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Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…
 
XIX DOMINGO T.O.
Ciclo A, 9 de Agosto de 2020.

“DIOS NOS INVITA A DESCUBRIRLO

EN MEDIO DE NUESTRAS CRISIS”

(¿Cómo busco y dónde encuentro a Dios?)

Nota litúrgica: Estas líneas podrían ser meditadas con antelación por quien guiará la celebración y pueden inspirar sus comentarios e intervenciones durante la misma.

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

Como Elías y como los discípulos necesitamos reconocer al Señor para animarnos a seguir nuestra misión en esta vida… ¿Somos capaces de encontrar al Señor en el caos de nuestras dudas, nuestra confusión y nuestra fe vacilante? ¿Podemos encontrarlo en medio de los peligros que nos amenazan individualmente y como iglesia? Él está aquí en las tormentas y dificultades del pequeño mundo de nuestro propio corazón; y también en el ancho mundo, dividido y amenazante, en donde es difícil reconocerlo…

Si realmente encontramos al Señor en la fe, en la amistad y en el amor, entonces Él nos concede la entereza para, aunque el viento huracanado siga soplando, poder seguir adelante con sus encargos…

Aprendamos que Dios no es controlable y que va más allá de lo que pensamos de Él, sigamos confiando en Él, sigamos creyéndole pues Él está aquí…

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: Escucharé la voz del Señor, porque habla de paz.

Su ayuda está cerca para los que le aman sus palabras.

Que el Señor, con su amor y salvación, esté siempre con ustedes.

Todos: Y con tu Espíritu.

GUIA: Cuando nos hundimos en el pecado, podemos gritar como Pedro: “Señor, sálvanos que perecemos”.  Pidamos al Señor que nos extienda su mano salvadora.  (Pausa)

•     Señor Jesús, Tú nos corriges con cariño: “Gente de poca fe, ¿por qué dudan?”

TODOS: Señor, ten piedad.

•     Cristo Jesús, cuando estamos muertos de miedo, tú nos dices: “Ánimo, ¡soy yo! ¡No teman!”

TODOS: Cristo, ten piedad.

•     Señor Jesús, te pedimos confiadamente: Si realmente eres Tú, mándanos ir a ti caminando sobre las olas para seguirte hasta el fin.  TODOS: Señor, ten piedad.

Ten piedad de nosotros, Señor, calma en nosotros, con tu gracia, las tormentas causadas por el pecado; danos tu paz, y llévanos a las alegrías de la vida eterna. 

TODOS: Amén.

GUIA: Dios y Padre nuestro,

creemos en ti y en tu amor sin condiciones por nosotros.

Pero Tú sabes que nuestra fe es probada por dudas, incertidumbres y temores.

Te pedimos que nos ayudes a creer firmemente que tu Hijo Jesús está con nosotros para reavivar nuestro entusiasmo y fortaleza

para cumplir nuestra misión, y también para confirmar en su fe y en su esperanza a nuestros hermanos que lo necesiten.

Te lo pedimos a ti, con tu Hijo y el Espíritu, vive y reinas por los siglos de los siglos. 

TODOS: AMÉN.

Se ofrece un resumen de las lecturas para ayudar a quien guía y a quienes leerán a subrayar la parte primordial que ayude a descubrir su mensaje unitario. Pero, las lecturas han de leerse íntegramente durante la celebración.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

1 Reyes 19, 9. 11-13: Dios le pide a Elías que esté atento porque Él va a pasar… Viene un viento huracanado, un terremoto y un fuego, pero Dios no estaba ahí… Finalmente llegó una brisa suave y Dios sí estaba ahí…

Salmo  84: Dios quiere que vivamos en paz, que sintamos próxima su salvación, que le seamos fieles y que demos frutos

Romanos 9, 1-5: Pablo sufre al comprobar que sus hermanos de raza que fueron adoptados como hijos de Dios, que tienen su presencia, la alianza, la ley el culto y las promesas, no lo reconocen ni le corresponden…

Mateo 14, 22-33: (Después de la multiplicación de los panes) Jesús apresura a sus discípulos par que se adelanten en barco a la otra orilla del lago, despide a las multitudes y se queda solo para orar toda la noche…De madrugada, camina sobre las aguas y se acerca a sus discípulos que están pasando dificultades con el viento contrario, ellos se asustan confundiéndolo con un fantasma, pero Él los tranquiliza: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”… Pedro quiere caminar con Él sobre las aguas, pero tiene miedo y se hunde mientras grita: “Sálvame, Señor” Jesús lo levanta y le recrimina su poca fe… Todos reconocen que es el “Hijo de Dios”.

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

Audio: Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

[El relato que nos presenta hoy el evangelio es muy parecido a los de las apariciones de Jesús después de su resurrección.  Y tal vez lo sea.  Lo narran, además de Mateo, también Marcos y Juan.  Los tres lo sitúan inmediatamente después de la multiplicación de los panes, presentan a Jesús subiendo a la montaña para orar, luego, caminando sobre el agua, señalan el miedo de los discípulos (Mateo y Marcos dicen que hasta gritaron), Jesús les da el mismo mensaje: “Soy yo, no tengan miedo” y, como resultado de la presencia de Jesús, llega la calma.  El episodio de Pedro es propio del relato de hoy.  En Marcos y Mateo, es Jesús quien manda a los discípulos embarcarse y marchar a la otra orilla. En cambio, en Juan, la iniciativa es de los discípulos y deja entender que lo hacen despechados porque Jesús no quiso aceptar la propuesta de la gente, que pretendía  proclamarlo rey.  Esperamos que con estos datos nos sea más fácil comprender el mensaje de hoy.]

Elías y los discípulos, especialmente Pedro, se encuentran en crisis y es necesario que descubran el verdadero rostro de Dios más allá de algunas máscaras e ilusiones:

•     Elías se creía que era un triunfador y el único fiel después de derrotar y matar a los sacerdotes de Baal, pero, cuando la reina Jezabel lo quería matar tuvo miedo, huyó, quería dejarse morir, perdió el sentido de su vida y de su vocación… Por eso, tiene que aprender que Dios no está en el poder ni en lo llamativo, sino en el silencio y la calma donde hay que estar atento para que no pase desapercibido… En este proceso, Dios lo alimentó, lo cuidó, lo guio, le enseñó a descubrirlo más íntimamente, lo hizo poner los pies en la tierra y le da nuevas tareas… Profundizó su vida espiritual y su vocación se volvió más auténtica…

•     Los discípulos deben aprender que el verdadero Dios no se manifiesta en el momento de la fama y que el Reino no se dará, beneficiándolos a ellos, por la aclamación de los que quieren proclamar rey a su líder… 

El evangelio de hoy comienza constándonos cómo Nuestro amigo Jesús apremió a sus discípulos que se adelantaran rumbo a la otra orilla, luego, despidió a las personas que habían estado todo el día con Él, enseguida subió al monte para orar solo toda la noche… La multitud permanece en la horizontal búsqueda de soluciones a problemas inmediatos como la salud y el sustento; Jesús, rompiendo la inercia del activismo, sube para encontrarse con su Padre-Dios y reafirmar su ser y su quehacer; los discípulos, que querían usar los poderes de Jesús para mejorar su posición económica y social, bajan a la obscuridad, al miedo, casi son víctimas de las fuerzas destructivas del mal, de la poca fe y de la duda… Es en esa situación que los busca Jesús-Dios para levantarlos… Y yo, ¿me quedo igual, bajo o subo?

Es fácil entender que la barca en la que iban los discípulos representa a la iglesia y que las olas que amenazaban con hundirla son las dificultades que estaba teniendo… Sin duda, en las primeras comunidades cristianas, como ahora, habría problemas, especialmente cuando no eran conscientes de la presencia de Jesús, cuando les parecía sólo un fantasma en el horizonte.  Entonces, unos a otros se contagiaban el miedo y el desánimo…  Por eso, en el evangelio, Jesús quiere tranquilizarlos pero ellos escuchan más al viento y a las olas… Jesús camina sobre las olas encrespadas para demostrarles que es Dios y que domina el mal… Y Pedro quiere caminar hacia Jesús por sobre los problemas, no es fácil, pero Jesús está dispuesto a salvarlo… La crisis, una vez solucionada, es una oportunidad para descubrir y confesar la divinidad de Jesús… ¿En qué situaciones invoco la ayuda salvadora de Dios? ¿Qué puedo hacer para que Jesús deje de ser un fantasma y se convierta en un ser real a mi lado?

Sabemos que la fe no es fruto de demostraciones empíricas o científicas y que tampoco es fruto de manifestaciones espectaculares; se da cuando aprendemos a esperar (como Elías) y a confiar (como Pedro)… Descubrimos a Dios si confiamos en Él… la fe en Dios brota de una relación de amor con Él; como cualquier otra relación de amor entre las personas…  Y desde la fe purificada podemos comprender nuestra vida y misión desde el punto de vista de Dios y no sólo desde nuestra pobre perspectiva…  El confía en nosotros más de lo que lo hacemos nosotros mismos…

¿Me doy cuenta que para cumplir la misión que Dios me ha dado no necesito tener a mi disposición sus poderes, sino más bien renunciar a mis seguridades y dejar de intentar manipularlo? ¿Soy consciente de que no puedo encerar a Dios en conceptos pues Él no se limita a lo que yo pueda pensar de Él?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA LA SEMANA:

1.    Cómo y dónde quiero descubrir la presencia transformadora de Dios en mi vida…

¿Dios se me manifiesta en los lugares y en las formas en que yo quiero o le doy tiempo y espacio para que Él lo haga como guste?

¿Encuentro a Dios en los acontecimientos de mi vida cotidiana, en mi convivencia familiar y entre la gente con la que trabajo?

¿Encuentro a Dios en la forma sencilla en que un amigo me escucha y aconseja?

¿Encuentro a Dios en la oración reposada en una iglesia solitaria?

¿Encuentro a Dios en medio de la naturaleza?

¿Encuentro a Dios cuando soy sincero conmigo mismo?

¿”Dios” es algo abstracto o alguien concreto en mi vida?

Cómo puedo descubrir, junto con otros, el verdadero rostro de Dios…

Ciertamente en el mundo hay mucha violencia, confusión y caos, pero también existen personas que son conscientes de la presencia de Dios en sus vidas y que lo manifiestan. ¿Qué aprendo de ellas?

¿Qué puedo hacer yo para que otros descubran que Dios actúa en sus vidas a pesar de los pesares y a través de los retos que se les presenten? ¿Cómo le hacen las personas que descubren y sirven a Dios en medio del sufrimiento y la suciedad?

Escribe en un papelito y guarda en tu cartera la siguiente frase: “Señor, que tu discreta presencia me transforme para seguir haciendo el bien”.

2.    Durante esta semana, en tu oración de cada día, ve descubriendo las veces que el viento te sea contrario, las olas sean inmensas, las cosas no salgan bien, haya obscuridad y sientas que Jesús no está o lo percibes borroso como un “fantasma”… Escúchalo, en medio de la brisa suave, susurrarte: “Ánimo, soy yo, no tengas miedo”…

Encontrarás a Dios donde menos lo esperes: en medio de las dificultades, en medio del caos, aunque al principio te cueste reconocerlo…

Normalmente no desplegará su poder ni se manifestará de forma portentosamente… No estará en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego que destruyan tus problemas… Será apenas un murmullo… Reconócelo… Acéptalo… Ámalo…

Habla con Él… Pídele que te ayude a destruir el ídolo poderoso y manipulable que te has formado en su lugar… Pídele que te ayude a nunca más sentirte a gusto con ese “dios” fabricados a tu medida y que puedas confiar en perder tus seguridades, pues sabes que sólo así podrás caminar por la cresta de las olas con Él…

Renuncia a ese “dios” que puede emplear su omnipotencia en tu favor…

Es en la adversidad que puedes descubrir al verdadero Dios y decirle como Job: “Yo te conocía sólo de oídas; ahora te han visto mis ojos”…

A Elías y a Pedro les pasó que cuando todo iba viento en popa, se alejaban del verdadero Dios… En cambio, cuando venían las persecuciones, se purificaba su fe y crecía su fidelidad al verdadero Dios… A Israel y a le Iglesia también les pasa… ¿A ti no? ¿Puedes confiar “siempre” en Dios?

(…) y ve escribiendo tus hallazgos.

GUIA: Unidos como hermanos, profesamos nuestra fe… Creo en un solo Dios…

Nota litúrgica: El guía hace la oración inicial y final y las peticiones las van presentando los participantes.

GUIA: Oremos con profunda fe a nuestro Dios, que está siempre dispuesto a escuchar a su pueblo.  Digámosle confiadamente:

TODOS: Señor, que veamos y experimentemos tu bondad.

1.    Señor, que no estás en el rayo y en el trueno de la ira y la venganza, escucha el grito de tu Iglesia que te pide salvación, dondequiera que esté perseguida y privada de libertad.

TODOS: Señor, que veamos y experimentemos tu bondad.

2.    Señor, que no estás en el tornado de quieren destruir a sus enemigos, transforma sus duros corazones y sé compasivo con ellos y con sus víctimas.

TODOS: Señor, que veamos y experimentemos tu bondad.

3.    Señor, que no estás en el terremoto de los que siembran temor y provocan guerras, da paz y justicia a sus vidas para que puedan convertirse a ti.

TODOS: Señor, que veamos y experimentemos tu bondad.

4.    Señor, que no estás en el fuego de los que destruyen y condenan a sus hermanos, muéstrales tu amabilidad y convierte sus corazones para que ya no hieran a sus prójimos.

TODOS: Señor, que veamos y experimentemos tu bondad.

5.    Señor, Tú que estás en la suave y agradable brisa de la gente que trata de servirte con sencillez y que promueve la alegría en sus familias y comunidades. Permanece muy cercano a ellos y dales fortaleza.

TODOS: Señor, que veamos y experimentemos tu bondad.

GUIA: Padre, ponemos nuestra esperanza en ti.  Nos fiamos de tu palabra. Quédate siempre con nosotros, y que tu Hijo Jesús sea nuestro compañero en la vida, ahora y por los siglos de los siglos.

TODOS: Amén.

GUIA: Dirijamos con el Señor Jesús nuestra oración confiada a su Padre del cielo. 

TODOS: Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

  “Creo, Jesús mío,
que estás real y verdaderamente en el Cielo
y en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
Te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.” Amén.
 

GUIA: Hermanos: Esta celebración ha sido para todos nosotros una experiencia purificadora y enriquecedora de nuestra fe.

Hemos expresado nuestra fe en que Jesús nunca nos abandona, sino que está con nosotros en las tormentas de la vida extendiendo su mano hacia nosotros, y en que con Él podemos superar todos los obstáculos…

Para que esta confianza y esperanza florezcan siempre en nosotros pidamos que el Señor nos bendiga.

Así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre NOSOTROS y nos acompañe siempre.

TODOS: Amén.

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