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Pbro. Elías Parada Andalón

La crisis vocacional es una crisis sacerdotal, sin más. En no pocos casos, los Sacerdotes no vivimos nuestro “ser promotores” desde nuestra identidad ministerial, que nos ha puesto como animadores vocacionales por el simple hecho de haber recibido la Ordenación. Yo no puedo dejar de ser Sacerdote y, por ende, no debo renunciar a mi vocación de “llamar a otros”. Si el Sacerdote no se la cree que está destinado a “llamar” por el simple hecho de tener el sacramento del Orden, ¿cómo va a pedirle a un joven que deje su carrera y “haga la voluntad de Dios”?
En esos términos habló, como firme advertencia, el Arzobispo de Xalapa, Jorge Carlos Patrón Wong, ante unos 90 clérigos promotores vocacionales representantes de numerosas Diócesis del país, reunidos del 25 al 29 de septiembre reciente en Reynosa, Tamaulipas, y enfatizó: “A mayor calidad de la
vida de los Sacerdotes, habrá una mayor calidad también de seminaristas.
Los muchachos captan de inmediato nuestro nivel de integración y se motivan o desmotivan por nuestras congruencias o incongruencias. Entran o no entran al Seminario, observando nuestra vida y testimonio personal como Sacerdotes”.
Poco antes de asumir la Sede Metropolitana de Xalapa, Monseñor Patrón Wong se desempeñó por varios años en la Curia Vaticana como Secretario para Seminarios, dependiente de la Congregación Pontificia del Clero. En el Encuentro efectuado en Reynosa, como ponente principal de los temas tratados, lamentó que “la Pastoral Vocacional suele ser deficientemente atendida en las Diócesis, a pesar de que, al menos en teoría, debe ser sumamente importante en una comunidad como acción prioritaria”.

Hizo notar que un Sacerdote promotor vocacional puede incidir en cualquier estructura eclesial, en cualquier movimiento, sección o dimensión pastoral, porque todo tiene relación con la vocación sacerdotal. Por otra parte, nada hay en la Iglesia que no implique vocaciones específicas. Se trata de una efectiva transversalidad en las pastorales y de relación o vinculación con la totalidad de las dimensiones. Es así que los cursos, talleres o diplomados pastorales deberían llevar la impronta vocacional.

DAR FRUTO NO ES LO MISMO QUE SER EXITOSO
No se trata de “meter muchos jóvenes al Seminario”, sino de “acompañar” con cercanía a los que van entrando. No importa que ingresen poquitos al internado. En las cosas de Dios no sólo son importantes las cantidades, los números y estadísticas, sino la calidad de los candidatos a este don inmerecido y otorgado por Dios. ¡Sí hay vocaciones! Más bien, los jóvenes no descubren el llamado por vivir distraídos en otras cosas. ¡Claro que las hay! Toda persona tiene una vocación. Lo que pasa es que los promotores no descubrimos y no acompañamos a los jóvenes hoy en día.

Por otra parte, la Pastoral Vocacional debe dar frutos, y no necesariamente supeditados a saldos, metas o éxitos.

El Señor nos envía para dar frutos, aunque teniendo cuidado de que nuestras frustraciones humanas en cuanto a magros resultados no nos desanimen…, pues los frutos pocas veces se ven, pero dejan una huella en el corazón y en lo profundo de las personas.


Tales consideraciones son una síntesis de la rica exposición del prelado metropolitano de Xalapa, quien también estuvo acompañado del Obispo anfitrión de Matamoros, Eugenio Lira Rugarcía. Además, se aprovechó la oportunidad de conversar y alternar con los Presbíteros promotores de tan distintos lugares y realidades de la República.

@arquimedios_gdl

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