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PBRO. ADRIÁN RAMOS RUELAS

La Iglesia en este día proclama a Jesucristo como Rey del Universo. Él es el Pastor y Rey de la humanidad que conduce a su rebaño hacia fuentes tranquilas, mostrando especial solicitud por aquellas ovejas heridas y extraviadas.
Esta Solemnidad de Cristo Rey tiene un significado muy especial para el pueblo mexicano. El Papa Pío XI, al finalizar el Año santo de 1925, proclamó esta fiesta para la Iglesia Universal. Pocos meses después, iniciaría en estas tierras la persecución contra la fe católica, y bajo el grito de ¡Viva Cristo Rey! morirían muchos hijos de la Iglesia, reconocidos como mártires.

Los mártires son los testigos privilegiados de la realeza de Cristo. En ellos había una conciencia clara de que el reinado de amor de Cristo debía ser instaurado, aun a costa de su propia vida. Igualmente, la fe de los mártires es una fe probada, como atestigua la sangre que por ella han derramado (San Agustín, Sermón 329).

En el Estadio Jalisco, el 20 de noviembre de 2005, además de los mártires, originarios de este bendecido Estado, fueron beatificados algunos otros testigos del amor de Dios.

Tres sacerdotes, que murieron por desempeñar heroicamente su ministerio sacerdotal y misional, como fue el caso del misionero claretiano español, Andrés Solá Molist, c.m.f., quien murió, después de una larga y penosa agonía, junto con el padre José Trinidad Rangel y el laico Leonardo Pérez Larios, en las tierras del Estado de Guanajuato.
De igual manera y en circunstancias similares, el sacerdote veracruzano, Ángel Darío Acosta, quien no escatimó sus mejores esfuerzos para ejercer su ministerio sacerdotal en un clima adverso y de persecución, y recibió el martirio.

Por su valentía y corta edad, merece una especial mención el adolescente José Sánchez del Río, ya canonizado, originario de Sahuayo, Michoacán, quien a la edad de 14 años, supo dar un testimonio valeroso de Jesucristo. Fue un ejemplar hijo de familia, que se distinguió por su obediencia, piedad y espíritu de servicio. Desde los comienzos de la persecución en él se despertó el deseo de ser mártir de Cristo.
Era tal su convicción de querer derramar su sangre por Cristo, que admiraba a quienes lo conocían. Es muy famosa su frase: “¡Nunca había sido tan fácil ganar el cielo como hoy!”.

¿QUÉ PODEMOS APRENDER DE ELLOS?

1

Su gran amor a Jesucristo Rey del Universo.

2

El desempeño de una vida sencilla, ordinaria, pero marcada por la fe.

3

Su amor a la Iglesia y al apostolado.

@arquimedios_gdl

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