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LAURA CASTRO GOLARTE

El tema de la columna pasada fue sobre la desigualdad y la pobreza que hemos heredado desde tiempos inmemoriales en México y, en ese orden de ideas, cómo después de décadas se ha logrado un incremento rápido y notable en los ingresos de las familias mexicanas, gracias a los datos consignados por el INEGI en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2022 (ENIGH).
El dato no es para nada menor porque de los diez grupos en que estamos divididos los mexicanos, con base en nuestros ingresos, sólo el de ingresos más altos registró una reducción y, en realidad, mínima en comparación con sus ingresos tradicionales; la lectura es simple: hay dinero. Y si hay dinero, hay un mercado interno activo, hay satisfacción de necesidades y hay trabajo.
Estos datos de la ENIGH son congruentes con los que dio a conocer a principios de año el Banco Mundial: la caída histórica en el desempleo en México. En muy poco tiempo la tasa pasó de 3.3 % en 2018, es decir, en el arranque del sexenio; a 4.5 % en 2020, el año de la pandemia; para 2021 bajó a 4.1 % y para 2022 regresó al 3.3 % que presentaba cuatro años atrás. Una evolución como esa para regresar a las condiciones anteriores, en menos de cuatro años, no es fácil ni sencillo, ni cosa de todos los días. La tasa menor similar se había registrado en 1991 cuando fue de 3.1 por ciento.

Son buenas noticias que se haya caído el desempleo en México y también que los ingresos de las familias que menos tienen en nuestro país los hayan incrementado de manera notable; y, por supuesto, debo agregar aquí lo que ya adelantaba en la columna pasada y se confirmó: el número de mexicanos en pobreza y pobreza extrema se redujo como no se había sabido que sucediera en México nunca antes. Es un hecho que incluso están reconociendo en otros países, particularmente porque la recuperación de la economía mexicana, después de la crisis que marcó la pandemia de covid-19, fue y ha sido en tiempo récord.

Hay analistas que atribuyen estos resultados a varios factores, a todos realmente, un combo. Primero, la reforma laboral que desde el inicio del sexenio ha repercutido en mejores condiciones de trabajo, es decir, trabajos menos precarios (léase combate a las outsourcing), empleos más estables, más seguros y con mayores ingresos. El salario mínimo ha aumentado alrededor de 90 % entre 2018 y 2022 y no ha repercutido en la inflación.

El segundo factor es la política social que, lejos de ser paternalista o sobreprotectora, está reconociendo en su justa dimensión, por un lado, el trabajo de los adultos mayores; y, por otro, el dinero que también ingresa a la economía por el programa “Jóvenes construyendo el futuro” del que, por cierto, no he escuchado quejas del empresariado, los jóvenes aprenden un oficio y a los empresarios no les falta personal, hay producción y dinamismo económico.
Este dinero ha dinamizado el mercado interno.
Y el tercero es que gran parte del presupuesto federal para obras se está concentrando en los estados de la República mexicana que presentaban una pobreza casi endémica.

Cinco millones de personas que salieron de la pobreza y de la pobreza extrema en nuestro país no pueden ser sino buenas noticias. Estas acciones han marcado una diferencia con respecto a la realidad que hemos vivido en México desde el último tercio del siglo pasado.
Y, por supuesto, como nada es perfecto, está lo que el mismo Esquivel llama un “área de oportunidad”: el acceso a los servicios de salud, un asunto que sin duda está pendiente para que sea universal y de calidad como se pretende. Con todo y eso que es básico y se puede contrastar con los datos de enfermedad y muerte en México para tener una visión más cercana a la realidad, la reducción en el número de personas en pobreza y pobreza extrema en nuestro país es histórica. Ojalá sea tendencia y entonces sí, dentro de algunos años podamos decir que avanzamos hacia estadios superiores de desarrollo.

El deseo aquí es que los cambios sean sólidos, que se mantengan y que más mexicanos salgan de los deciles más bajos de cualquiera de los tipos de pobreza.

@arquimedios_gdl

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