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P. José Luis González Santoscoy

En días pasados la generación sacerdotal 2016 tuvo a bien invitar a Fray Nelson Medina, sacerdote y religioso dominico originario de Colombia, a predicar en los ejercicios espirituales. En dicha experiencia nos concedió una entrevista en donde nos compartió que su incursión en los medios de comunicación fue, prácticamente, desde hace 30 años cuando comenzó su sacerdocio, pues los laicos a quienes les compartía cursos de formación se mostraban interesados en grabarlo para tener registro de sus predicaciones.

A propósito de su venida a predicar para sacerdotes le preguntamos ¿Qué retos encuentra en el sacerdocio y qué consejo les daría a los sacerdotes jóvenes? A lo cual contestó:

“Eso me hace recordar una frase que le dijo el apóstol San Pablo a un discípulo suyo que, precisamente era muy joven en esa época, y estoy hablando de Timoteo. Le dijo San Pablo: “Acuérdate de Jesucristo”. Yo creo que esa frase es muy importante porque todos tenemos la tentación de olvidarnos de Cristo, y, cuando nos olvidamos de Él, cambiamos nuestras motivaciones, nos dejamos derribar por las tentaciones, las opiniones del mundo que muchas veces no van en la línea del Evangelio. Si pudiera darles un consejo, sería ese mismo consejo de Pablo a Timoteo, recordar a Jesucristo siempre, especialmente en las dificultades, para saber que siempre está a nuestro lado y recordarlo en los momentos felices para darle las gracias por lo que nos concede”.

Sabiendo que el domingo anterior se había vivido en México una jornada por la paz, le preguntamos: ¿Qué acciones concretas debe realizar el sacerdote para que sea verdadero promotor de paz? A lo que él contestó:

“En primer lugar, quiero darle gracias a Dios por la actitud valiente que han tenido la Conferencia del Episcopado Mexicano y tantos amigos sacerdotes de este país, a los que he visto trabajar de día y de noche para sembrar conversión y reconciliación, para que no caigamos en eso que fácilmente nos tienta cuando empieza la violencia y son esas famosos y terribles espirales de violencia por retaliación, por venganzas o por desquites. En ese sentido, la Iglesia Católica en México está haciendo ya una labor muy importante y lo vital es fortalecer esa opción clara”.

“Para fortalecerla me atrevo a recomendar tres elementos: primero, sin lugar a duda, presentar el Evangelio de Cristo y presentarlo como lo que es, un llamado a una auténtica conversión, es decir, en la medida en que nuestros corazones en donde reina Dios, se va a hacer realidad el Reino de Dios. Éste no hay que pretender construirlo afuera, sino que empieza siendo una realidad dentro de nosotros y para eso, la predicación del Evangelio es fundamental”.

Segundo, creer en la fuerza de los sacramentos, recordando lo que decía el Papa San León Magno: “Lo que era visible en Cristo ha pasado a los sacramentos”, es decir, Cristo vivo está obrando ahí, por eso, como sacerdotes, estamos llamados a ser los primeros testigos de fe y gracia en la eficacia de los sacramentos. Pero, lo tercero y más importante, está en el testimonio. Yo creo que la Iglesia está dando ese testimonio, pues las noticias han llegado hasta mi país de tantos sacrificios de sacerdotes que han dado su vida por el Evangelio y la defensa de los pobres hasta el extremo del martirio. Nunca debemos olvidar que el testimonio debe reflejar, no sólo que vivir el Evangelio es bello, sino que es posible. El sacerdote con su entrega constante, con su sacrificio cotidiano, con su mensaje de esperanza y con su capacidad de acoger a todos, creo que está haciendo mucho bien”.

El olvido de los pobres, caldo de cultivo del estado

También le preguntamos ¿Qué heridas identifica en la sociedad que llevan a la violencia?   Su respuesta fue:

“Me atrevo a pensar que nuestros países se parecen en el olvido de tantas regiones pobres, la necesidad extrema y el olvido por parte del Estado para suplir necesidades básicas. Ese es un caldo de cultivo permanente”.

 Yo creo que, como Iglesia, tenemos que convertirnos en embajadores que recuerdan, una y otra vez, a las instituciones, especialmente a las de gobierno, el deber que adquieren como representantes legales del pueblo para servir a todos, especialmente a los más desatendidos. Este es un factor en el que la voz de la Iglesia se tiene que hacer sentir, porque ahí hay un caldo permanente de cultivo.

En segundo lugar, una herida muy profunda empieza en la familia, pues es escuela de humanidad y de valores, y en la medida en que dejamos derrumbarse a la familia, estamos también dejando en manos del egoísmo y de la codicia a nuestro pueblo. El Papa Benedicto XVI decía que una de las grandes heridas sociales actuales es la falta de papá. De esta falta de papás y de hogares sólidamente constituidos viene un trastocarse de los valores, lo que hace buscar una ganancia fácil, por ahí se abre la puerta al narcotráfico, al hedonismo y a otros grandes males”.

Finalmente, ¿Cómo podemos generar esperanza en quien han sufrido grandes heridas por la violencia?  A lo que  Fray Nelson Medina contestó:

“El primero acto de reconstrucción de la esperanza nos lo muestra el Papa Francisco con ese verbo que le da tanta importancia y es la acogida. Hay que aprender a acoger, que, a veces, significa dedicarle mucho tiempo a escuchar, muchas personas quieren que su lamento sea oído, necesitan no sólo soluciones, sino ojos que sepan llorar junto con ellos, abrazos generosos que los puedan sostener cuando emocionalmente el mundo se les ha derrumbado”.

“Esa acogida también puede transformarse de un modo institucional. No conozco la realidad mexicana para llegar a un punto concreto, pero sí es verdad que hay una acogida institucional que se requiere. Es una manera que los que han sufrido, sepan que hay lugares específicos y personas concretas que pueden ayudarles”.

“Aprovechando que estamos en un ambiente de ejercicios espirituales, no se nos debe olvidar que las soluciones no son simplemente económicas o políticas, muchas veces, tenemos que recordar lo que dice la Palabra de Dios: “El Señor venda los corazones heridos, los corazones rotos”. Por ello, también hay que favorecer estos encuentros de retiro, congresos o asambleas donde se presente el Evangelio”.

“Finalmente, en muchos de nuestros pueblos hay devociones particulares, esos espacios utilizados ayudan mucho para derramar consuelo. El hacer camino con los mártires nos muestra que nuestro dolor no se pierde, que puede obtener un sentido de la mano del Evangelio”.

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