de realidades contundentes e irrebatibles. Por ejemplo, la instalación e influencia de la partidocracia, curiosamente junto al descrédito imparable de los Partidos y de sus dirigentes; la merma de su membresía; lo inconcebible y a la postre inútil de sus alianzas, incluso con corrientes de plano intratables; la ambición desmedida de poder o al menos de retazos del subsidio; la falta de preparación de nuevos cuadros en la dirigencia; la escasa o nula conexión con la ciudadanía; la indebida selección de candidatos, etcétera.

Y es que, por más que se le abone y apueste a la “encuestitis” y su “resultaditis”, no son en absoluto confiables tales mecanismos, aunque estén avalados por los diarios adelantos científicos, tecnológicos… y mercadológicos, máxime en tiempos electorales, cuando abundan los cochupos y el “maiceo” a las empresas que le fabrican al cliente las perspectivas y escrutinios esperados.

Por cierto, ¿quién recuerda o da real validez al Rating como método para pulsar los niveles de audiencia de las Radiodifusoras y Televisoras?… Vaya que cualquier análisis profundo implica desentrañar y encarar las realidades.

@arquimedios_gdl

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