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Lic. Lupita:

Mi esposa y yo tuvimos una crisis matrimonial que acabó en separación. Me dijo que ella debía tener autoestima y que ahora solo le importaba ser feliz ella. Dijo que lo merecía. Creo que es verdad que ella lo merece, pero no nos permitió a nuestros hijos y a mi entrar en sus planes a partir de su decisión. Nos encontramos devastados. Ella ha iniciado una nueva vida, tiene una “pareja” que también dejó a su familia con los mismos argumentos.

Me desconcierta esto de la autoestima.

Rogelio G.

Hermano mío, Rogelio:

La verdadera autoestima no es egoísmo. Existen claras diferencias entre uno y otro concepto:

1.- Quien tiene una sana autoestima, se conoce a si mismo con objetividad y reconoce sus virtudes y cualidades al mismo tiempo que acepta sus limitaciones y defectos.

2.- Las personas con sana autoestima no demandan constante atención, mientras que el egoísta lo hace en forma exagerada, convirtiéndose en necesidad compulsiva.

3.-Tener un aprecio saludable por sí mismo, permite a la persona interesarse por las necesidades propias y las de los demás. El egoísta se concentra en satisfacer sus propias exigencias.

Crecer en la vida es un caminar del egoísmo al altruismo.  Cuando somos pequeños dependemos totalmente de otros para sobrevivir. En cierto modo somos egoístas, pues en verdad  los demás se encargan de nosotros en todos sentidos y deben satisfacer nuestras necesidades. Conforme vamos creciendo nos vamos haciendo independientes e interdependientes. Vamos desarrollando habilidades que nos permiten servir y ayudar a los demás.

El egoísmo se instala cuando no desarrollamos empatía. Nos quedamos en la primera fase deseando que los demás llenen nuestras necesidades sin madurar emocionalmente al mismo tiempo que lo hace nuestro cuerpo.

Nuestro cuerpo crece, pero nuestra mente y corazón se quedan pequeños. Nos conservamos como niños o adolescentes que quieren seguir siendo el centro de atención.   

Desafortunadamente quien toma decisiones egoístas acaba convirtiéndose en quien no quería ser, y llegando a un lugar al que no quería llegar.

Sólo Dios sana esta enfermedad del alma, sólo Él colma a cada ser humano de amor y de capacidad para amar. Es por eso necesario orar con fe por quienes son engañados cuando buscan la felicidad.

El egoísmo les dicta: eres tú primero, basta de pensar en los demás.  El amor propio por el contrario dice: Dios es primero, ¡Ámalo en los demás!

Lupita Venegas/Psicóloga

Facebook: lupitavenegasoficial

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