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III    DOMINGO

ESTÉN ALEGRES

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE TERCER DOMINGO DE ADVIENTO?

Sofonías 3, 14-18a: A un pueblo rodeado de enemigos, cansado y temeroso el profeta le anuncia: Alégrate porque El Señor te va a perdonar y te salvará… Él está en medio de ustedes y los renovará con su amor…

(Responsorio) Isaías 12, 2-3. 4b. 5-6: Dios nos salva, nos da su fuerza, nos alimenta… por eso debemos compartir nuestra alegre experiencia del Señor y sus dones en nuestra vida con otras personas…

Filipenses 4, 4-7: San Pablo dice que debemos estar siempre alegres, que no nos preocupemos, que confiemos más en Dios, que seamos mesurados y experimentemos su paz… y que contagiemos estas actitudes, porque el Señor está siempre cerca de nosotros…

Evangelio Lucas 3, 10-18: Juan el Bautista nos anuncia que Jesús vendrá para bautizarnos con Espíritu Santo y con fuego, por eso nos invita a que nos preparemos para su venida haciendo acciones y gestos concretos cada día desde nuestro ser y quehacer: Aprender a compartir, respetar y no abusar de los otros, ser justos y moderados… Nosotros también debemos preguntarle: “y yo, ¿qué debo hacer?”

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

[Toda la liturgia de hoy es una invitación a la alegría.  No por la cercanía de la navidad con sus regalos materiales y sus tradiciones culturales sino porque sabemos y hemos experimentado que Dios es Dios-con-nosotros, que él ya ha venido al mundo y a cada uno de nosotros y nos ha transmitido lo que él es.

En el evangelio seguimos meditando la predicación del “bautizador” que nos sigue invitando a escapar de la ira de Dios cambiando radicalmente nuestra manera de pensar y de actuar.

Jesús, a lo largo de su vida, también nos invitará a ayudar a nuestros hermanos según la situación de cada uno.  Pero, no por miedo a su ira sino por haber reconocido el amor incondicional y generoso que nos tiene y por querer ser y actuar como él.

Entre la perícopa de la semana pasada y la de hoy nos saltamos tres versículos que sería importante leer en lo particular.  Juan les había aclarado a sus seguidores que no bastaba con cumplir externamente con las leyes o los ritos.  Por eso se acercan sinceramente conmovidos y le preguntan: “¿qué tenemos que hacer?”  Y, sorprendentemente, los insta a que sean solidarios y caritativos.

Nosotros, como aquellos oyentes de Juan, debemos cuidarnos de no caer en un absurdo de la falsa religiosidad: ofrecer sacrificios a un falso dios a cambio de que él satisfaga los deseos de nuestro falso yo.

En esa falsa religiosidad no puede haber alegría verdadera.  Porque no hay cabida para el Dios-con-nosotros (o Dios-por-nosotros).  Si no lo reconozco y lo acepto, no lo vivo.  Y eso no es cuestión de teorías (doctrinas) sino de experiencia…  Y sin el verdadero Dios no hay verdadera alegría.

La alegría a la que hace referencia la liturgia de hoy es consecuencia de no tener problemas o de disfrutar de la satisfacción de todos nuestros sentidos.  Procuremos entender, la alegría no es lo contrario al dolor o al sufrimiento.  Si fuera así, no tendrían sentido las bienaventuranzas.

La verdadera alegría surge de percibir la vida completa – con sus trabajos, sufrimientos, tristezas, etc. – desde la perspectiva de Jesús, el Emanuel, cuya vida fue y sigue siendo una total donación…  Entonces, ¿qué debo hacer para alcanzar la verdadera alegría cristiana?  Comencemos, como nos enseña hoy el profeta que bautizaba, por no abusar ni extorsionar, por dejar de ser avaros y por compartir nuestra comida y nuestra ropa hasta que seamos capaces de compartir la vida como Jesús…

Desde nuestra propia situación preguntémonos: ¿Qué debo compartir?  ¿Cómo debo compartir?  ¿Cuándo debo compartir?  ¿Dónde debo compartir?  ¿Con quién debo compartir?  ¿Cuánto debo compartir?

Se trata de responder a las verdaderas necesidades de nuestro prójimo, no a las de su falso yo… de que fluya lo que hay de verdaderamente humano en nuestro interior purificado, transformado y salvado por el amor del Dios-que-vive-en-nosotros…

Finalmente, pregúntate:

•      ¿Me doy cuenta de que si Dios, que es alegría, está dentro de mí nada de lo que venga de fuera me puede afectar permanentemente?

•      ¿Me doy cuenta de que si lo que viene de fuera me quita mi paz, mi alegría y mi gracia quiere decir que le estoy dándole más importancia a lo accidental que a lo esencial?

•      ¿Me doy cuenta de que si mi alegría no ilumina ni calienta a mi alrededor quiere decir que aún me falta experimentar (más) el color y el calor del Dios-con-nosotros en mi vida personal?]

Hagamos un primer acercamiento al concepto de la ALEGRÍA… según la Palabra de hoy…

•      ¿De dónde procede la alegría?  ¿De dónde nace?  De una fe que nos sostiene en medio de nuestra vida, incluso rodeados de peligros… de sentir a Dios cerca y dentro… de la confianza en las intervenciones de Dios a nuestro favor… de confiar en la palabra de Dios… es una mezcla de valores…

•      ¿Hacia dónde nos conduce la alegría verdadera?  ¿Qué provoca?  Debe producir una actitud de confianza en Dios… debe despertar el deseo de practicar el bien… debe impulsarnos a ser testigos de lo que Dios ha hecho por cada uno de nosotros; de que es posible ser felices y tener esperanza…

Según la segunda lectura, la alegría tiene una enemiga: la inquietud… Cuando vivimos inquietos permanentemente no encontramos gozo en lo que vemos; no descubrimos la huella de Dios en nuestra vida… y desarrollamos actitudes de amargura, frustración, desconfianza y cerrazón… ¿Me considero una persona alegre o más bien una persona que vive ensombrecida por diversas inquietudes?

Es interesante constatar que, etimológicamente, nuestra palabra alegría viene del vocablo latino “alacer/alacris” que significa rápido, vivaz, animado… Podemos entender la alegría, pues, no como un estado pasivo del alma sino más bien como algo muy activo, que impulsa, que mueve… El que está alegre no sólo se ríe, sino que “hace” cosas que dan vida… ¿Vivo alegre? ¿En qué comportamientos constructivos para los demás  se nota mi alegría?

La Palabra nos invita hoy a adoptar la alegría como una actitud de vida permanente: nos enseña a guiarnos por el estilo de vida de Jesús… nos lleva a la certeza de que Dios es más grande que todos los peligros y problemas que podamos tener Quien tiene la alegría que viene de Dios lo vence todo, incluso al miedo, a las parálisis y a las inquietudes más terribles… ¿Cuento con la alegría que me da la capacidad de sobreponerme a los peligros externos y a mis propios “fantasmas” internos?

Vale la pena recalcar que Sofonías, Isaías y San Pablo no nos dan teorías sobre la alegría, más bien, desde su experiencia, nos ordenan que estemos alegres: “Alégrate… grita de gozo…”, “Griten jubilosos…”, “Alégrense siempre en el Señor, se lo repito: alégrense”… Estas frases están redactados en imperativo; es algo como un “mandamiento” que debemos cumplir como cristianos…

Sólo el que tiene la alegría que viene de Dios tiene la capacidad y la fuerza para “moverse”… Así podemos entender el porqué de las preguntas que le dirigían a Juan el Bautista: “Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?”… ¿Y yo que debo hacer para que Dios haga brotar la alegría en mi vida, en mi comunidad y en mi sociedad?

Jesús viene para actuar con “Espíritu Santo y con Fuego”… es decir, Jesús actúa con la fuerza trasformadora de la Alegría de Dios… De él recibimos este don que nos capacita para transformar nuestro mundo haciendo el bien aún en medio de las dificultades externas e internas… ¿Me siento poderosamente alegre para seguir preparando la venida de Jesús?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.     Te invitamos a distinguir la alegría que procede de Dios y la que procede de estímulos del mundo…

Haz, por escrito, una comparación entre la alegría que nos proponen los medios de comunicación con la manera como Dios nos pide vivir la alegría… Por ejemplo: ¿Qué propuestas de alegría te ofrece la publicidad “navideña”?  ¿En qué lugares, personas y/o acontecimientos te pide Dios que te alegres en esta época del año?

2.     Te invitamos a “alegrar” la vida de una persona de tu comunidad… Puede ser un pobre, un enfermo, un anciano, un huérfano… ¿Qué harás en concreto para poner en práctica las enseñanzas de la Palabra?

3.     Durante esta semana, pide al Señor el don de la auténtica alegría…

        Ve escribiendo las “definiciones” que surjan de tus diálogos con el Emmanuel.

@arquimedios_gdl

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