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Nicolle Alcaraz

Bienestar y desarrollo e incluso mediadores en el proceso de paz, es el papel que ha realizado Cáritas Colombia, con la firme tarea de regresar la confianza a la población.

El temor y la violencia es un factor de desconfianza entre la población colombiana que ha sido marcada por la guerrilla en los últimos sesenta años. La pobreza y  la violencia, ha llevado a miles de colombianos a huir de su país, por lo que la participación de Cáritas ha destacado como mediador.

Rosa Inés Floriano Carrera, trabaja como Animadora del Área de Desarrollo Institucional para Cáritas Colombia. Dicha confederación, perteneciente a la Iglesia Católica, agrupa a más de 160 miembros internacionales que se dedican a procurar la asistencia, el desarrollo y bienestar social de las poblaciones más pobres y/o excluidas.

Floriano, ha sido responsable de diferentes procesos de paz en su país, para garantizar la justicia y protección de las víctimas de violencia y, también, de la población en general.

Si bien, desde hace 30 años, Colombia privilegió el trabajo por la paz, debido a que su nación se encontraba en una situación sumamente delicada, con el pasar de los años, tanto el Estado, como la Iglesia y, en general, miembros de la sociedad civil, han trabajado en conjunto para ejecutar cambios que permeen en todos los niveles.

Principales causas

El problema de la violencia, comenta Rosa Inés Floriano, es que está cimentada en la desconfianza y a la larga, se vuelve un patrón de funcionamiento. Por lo que reacciones como la agresión, la venganza y la crueldad se normalizan como alternativas legítimas para resolver las situaciones que afligen a los individuos.

Sobre todo, porque se dejan de concebir a otras opciones como vías realmente eficaces.  Desgraciadamente, a la larga, esto termina por romper y descomponer el tejido social.

Ejemplo de ello es Colombia, donde en un momento de su historia logró convertirse en el segundo lugar mundial, justo por debajo de Siria, en desplazamiento de personas. Llegando a orillar a 10 millones de individuos a movilizarse rumbo a zonas que pudieran asegurar su bienestar y seguridad.

La tarea es regresar la confianza

Es así que la división de Cáritas de esa región sudamericana,  emprendió un plan enfocado en tres diferentes niveles para poder corregir la situación que se había gestado.

En primer lugar: sobre la base de la pirámide, se trata de emprender acciones en favor de las víctimas directas de la violencia, para “volverlos a hacer confiar y tener fe”, además de “Incluir también a los ex combatientes”, quienes guiados por el deseo de venganza, tomaron las armas para tratar de defenderse de esos contextos tan desoladores, pero que, eventualmente decidieron dejar de luchar esa guerra que solo perpetuaba el problema.

En un nivel intermedio,  se trabaja con la sociedad civil, en concreto con los empresarios y diferentes instituciones educativas. En el caso de los primeros, se busca que provean de oportunidades y trabajo a aquellas personas que se vieron afectadas. Ya sea porque fueron blancos de estas crisis, o porque estuvieron participando como guerrilleros, por lo que no cuentan ni con los recursos, y quizás la experiencia, para encontrar empleo por su cuenta. Por lo que buscan espacios para poder reinsertarlos en la vida comunitaria.

Buscan cultura de la paz

En lo que respecta al ámbito académico, se busca emplear las aulas para ayudar a educar a la población en temas de cultura para  la paz, con el fin de que las generaciones presentes y futuras practiquen estos conocimientos y vivan de manera armoniosa la cotidianidad. Además de crear profesionistas que continúen compartiendo estas ideas.

Finalmente, en la punta, se trata de influir en la agenda pública, al colocar a estos temas como una prioridad a trabajar dentro de le la política nacional. Y también, a través del trabajo con los medios de comunicación pública, para dar a conocer a nivel global los estragos de estas formas de vida para fomentar el sentido de urgencia en lo que respecta a su resolución.

Además, en este nivel, también importante asegurarse de que los gobiernos “salvaguarden la integridad de las víctimas y, en caso de que no suceda así, ofrezcan garantías de no repetición, además de derecho a la verdad”, menciona la integrante de Cáritas.

Si bien la Iglesia ha procurado la implementación de medidas en estos tres ámbitos, que conforman a un sistema completamente integrado, esta institución por sí sola no posee la capacidad de resolver la problemática por su cuenta. Incluso el Papa, ha hecho llamados a la paz para el pueblo colombiano.

México replica programas de pacificación

Los programas para la pacificación utilizados por Cáritas Colombia, también se han replicados  en México, específicamente en el estado de Guerrero, para controlar la crisis de inseguridad que se vive en el Puerto de Acapulco.

Este intercambio de ayuda y conocimientos fue propiciado por Mons. Carlos Garfias Merlos, quien en el 2010, era Arzobispo de Acapulco, quien impulsó la creación de herramientas como los Centros de Escucha para mujeres víctimas de violencia, mismos a los que se les unieron varias universidades, Escuelas de Perdón y Reconciliación; además de diferentes diplomados para sensibilizar a la población respecto a este fenómeno.

Adicionalmente, en Michoacán; Chihuahua e inclusive Nuevo Laredo, también comenzaron a surgir iniciativas similares, sin embargo menciona la experta, casi todo se trató de experiencias puntuales, en lugar de tratarse de todo un esfuerzo coordinado.

En el 2010, la Conferencia del Episcopado Mexicano dio a conocer el documento: En Cristo Nuestra Paz México Tenga Vida Digna, el cual se trataba de “una exhortación pastoral (…) sobre la misión de la Iglesia en la construcción de la paz, para la vida digna del pueblo de México”,

En el país, la tasa de homicidios ha ido en aumento desde el 2014, registrando 36 mil 579 en el 2020,  (INEGI) y  aún faltan esfuerzos para combatir el problema que se da en toda la nación.

Acercamientos en Jalisco

Rosa Inés Floriano Carrera, animadora del Área de Desarrollo Institucional para Cáritas Colombia, explicó que en el caso de Jalisco ha habido esfuerzos puntuales por parte de ciertas Parroquias que buscan implementar talleres o impartir charlas para fomentar la cultura de la paz.

Cada parroquia, desde su trinchera, hace su trabajo para fomentar la paz entre los feligreses de su comunidad.

Floriano, agregó que el nombramiento de Mons. Engelberto Polino Sánchez, Obispo auxiliar de Guadalajara, como Presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social, puede representar una oportunidad para el reconocimiento de estas necesidades y su posterior trabajo a través de la Arquidiócesis.

La paz a largo plazo

La paz es una artesanía en la que participamos todos. Aunque hay trabajo por hacer, Inés Floriano, comenta que: “Acá hay que ir poco a poco, sobre todo cuando una situación esta tan degradada (…) nos sentimos protegidos no involucrándonos (…) pero en la medida en que vamos sintiendo la necesidad, es importante que la Iglesia sepa que hay alternativas y experiencias para apoyarse (…) [al final de cuentas] la paz es una artesanía que hay que construir entre todos”.

Insistió en que “Tampoco hay que esperar a que lo resuelva un gobierno en turno o la Iglesia por si sola,  es algo que nos tenemos que apropiar antes de que se expanda, para cambiar el curso de la historia. Y hay que hacerlo con una visión a largo plazo para lograr la paz”.

@arquimedios_gdl

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