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Pbro. Carlos Alberto Gómez Rodríguez (Párroco de Villa Corona / Decano de Cocula)

Los días 28, 29 y 30 de enero de 2020 en la casa de oración Nazaret, fuimos convocados los 16 Vicarios Episcopales y los 55 Decanos, que conformamos la Pastoral Territorial de la Arquidiócesis de Guadalajara al curso de inducción 2020-2023.

Dicho curso tiene un objetivo muy claro: “Proporcionar a los vicarios episcopales y decanos los elementos necesarios para desempeñar su labor pastoral como animadores del proceso diocesano de pastoral”.

En un ambiente de cordialidad y fraternidad, con la mirada atenta del pastor, nos dimos a la tarea de conocer suficientemente, el VI Plan Diocesano de Pastoral, para luego con entusiasmo, jalonarlo y llevarlo a buen puerto en “el aquí y en el ahora” de nuestra historia diocesana.

Revitalizar las estructuras

Empezamos por conocer y aplicar el Manual de Funciones:

1.- ¿Qué son y qué hacen los Vicarios Episcopales?

El Vicario Episcopal es, ordinariamente, un sacerdote nombrado por el obispo para una determinada circunscripción de la diócesis o para ciertos asuntos o respecto a los fieles de un mismo rito o par un grupo de personas.  (cfr. C. 476) se trata de una potestad ordinaria, ejecutiva y vicaria.  Sus funciones son:

  1. Es nombrado  como apoyo y ayuda del obispo en el gobierno pastoral de su diócesis para fomentar mejor la acción pastoral (manual de funciones 6).
  2. Está llamado a multiplicar la presencia y cuidados pastorales del obispo (manual de funciones 7).
  3. Tiene una variedad de tareas para lograr animar e impulsar la pastoral.
  4. Estar en comunión pastoral con el obispo y mantenerlo informado, no puede contrariar la voluntad pastoral del obispo expresada en el Plan Diocesano de Pastoral, en este caso el sexto plan.
  5. Fomentar el trabajo pastoral en sinodalidad, coordinando a los decanos en el equipo nato y eclesial.

2.- ¿Qué son y qué hacen los Decanos?

El decano es un sacerdote nombrado por el obispo después de oír, según su prudente juicio a los sacerdotes que ejercen el ministerio en el decanato que se trata y son nombrados por un tiempo determinado, en este caso tres años (c. 553).

Sus funciones son:

  1. Ser animadores del proceso pastoral fomentar y coordinar la acción pastoral común en el decanato (manual de funciones 63).
  2. Promover la fraternidad sacerdotal en el decanato (manual de funciones 64).
  3. Procurar la formación integral y permanente de los agentes de pastoral (manual de funciones 65).

Liderazgo pastoral y fraterno en acción.

Analizada y asimilada la teoría, nos quedó claro que tanto el Vicario Episcopal como el Decano son los principales animadores del proceso de pastoral, a nosotros corresponde dinamizar, con una actitud de alegría, la incrementación e intensificación de la presencia del Reino de Dios y sus valores en nuestras comunidades: justicia, paz y gozo.

Nuestro compromiso es conocer a profundidad el proceso pastoral y los pasos que se han dado, involucrarse en él y participar activamente, asumiendo con valentía la tarea que nos corresponde: liderar con la palabra y el buen ejemplo.

A nosotros, pastores en los albores del siglo XXI, corresponde, con visión trascendente y acción eficiente y bajo la inspiración del Espíritu Santo ser hombres de nuestro tiempo, así lo afirma el axioma histórico: “los hombres  se parecen más a su tiempo que a sus padres”. Hoy corresponde a nosotros discernir los signos de los tiempos, para ello urge ser hombres contemplativos, de oración  profunda, de experiencia de Dios.

Ser pastores con olor a oveja, pero a la vez, visionarios, capaces de renovar las estructuras pastorales, sobre todo las que hoy ya son obsoletas. Ver y caminar siempre hacia adelante, con paso firme, sin miedo, sin prisa y…sin pausa. De mente abierta, pero sin dejarse seducir por los caminos falsos. Hoy, como nunca, el pueblo reclama un líder religioso, que barrunte las dos coordenadas básicas donde se debate toda acción humana, es decir, que responda a su tiempo y transforme su espacio.

En Comunión y Sinodalidad

Un sabio historiador afirmó: “La incomprensión del presente y la falta de proyección hacia el futuro, nacen, fatalmente, de la ignorancia del pasado”.

Los antecedentes pastorales de la Arquidiócesis de Guadalajara son sublimes y nobles, somos herederos del heroísmo de los misioneros como Fray Antonio de Segovia, de nobles pastores humanistas, como Fray Antonio Alcalde, de santos mártires como san Cristóbal Magallanes. Por tanto, la renovación eclesial que hemos iniciado a partir del Concilio Vaticano II, converge hoy con  una metodología participativa, de comunión y sinodalidad. Esto crea espacios de diálogo, será posible escuchar a Dios, escuchándonos con respeto entre nosotros, haciendo así el ejercicio del discernimiento. Es preciso, realizar este adiestramiento a nivel parroquia, decanato, vicaría y Arquidiócesis a través de un instrumento pastoral indispensable: la Asamblea. Será ahí donde se logre escuchar y dialogar con todos, al menos,  por medio del criterio de representatividad.       

Hacia la gran misión de la Misericordia.

Fruto de estas asambleas tenemos un objetivo nítidamente definido:

“Impulsar la Nueva Evangelización, mediante el anuncio del kerigma a todos y la formación permanente e integral, para fortalecer nuestras comunidades eclesiales y así nuestro Pueblo en Cristo tenga vida.

Las líneas comunes de acción están claras, pero debemos dinamizarlas: el encuentro con Cristo, la espiritualidad de comunión, los espacios y procesos de formación integral, la solidaridad y salida a las periferias, el lenguaje comprensible y testimonial, el protagonismo de los laicos.

Las periferias existenciales están definidas: Familia, Jóvenes y Tejido Social en crisis.

El Cause Operativo está a la vista: La gran Misión de la Misericordia. La meta es llegar a ser una Iglesia misericordiosa y actuar con misericordia, especialmente a las periferias existenciales prioritarias promoviendo la vida.

A semejanza del Buen Pastor, todo sacerdote vive del pastoreo, de una fidelidad continua por conocer a las ovejas, al hombre concreto con quien hay que hacer el camino, a quien hay que amar y comprender. Cuando se ha aceptado todo esto, el sacerdote se convierte en un padre que enciende en el corazón emociones y sublimes aspiraciones. Sólo así se tendrá un espíritu disponible y la aceptación de las pesadas responsabilidades y de la entrega a cualquier sacrificio.

@arquimedios_gdl

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Papa Francisco

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