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Desde el Corazón

LUPITA:
En casa hemos empezado nuestra preparación como católicos. Mi esposo y yo hicimos ejercicios espirituales y reconocemos que no hemos educado a nuestros hijos en la fe. Tienen 12, 11 y 7 años. ¿Puedes sugerirnos cómo preparar nuestro corazón para recibir a Jesús esta navidad?
Amalia y Gerardo B.

HERMANOS MÍOS, AMALIA Y GERARDO:
Lo mejor que podemos hacer como católicos es conocer y vivir más profundamente nuestra fe. Estamos en un ambiente descristianizado y la forma ideal de enfrentarlo es amar y servir mejor a Jesús a través de la oración, los sacramentos y la vivencia de las obras de misericordia; pero hay algo básico además de todo esto: el estudio formal de nuestras convicciones.
Haces bien al pedir sugerencias de adviento. Existen materiales catequéticos muy actuales en redes sociales: diversas actividades propuestas en numerosos calendarios de adviento; meditaciones con lecturas recomendadas para hacer en familia cada día; construcción de la corona de adviento con su actividad semanal prendiendo cada una de las velas y meditando diversos pasajes en referencia al nacimiento del niño Dios, etc.

Pero vale la pena reflexionar en una virtud cristiana por excelencia: el perdón. La mejor forma de preparar el corazón para que nazca Jesús en él es: perdonar sinceramente a quienes nos han ofendido.

Perdonar es simplemente vivir como si la falta no se hubiera dado. Es rogar a Jesús que entre en ti para que sea Él mismo quien perdone y sane. Perdonar no es humano… ¡es divino!, solo con Jesús en el trono de tu propio corazón te será posible conseguirlo.

Formemos a nuestros hijos en la virtud del perdón. Platiquemos con ellos acerca de la forma en que Dios nos pidió amar incluso a nuestros enemigos, a quienes nos han hecho algún daño. Jesús antes de morir pidió al Padre: “perdónales porque no saben lo que hacen”. Perdonar es comprender y actuar benévolamente, es tratar al otro como si no nos hubiera ofendido nunca. Perdonar no significa solapar el mal, sino confiar en que todo ser humano puede ser mejor. No es permitir que una injusticia siga dándose sino, creer que todo ser humano puede transformarse en una mejor versión de sí mismo, con la ayuda de Dios.
Durante el tiempo de adviento, enseñemos a nuestros hijos a no guardar resentimientos, a creer en la nobleza del corazón humano y estar dispuestos a devolver bien por mal.

Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

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