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Lupita Venegas, Psicóloga

Querida Lupita:

Sentí una gran impotencia al ver a mi hijo llorar con mucho sentimiento. Al preguntarle la razón me dijo que su padre le había pegado por no aprender el abecedario. Lo insultó diciéndole cosas que lo dejaron muy dolido. Mi esposo viene de una familia, en donde no recibió caricias y estímulos sino maltrato. Él quiere cambiar pero mientras tanto está afectando a nuestros hijos. ¿Qué debemos hacer?

Clarissa J.

Hermanan mía, Clarissa:

“Es comprensible que en las familias haya muchas crisis cuando alguno de sus miembros no ha madurado su manera de relacionarse, porque no ha sanado heridas de alguna etapa de su vida. La propia infancia o adolescencia mal vividas son caldo de cultivo para crisis familiares. Si todos fueran personas que han madurado normalmente, las crisis serían menos frecuentes o menos dolorosas” (Amoris Laetitia, 239).

Si alguno en casa es violento, debe buscar ayuda. Es sanando las heridas del pasado como podemos cambiar nuestra conducta negativa actual.

Voy a plantearte un “abecedario” básico para generar el ambiente propicio de un hogar que formará seres humanos maduros y felices. Jugando con la palabra diría que se trata en realidad de un ABC Diario:

Amor. Este principio da sentido a la vida de toda persona: cada uno experimentará que es amado y capaz de amar. Debemos entender el amor, no como un sentimiento sino como una elección. Amar es un acto de la voluntad, es querer y procurar el bien del ser amado.

Besos. Un gesto que habla de aceptación incondicional, es aprender a compartir besos en familia. En beso en la boca exclusivo para papá y mamá y, besos tiernos en la mejilla o frente para cada miembro de la familia. Hagamos de esta práctica algo cotidiano, especialmente al saludar y despedirnos.

Caricias. Cada vez hay más evidencia de que un rasgo característico de las familias bien avenidas es que existe un trato cariñoso de los padres hacia los hijos. Cuidar las formas y el lenguaje es vital.  Suspendamos ya los gritos y golpes en el hogar.

Diálogo. Sin conversación, deja de alimentarse la relación. En casa hablamos de lo que ha sucedido en el día, pero aún más, de nuestros sentimientos, sueños y proyectos.

Con preparación, oración y sacramentos, tendremos el empuje necesario para cambiar. Hagamos lo que debemos hacer y los buenos resultados no se harán esperar.

@arquimedios_gdl

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"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

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