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Víctor Ulín

Esta vez la activista y madre de familia Ceci Flores no estuvo sola en las puertas de Palacio Nacional buscando al presidente Andrés Manuel López Obrador. Esta vez la acompañaron miles de madres buscadoras de todo el país que tomaron el 10 de mayo simbólicamente el Zócalo de la Ciudad de México  para solicitarle una vez más un encuentro.

“Buscamos al Presidente”, escribió una de las madres en la cartulina que ondeaba en la manifestación mientras demandaba la aparición de su hijo y el de todas.

Desde aquí en Guadalajara también las madres buscadoras caminaron por las calles principales y protestaron frente a Casa Jalisco para exigir la atención que el gobierno estatal y federal les han escamoteado para encontrar a sus familiares. Volvieron igual a dejar su dolor peregrino en el Monumento de los Desaparecidos de Jalisco.

Todas son madres o esposas que no se cansan nunca de buscar a sus hijos o esposos que un día ya no volvieron a casa y desde entonces salieron a buscarlos por la ciudad y el país.

En la caminata de las madres buscadoras de Guadalajara hubo -hay- gritos desesperados  que salen de las gargantas ahogadas de lágrimas que no soportan más las ausencias de casi 15 mil personas desaparecidas en esta ciudad, hombres y mujeres, esposos,  hijos e hijas.

Mientras el Presidente festejaba con mariachi y bailes folklóricos a las madres desde Palacio Nacional en el espacio de sus conferencias mañaneras, en el Zócalo y en calles de Guadalajara y otras ciudades del país había llanto, coraje e impotencia porque parece que nadie las escucha, que no hay solidaridad, sororidad. “Ojalá ninguna madre viva lo que estamos viviendo”, dijo una de las manifestantes que solicitó el apoyo de todas las que hoy pueden todavía abrazar y celebrar con sus seres queridos.

No hay que dejarlas solas. Insistiremos cada que sea necesario. Tenemos que seguir compartiendo en las redes sociales las fotos de sus seres queridos y  acompañarlas en sus gritos o caminando a su lado en las manifestaciones públicas.

No debemos esperar a mañana que nuestros hijos o esposos no lleguen a casa y tengamos que vivir en carne propia el inicio de una pesadilla y un dolor que no se acaba siquiera encontrando los restos.

La lucha de las madres buscadoras aquí en Jalisco y en todas partes es titánica. Quijotesca. Valiente.

Una pala y un pico han sido sus armas para enfrentar la indolencia e indiferencia de un gobierno empeñado en desaparecer también a los desaparecidos y en taparse los oídos para no escuchar los llamados de miles de mujeres incansables. Verdaderas guerreras que demuestran una vez más que una madre nunca olvida. Los desaparecidos no se olvidan.

Es casi seguro que en su batalla no encuentren ni tampoco se les sume el Presidente. Mucho menos ahora en pleno proceso electoral. Pero tampoco cuando pase el día de la elección del 2 de junio.  

La lucha entonces seguirá en las calles, en las plazas, donde sea posible, hasta que las puertas de Palacio Nacional y el corazón de la próxima Presidenta se abran.

@arquimedios_gdl

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