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Pbro. José Marcos Castellón Pérez

El país está harto de la delincuencia y de la injusticia. La mayoría de las personas, no sólo las mujeres, están cansadas de la violencia, de los robos, asesinatos, feminicidios, violaciones, extorciones, secuestros, cobros de piso, en una palabra de la violencia. También la gente está harta de la complicidad de las autoridades, de su abúlica burocracia, de sus constantes atropellos, de su incapacidad de empatía con las víctimas, de los ministerios públicos corruptos, de los jueces maíceados, de leyes absurdas y de discursos mañaneros y vespertinos llenos de palabras vacías y de promesas incumplidas. Todo este hartazgo es la expresión clara de que, por más vueltas que se le dé, el Estado está fallando en su obligación de ofrecer seguridad a sus ciudadanos.

Ante el hartazgo, es comprensible, es más, es plausible el que haya manifestaciones y que la sociedad entera salga a las calles y pueda marchar para que todos podamos ser vistos y escuchados, para que se despierte la consciencia social en todos, tantas veces adormilada por el miedo o la mediocridad. Las manifestaciones multitudinarias pueden lograr grandes cambios en la vida pública del país. Pero toda manifestación que exige los legítimos derechos tiene la obligación de respetar los derechos de los demás.

Grupos extremistas, desgraciadamente, han tomado nuestras calles para hacer destrozos y vandalizar so pretexto de la defensa de sus derechos; si la marcha debe visibilizar a quienes la delincuencia y la ineficiencia han quitado su rostro, ¿Por qué ocultarlo bajo un pañuelo? ¿Por qué agredir a quien no ha sido el victimario ni es culpable? ¿Por qué dañar el patrimonio común de toda la sociedad? Toda defensa de los legítimos derechos debe comenzar por respetarlos. La izquierda marxista, en su análisis de la realidad, busca siempre dividir en dos bandos la sociedad y enfrentarlos violentamente para alcanzar un paraíso, históricamente nunca alcanzado, de igualdad y de fraternidad. La izquierda busca dividir maniqueamente entre ricos y pobres, ahora entre hombres y mujeres, etc. y esa división es para justificar la violencia, la revolución.

Estas marchas extremistas no se deben aplaudir ni se deben permitir, puesto que la violencia engendra más violencia. El dolor frente a las constantes agresiones no puede convertirse en un pretexto para agredir, puesto que ello conduciría irremediablemente a una sociedad más violenta e injusta. Sí, hay que manifestarse y exigir el cumplimiento irrestricto de la ley, hay que exigir el cumplimiento del slogan de campaña del presidente: “Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”. Nuestro país necesita apegarse a la ley, vivir el estado de derecho en donde todos podamos gozar de una seguridad que no se combate solamente desde la fuerza militar o policial, sino sobre todo en la impartición de la justicia, en la eficacia de los ministerios públicos y de los juzgados, de modo que caiga el peso de la ley solamente sobre los culpables. Sí, hay que marchar y manifestarse, pero, como se ha hecho, así no.

@arquimedios_gdl

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