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Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…

ADVIENTO III

¿Cuál es la fuente de mi alegría y hacia dónde me conduce?

Nota litúrgica: Estas líneas podrían ser meditadas con antelación por quien guiará la celebración y pueden inspirar sus comentarios e intervenciones durante la misma.

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

Con demasiada frecuencia estamos o nos sentimos tristes. En este Tercer Domingo de Adviento la liturgia nos habla precisamente de Dios como el Señor de la alegría.  El Señor se siente feliz por venir a nosotros: “Él danzará con gritos de alegría por ustedes, como en un día de festival”.  Para el Señor, el estar con nosotros es una auténtica fiesta.  ¿Es una fiesta también para nosotros el estar con él? Abrámonos a la alegría de la venida y de la presencia duradera del Señor entre nosotros. Él viene a nosotros con su paz, su amor y su perdón, no solamente en la gran fiesta de Navidad, sino en cada eucaristía y cada día, cuando estamos dispuestos a hacer crecer en nosotros y en nuestro mundo el amor y la paz de Dios.

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: No hay que tener miedo ni que preocuparse, porque el Señor quiere que ustedes sean felices, y él está cerca de ustedes.

Su paz y alegría esté siempre con ustedes. 

Todos: Y con tu Espíritu.

GUÍA: La alegría del Señor se vuelve tangible para nosotros también cuando Dios nos reconcilia consigo mismo con el perdón que él siempre nos ofrece.  (Pausa)

•        Señor Jesús, tú eres un Dios cercano a nosotros, y por eso nos atrevemos a decir: Guárdanos en tu amor: Señor, ten piedad.

•        Cristo Jesús, sintiéndote cercano e íntimo a nosotros, ya no hay mal al que temer. Guárdanos en tu gozo y alegría: Señor, ten piedad.

•        Señor Jesús, tú nos pides que seamos felices y que no vivamos ya más preocupados, porque tú estás cerca de nosotros. Guárdanos en tu paz: Señor, ten piedad.

GUÍA: Oh Dios que vives en medio de nosotros, sana nuestros miedos causados por el pecado, otórganos la alegría de tu perdón y llévanos a la vida eterna.

TODOS: Amén.

GUIA: Oh Dios, fuente de toda felicidad, tu Hijo Jesucristo nos trajo noticias alegres sobre tus planes para nuestra vida.

Haz que sintamos el Espíritu y el fuego de tu Hijo para amar como tú nos amas y aceptar a nuestros hermanos, para compartirles lo que tenemos y para hacer lo que es recto y justo.

Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

TODOS: AMÉN.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

Sofonías 3, 14-18a: A un pueblo rodeado de enemigos, cansado y temeroso el profeta le anuncia: Alégrate porque El Señor te va a perdonar y te salvará… Él está en medio de ustedes y los renovará con su amor…

(Responsorio) Isaías 12, 2-3. 4b. 5-6: Dios nos salva, nos da su fuerza, nos alimenta… por eso debemos compartir nuestra alegre experiencia del Señor y sus dones en nuestra vida con otras personas…

Filipenses 4, 4-7: San Pablo dice que debemos estar siempre alegres, que no nos preocupemos, que confiemos más en Dios, que seamos mesurados y experimentemos su paz… y que contagiemos estas actitudes, porque el Señor está siempre cerca de nosotros…

Evangelio Lucas 3, 10-18: Juan el Bautista nos anuncia que Jesús vendrá para bautizarnos con Espíritu Santo y con fuego, por eso nos invita a que nos preparemos para su venida haciendo acciones y gestos concretos cada día desde nuestro ser y quehacer: Aprender a compartir, respetar y no abusar de los otros, ser justos y moderados… Nosotros también debemos preguntarle: “y yo, ¿qué debo hacer?”

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

Audio: Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

[Toda la liturgia de hoy es una invitación a la alegría.  No por la cercanía de la navidad con sus regalos materiales y sus tradiciones culturales sino porque sabemos y hemos experimentado que Dios es Dios-con-nosotros, que él ya ha venido al mundo y a cada uno de nosotros y nos ha transmitido lo que él es.

En el evangelio seguimos meditando la predicación del “bautizador” que nos sigue invitando a escapar de la ira de Dios cambiando radicalmente nuestra manera de pensar y de actuar.

Jesús, a lo largo de su vida, también nos invitará a ayudar a nuestros hermanos según la situación de cada uno.  Pero, no por miedo a su ira sino por haber reconocido el amor incondicional y generoso que nos tiene y por querer ser y actuar como él.

Entre la perícopa de la semana pasada y la de hoy nos saltamos tres versículos que sería importante leer en lo particular.  Juan les había aclarado a sus seguidores que no bastaba con cumplir externamente con las leyes o los ritos.  Por eso se acercan sinceramente conmovidos y le preguntan: “¿qué tenemos que hacer?”  Y, sorprendentemente, los insta a que sean solidarios y caritativos.

Nosotros, como aquellos oyentes de Juan, debemos cuidarnos de no caer en un absurdo de la falsa religiosidad: ofrecer sacrificios a un falso dios a cambio de que él satisfaga los deseos de nuestro falso yo.

En esa falsa religiosidad no puede haber alegría verdadera.  Porque no hay cabida para el Dios-con-nosotros (o Dios-por-nosotros).  Si no lo reconozco y lo acepto, no lo vivo.  Y eso no es cuestión de teorías (doctrinas) sino de experiencia…  Y sin el verdadero Dios no hay verdadera alegría.

La alegría a la que hace referencia la liturgia de hoy es consecuencia de no tener problemas o de disfrutar de la satisfacción de todos nuestros sentidos.  Procuremos entender, la alegría no es lo contrario al dolor o al sufrimiento.  Si fuera así, no tendrían sentido las bienaventuranzas.

La verdadera alegría surge de percibir la vida completa – con sus trabajos, sufrimientos, tristezas, etc. – desde la perspectiva de Jesús, el Emanuel, cuya vida fue y sigue siendo una total donación…  Entonces, ¿qué debo hacer para alcanzar la verdadera alegría cristiana?  Comencemos, como nos enseña hoy el profeta que bautizaba, por no abusar ni extorsionar, por dejar de ser avaros y por compartir nuestra comida y nuestra ropa hasta que seamos capaces de compartir la vida como Jesús…

Desde nuestra propia situación preguntémonos: ¿Qué debo compartir?  ¿Cómo debo compartir?  ¿Cuándo debo compartir?  ¿Dónde debo compartir?  ¿Con quién debo compartir?  ¿Cuánto debo compartir?

Se trata de responder a las verdaderas necesidades de nuestro prójimo, no a las de su falso yo… de que fluya lo que hay de verdaderamente humano en nuestro interior purificado, transformado y salvado por el amor del Dios-que-vive-en-nosotros…

Finalmente, pregúntate:

•        ¿Me doy cuenta de que si Dios, que es alegría, está dentro de mí nada de lo que venga de fuera me puede afectar permanentemente?

•        ¿Me doy cuenta de que si lo que viene de fuera me quita mi paz, mi alegría y mi gracia quiere decir que le estoy dándole más importancia a lo accidental que a lo esencial?

•        ¿Me doy cuenta de que si mi alegría no ilumina ni calienta a mi alrededor quiere decir que aún me falta experimentar (más) el color y el calor del Dios-con-nosotros en mi vida personal?]

Hagamos un primer acercamiento al concepto de la ALEGRÍA… según la Palabra de hoy…

•        ¿De dónde procede la alegría?  ¿De dónde nace?  De una fe que nos sostiene en medio de nuestra vida, incluso rodeados de peligros… de sentir a Dios cerca y dentro… de la confianza en las intervenciones de Dios a nuestro favor… de confiar en la palabra de Dios… es una mezcla de valores…

•        ¿Hacia dónde nos conduce la alegría verdadera?  ¿Qué provoca?  Debe producir una actitud de confianza en Dios… debe despertar el deseo de practicar el bien… debe impulsarnos a ser testigos de lo que Dios ha hecho por cada uno de nosotros; de que es posible ser felices y tener esperanza…

Según la segunda lectura, la alegría tiene una enemiga: la inquietud… Cuando vivimos inquietos permanentemente no encontramos gozo en lo que vemos; no descubrimos la huella de Dios en nuestra vida… y desarrollamos actitudes de amargura, frustración, desconfianza y cerrazón… ¿Me considero una persona alegre o más bien una persona que vive ensombrecida por diversas inquietudes?

Es interesante constatar que, etimológicamente, nuestra palabra alegría viene del vocablo latino “alacer/alacris” que significa rápido, vivaz, animado… Podemos entender la alegría, pues, no como un estado pasivo del alma sino más bien como algo muy activo, que impulsa, que mueve… El que está alegre no sólo se ríe, sino que “hace” cosas que dan vida… ¿Vivo alegre? ¿En qué comportamientos constructivos para los demás se nota mi alegría?

La Palabra nos invita hoy a adoptar la alegría como una actitud de vida permanente: nos enseña a guiarnos por el estilo de vida de Jesús… nos lleva a la certeza de que Dios es más grande que todos los peligros y problemas que podamos tener… Quien tiene la alegría que viene de Dios lo vence todo, incluso al miedo, a las parálisis y a las inquietudes más terribles… ¿Cuento con la alegría que me da la capacidad de sobreponerme a los peligros externos y a mis propios “fantasmas” internos?

Vale la pena recalcar que Sofonías, Isaías y San Pablo no nos dan teorías sobre la alegría, más bien, desde su experiencia, nos ordenan que estemos alegres: “Alégrate… grita de gozo…”, “Griten jubilosos…”, “Alégrense siempre en el Señor, se lo repito: alégrense”… Estas frases están redactados en imperativo; es algo como un “mandamiento” que debemos cumplir como cristianos…

Sólo el que tiene la alegría que viene de Dios tiene la capacidad y la fuerza para “moverse”… Así podemos entender el porqué de las preguntas que le dirigían a Juan el Bautista: “Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?”… ¿Y yo que debo hacer para que Dios haga brotar la alegría en mi vida, en mi comunidad y en mi sociedad?

Jesús viene para actuar con “Espíritu Santo y con Fuego”… es decir, Jesús actúa con la fuerza trasformadora de la Alegría de Dios… De él recibimos este don que nos capacita para transformar nuestro mundo haciendo el bien aún en medio de las dificultades externas e internas… ¿Me siento poderosamente alegre para seguir preparando la venida de Jesús?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.      Te invitamos a distinguir la alegría que procede de Dios y la que procede de estímulos del mundo…

Haz, por escrito, una comparación entre la alegría que nos proponen los medios de comunicación con la manera como Dios nos pide vivir la alegría… Por ejemplo: ¿Qué propuestas de alegría te ofrece la publicidad “navideña”?  ¿En qué lugares, personas y/o acontecimientos te pide Dios que te alegres en esta época del año?

2.      Te invitamos a “alegrar” la vida de una persona de tu comunidad… Puede ser un pobre, un enfermo, un anciano, un huérfano… ¿Qué harás en concreto para poner en práctica las enseñanzas de la Palabra?

3.      Durante esta semana, pide al Señor el don de la auténtica alegría…

         Ve escribiendo las “definiciones” que surjan de tus diálogos con el Emmanuel.

GUIA: Expresamos nuestra fe en el Dios vivo y, una Dios de unidad familiar, un Dios Rey que reina nuestras vidas.

TODOS: Creo en un solo Dios…

GUIA: Si hay demasiada poca alegría entre nosotros, quizás sea porque no somos suficientemente cristianos… Pidamos al Dios de toda alegría que podamos vivir siempre en su alegría y en su paz, y digamos:

 “Señor, tú eres nuestra alegría”.

1.      Por la Iglesia, es decir, por todos nosotros, para que proclamemos siempre el evangelio como Buena Noticia de gran alegría, como mensaje de liberación y esperanza para todos, roguemos al Señor: Señor, tú eres nuestra alegría.

2.      Por el mundo frío de hoy, el mundo de los negocios, de la gestión y producción, el sub-mundo del consumismo, con su dosis tremenda de manipulación e injusticia, para que entre nosotros de nuevo se preste atención a las personas y se recupere el sentido de la justicia, de la alegría y la celebración, roguemos al Señor: Señor, tú eres nuestra alegría.

3.      Por los pobres y los que sufren, para que les demos no solo lo material que necesiten, sino que les llevemos el calor de nuestro amor y la alegría de la esperanza, roguemos al Señor: Señor, tú eres nuestra alegría.

4.      Por los cristianos del mundo entero, dondequiera que estemos, para que aprendamos a guardar nuestra serenidad en las pruebas – que son parte de la vida -, y para que veamos que las cosas de este mundo tienen sólo un valor relativo, roguemos al Señor: Señor, tú eres nuestra alegría.

5.      Y por todos nosotros, para que tengamos sentido del humor, que seamos capaces de reírnos a nuestra propia costa,  y que gocemos también de  sentido de gratuidad, que nos capacite para hacer cosas gratis y por la pura alegría de servir a los hermanos, roguemos al Señor: Señor, tú eres nuestra alegría.

GUIA: Señor Dios nuestro, Tú nos has traído libertad por medio de Jesús, tu Hijo. Queremos vivir en tus manos como personas libres, y gozando de gran alegría. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. 

TODOS: Amén.

GUIA: Con confianza y alegría oremos a nuestro Padre del cielo pidiéndole que envíe su Reino a nuestro mundo. 

TODOS: Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

  “Creo, Jesús mío,
que estás real y verdaderamente en el Cielo
y en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
Te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.” Amén.
 

GUIA: Nosotros tenemos nuestros problemas y preocupaciones, como cualquier otra persona humana.  Sin embargo, gracias a nuestra confianza en Dios y a la tranquilizadora certeza de que el Señor está siempre cercano a nosotros, conservamos nuestra serenidad y nuestra alegría.

Que nuestro gozo cristiano sea contagioso, reforzado con la bendición del Señor… Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

TODOS: Amén.

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