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Hermanas y hermanos en el Señor:

El misterio mantenido en secreto durante siglos, ahora a sido revelado en Jesucristo. Lo dice la Palabra de Dios.
Este misterio es el que contemplamos y celebramos la Noche santa del 24 de diciembre. Misterio no significa algo que no se pueda descifrar, sino la voluntad morosa de Dios para con nuestra pobre humanidad, manifestada en acontecimientos que no alcanzamos a comprender del todo. Misterio, en la Biblia, no es algo oscuro, sino algo que no podemos entender completamente, pero que nos muestra los designios misericordiosos de Dios.
Él siempre ha manifestado estar siempre con nuestra humanidad. Los misterios anunciados desde antiguo, se cumplen con el nacimiento del Hijo de Dios hecho carne en el seno purísimo de la Virgen María. Lo primero que el ángel Gabriel le dice a Ella cuando le anuncia que va a ser madre de Jesús es: “¡Alégrate!”. Es un llamado, una invitación a María, pero también a nosotros, creyentes.

Alegrémonos porque Dios ha querido compartir la pobreza de nuestra humanidad haciéndose carne y sangre nuestra, en el seno purísimo de la Virgen María.

¡Cuánta necesidad tenemos en lo personal, en lo familiar, en la sociedad, en el mundo, de una alegría profunda y auténtica! Ésta no puede venir sino de la certeza de que Dios ha decidido compartir nuestra humanidad y ha decidido permanecer siempre con nosotros en su Hijo.
De hecho, el ángel le dice a María el motivo: “… porque el Señor está contigo”.
Ésta debe ser la razón de nuestra más profunda alegría: el Señor ha decidido estar siempre con nosotros, siempre de nuestro lado. Necesitamos contemplar esta verdad, y abrirnos a ella, para que la alegría de esta Noche y de nuestra vida surja de esa certeza de que el Señor está con nosotros.

María tenía sus dudas, sus temores.
Sin embargo, ante la certeza de que el Señor estaba con Ella, se dispuso y puso a la disposición del Padre toda su persona para que el misterio de Dios, escondido desde todos los siglos, se hiciera realidad en su bendito vientre.
En esta Navidad, en la Arquidiócesis de Guadalajara tenemos un motivo palpable para alegrarnos, y una razón clara de que el Señor está con esta Iglesia particular.

Se trata del regalo de 5 nuevos Sacerdotes y 25 Diáconos, que fueron llamados para consagrar su vida al servicio de Dios y de sus hermanos. Este regalo del Cielo nos habla de que el Señor está con nuestra Iglesia de Guadalajara, vivo y presente entre nosotros.

La invitación a alegrarnos se personalizó en los nuevos consagrados, porque Dios se fijó en ellos, no por sus virtudes, sino porque quiere estar con ellos, distinguirlos con su abrazo y con su afecto divino. Y les pide que este llamado a la alegría sea un programa de vida por todos los años que dure su servicio ministerial.
Que vivan alegres su entrega personal y su ministerio presbiteral.
¡Cuánto desaliento transmitimos a los demás cuando los que fuimos elegidos estamos tristes! Nuestro ministerio tiene que ser siempre un motivo de alegría para nosotros y un testimonio para el pueblo, incluso en los momentos difíciles, de cruz. El Señor siempre estará con nosotros.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

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