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Quiero hacer una invitación de carácter humano a los hermanos Presbíteros, a que nos renovemos y vivamos con gozo nuestra vocación sacerdotal, que nos animemos a vivir con alegría esta gracia que
hemos recibido inmerecidamente, la gracia de ser Sacerdotes.
Hay dos situaciones que nos impiden vivir con gozo nuestro sacerdocio.
Una fuente de este desencanto está en nosotros, en nuestra tristeza, a veces, hasta mediocridad, depresión o falta de ilusión.
Pero hay otra fuente que está fuera de nosotros, y es el momento que vive nuestra Iglesia que, como institución –lo percibimos–, está perdiendo cada día más significado en la sociedad, y eso nos afecta directa e indirectamente, porque la Iglesia es nuestra familia, es donde estamos llamados a vivir nuestra vocación sacerdotal.
Para vivir con alegría nuestro sacerdocio, primero, mirémonos a nosotros mismos. Nos desanima vernos
cargados de defectos, ante el Sacerdote que soñamos ser. Pasan los años y no lo vemos realizado en nuestra vida, porque sabemos que determinadas actitudes no van con el ideal de nuestra vocación.

Quiero invitarlos a que recobremos vivir nuestra vocación con alegría. Que recuperemos el gozo
de haber recibido este regalo del sacerdocio.
Y en cuanto al tema de la Iglesia, podemos estar seguros en Dios, porque contamos con una comunidad fiel, constante, aunque la pandemia la haya afectado. Ciertamente, vista la Iglesia en su conjunto, percibimos que no está teniendo la autoridad moral ni el liderazgo que tenía en años pasados, y esto
nos desalienta como Sacerdotes, nos pone en crisis, aunque no lo digamos así, y aunque no lo sepamos definir.
Quiero invitarlos, por lo tanto, a que veamos la Iglesia con fe, ya que no es una organización nuestra, no es una institución que depende de nuestra capacidad, de nuestro trabajo o de nuestra entrega. La Iglesia es de Cristo, y Él la edifica y la lleva con el poder de su Espíritu. Recuperemos la fe en la Iglesia como comunidad de discípulos de Cristo, guiados por el Espíritu Santo.
Quiero tener presentes a todos los Párrocos y a todos los Vicarios para invitarles a que hagamos el esfuerzo de vivir siempre en comunión nuestro sacerdocio, y en comunión con nuestros fieles.
Tener el cargo de Párroco es una responsabilidad, tener de compañero un hermano Sacerdote, que tiene la misma dignidad, es una responsabilidad que hay que asumir, por lo que hay que hacer crecer los lazos de fraternidad, de entendimiento, de diálogo y de superación de las diferencias, para que podamos ser juntamente felices, y si se trata de ser samaritanos, empecemos por vivir la samareitaneidad con nuestro hermano que tenemos al lado.
Es muy importante, para vivir nuestro sacerdocio con gozo, reconocer al compañero como igual, y también para proyectar un mejor servicio a la comunidad. Que la comunidad capte que somos hermanos y que vivimos como hermanos, ya es un mensaje incontestable, es una evangelización.
En cambio, que la comunidad nos perciba confrontados, es un contra mensaje evangelizador, es un daño a la comunidad, desautoriza nuestra manera de conducirnos respecto a ella cuando invitamos a los fieles al diálogo, a la unidad familiar y a la armonía.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

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