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José Andrés Guzmán Soto

Desde que apareció en China el virus COVID-19 extendiéndose por todos los rincones del planeta como una enfermedad global tremendamente contagiosa y peligrosamente mortal se han escrito miles de textos dando múltiples explicaciones y miles de recomendaciones para paliar la pandemia hasta que pueda producirse una vacuna contra este virus.

Las crisis que nos trajo la pandemia

Ante esta pandemia, que ha causado millones de muertes, dolor y sufrimiento en igual número de familias hemos visto actitudes contradictorias, desde personas que no creen en la realidad de esta enfermedad e irresponsablemente no se cuidan hasta las actitudes paranoicas de miedo y desesperación por posibles contagios.

La realidad de esta pandemia es dolorosa y compleja por todas las implicaciones que ha traído tanto a nivel individual como social, desde la pérdida de un familiar, la pérdida del trabajo por la suspensión de labores en muchas  organizaciones y empresas, hasta el colapso de la economía familiar y social.

Ante esta situación de crisis tanto de salud, como de economía y de convivencia social no podemos cerrar los ojos e ignorar esta realidad; tampoco podemos comportarnos de manera irresponsable no tomando las debidas precauciones para no contagiarnos y no contagiar a los que conviven con nosotros, pues está de por medio la salud y la vida de nosotros y de nuestras familias.

Mucho menos debemos comportarnos como meros espectadores como si esta pandemia fuera un tema de película de ficción.

Todos somos parte de esta realidad crítica por la que estamos pasando y que tenemos que afrontar con valor y responsabilidad porque formamos parte de la familia humana que pasa por una prueba muy dura y duradera, aunque se están haciendo grandes esfuerzos por encontrar una vacuna para superar este letal virus.

Pensar con humildad en nuestra pequeñez

Hoy más que nunca debemos ser conscientes de nuestra propia debilidad  como seres humanos, pues nuestra vida es tan frágil como la rama de un árbol y tan fugaz como una nube pasajera. No debemos de olvidar que somos simples mortales expuestos a enfermedades, dolor y muerte todos los días desde que nacimos hasta nuestra muerte. Definitivamente no somos dioses aunque con nuestras actitudes de soberbia y orgullo demuestren lo contrario.

Debemos de ser humildes ante el don de la vida y no exponernos de manera irresponsable a la enfermedad y a la muerte; pero sobre todo a no exponer a los demás al contagio y a la proliferación de esta terrible enfermedad.

Actuemos con empatía

Seamos solidarios con los que sufren esta situación de dolor, no seamos insensibles al sufrimiento de los demás, sino busquemos la forma de colaborar para paliar este mal que ha llenado de dolor a muchas familias.

Seamos corresponsables en la superación de esta crisis que afecta a todos por igual y de múltiples maneras; y confiemos en que pronto aparezca la vacuna para remediar esta situación.

La oración y la fe en Cristo nos lleve a estar más unidos como hermanos para superar esta enfermedad.

“Lo que no me mata, me fortalece”, Holderlin

@arquimedios_gdl

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