upc4

En la propuesta que venimos haciendo, respecto a los hilos que debemos tejer para construir la paz, se hace presente uno de los temas más controvertidos, que es la necesidad urgente de revisar la estrategia
de seguridad que se mantiene desde el ámbito federal hasta los municipios, pasando por los Estados,
porque los hechos confirman que la estrategia de “abrazos y no balazos” no ha funcionado, porque han crecido, de manera alarmante, las acciones violentas y los casos de asesinados, desaparecidos y desplazados.
Esto lo han repetido diversos actores sociales, así como integrantes de diferentes denominaciones religiosas que se han visto afectadas por acciones criminales, y no solo en sus bienes materiales,
sino en lo más preciado que podemos tener: la vida misma. Solo una denominación religiosa ha apoyado la frágil estrategia de seguridad del Gobierno Federal, denominación que ha refrendado su servilismo al Ejecutivo.
De aquí el reclamo, cada vez más fuerte, de que la seguridad pública tiene que estar en manos civiles, y no en los militares, que tienen su propia configuración y finalidad específica.
Sin embargo, las últimas decisiones del poder legislativo han apoyado más bien la militarización del país, y no alcanzamos a medir las consecuencias de esta postura de las cámaras, dominadas por el partido gobernante.

No habremos de esperar algún cambio sustancial al respecto, mientras que los datos del informe presidencial sean unos –halagüeños, de colores–, y la realidad sea otra.

Otro hilo que debemos tejer en la construcción de la justicia y la reconciliación nacional es la tarea de impulsar el desarrollo integral. Este gran tema es clave para la paz, puesto que hay factores económicos de las violencias que tienen que ser sometidos al control de las leyes y de los gobiernos.
Es evidente que el modelo económico neoliberal tiene una presencia globalizada y constituye un factor
sistémico de las violencias que sufrimos.
Dicho modelo no prescribe por decreto, y hay que ponerle candados a sus mecanismos de acumulación de bienes para redistribuir los beneficios a la sociedad de manera justa, donde – por ejemplo– el campesino tenga una tierra para sembrar, el obrero tenga un empleo seguro y un salario justo, y las familias un hogar para vivir con dignidad, pero no a base de dádivas a medias, a cuentagotas, en donde los destinatarios sí reciben ‘algo’, pero que no es, ni de lejos, una situación que vaya erradicando la pobreza.

A los gobiernos dadivosos –lo cual no quiere decir que sean justos y honestos– les conviene tener siempre pobres (el grueso de la población) que estén agradeciéndoles sus favores. Necesitan a los pobres para que les llenen luego las urnas. Esto no es desarrollo integral.

Una tarea necesaria es promover la economía desde abajo, una economía social que aliente los procesos productivos solidarios. También se requieren medidas certeras que protejan el medio ambiente y los recursos naturales, y compartir nuestros talentos personales y saberes comunitarios que son muchos,
pero que hemos olvidado.
Transitar de la dispersión egoísta al bien común es tarea indispensable en la construcción de la paz y principio rector en nuestra vida como sociedad.

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.