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Celebración de la Palabra: Se acerca nuestra liberación

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…

ADVIENTO I

¿Voy sonámbulo por las sendas de mi vida?

Nota litúrgica: Estas líneas podrían ser meditadas con antelación por quien guiará la celebración y pueden inspirar sus comentarios e intervenciones durante la misma.

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

“Estén erguidos, mantengan alta su cabeza”.  Éste es el mensaje que el Señor nos comunica en este Primer Domingo de Adviento.  Hay hoy guerras terroríficas, hambre en muchas partes del mundo, y millones de refugiados que buscan seguridad.  Y sin embargo el Señor nos tranquiliza diciendo que deberíamos mantener bien altas nuestras expectativas y nuestra esperanza, porque él está con nosotros y en nosotros.  Estemos atentos a su presencia no sólo aquí en la iglesia o las reuniones de nuestra comunidad, sino en la vida de cada día…

Como dijimos, muchas personas están sumidas en el sufrimiento.  Pero, a pesar de ello, si somos Pueblo de Dios, mantenemos indestructible la esperanza de que la verdad, la bondad y la justicia prevalecerán un día, porque creemos que Cristo nuestro Señor ha venido y vive entre nosotros.  Luchamos, sabemos que el camino es escabroso, pero el Señor viene con nosotros y nos dice: Ven conmigo, sirve conmigo, ama conmigo, comparte y date a ti mismo conmigo, así tú serás mejor y la Iglesia y el mundo serán también mejores…

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: Que el Señor confirme sus corazones en la santidad para que sean intachables a los ojos de nuestro Dios y Padre cuando nuestro Señor Jesucristo venga.

El Señor esté siempre con ustedes. 

Todos: Y con tu Espíritu.

GUIA: Estamos habitualmente ocupados en nuestros propios asuntos y afanes egoístas, y hemos olvidado los asuntos del Señor y las necesidades de nuestros hermanos. Pidámosle al Señor que nos perdone.  (Pausa)

•      Señor, haz que nos percatemos de que tú estás cerca de nosotros en la gente que padece hambre y necesidad.  Líbranos con tu amor de nuestra inconsciencia o indiferencia: Señor, ten piedad.

•      Cristo Jesús, haz que te descubramos en los que buscan la paz, para ellos mismos y para su país. Otórgales tu paz duradera:  Cristo, ten piedad.

•      Señor Jesús, revélate a nosotros en los hermanos que andan malamente a tientas en su vida, en la noche de su sufrimiento. Que tu luz brille sobre ellos y sobre nosotros: Señor, ten piedad.

GUIA: Quédate cercano e íntimo a nosotros con tu perdón, Señor; mantennos atentos a tu constante venida y llévanos a la vida eterna.

TODOS: Amén.

GUIA: Señor Dios nuestro, somos tu pueblo en marcha que trata de dar forma a tu reino de amor y de paz.

Cuando nos sintamos con miedo o desalentados, mantén nuestra esperanza.

Haznos vigilantes en la oración para poder percibir los signos de la venida de tu Hijo.

Que Cristo camine con nosotros desde ahora por el camino que él nos ha mostrado, para que nos conduzca a ti, Dios y Padre nuestro, que vives y reinas por los siglos de los siglos. 

TODOS: AMÉN.

Se ofrece un resumen de las lecturas para ayudar a quien guía y a quienes leerán a subrayar la parte primordial que ayude a descubrir su mensaje unitario. Pero, las lecturas han de leerse íntegramente durante la celebración.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

Jeremías 33, 14-16: A un pueblo desanimado, el profeta le anuncia que el Señor cumplirá su promesa de darles un Salvador descendiente del rey David… Con él se aplicará el derecho y habrá justicia…

Salmo 24: Señor, Tú que eres bueno y recto, instrúyeme en tus caminos de misericordia y lealtad, quiero ser humilde, convertirme de mis pecados y cumplir tus mandamientos…

1 Tesalonicenses 3, 12-4, 2: Amémonos mutuamente porque esto afianza nuestros corazones para que seamos santos e irreprochables en nuestro comportamiento cristiano…

Lucas 21, 25-28. 34-36: En tiempos de crisis inesperadas no debemos desfallecer a causa del miedo y    la ansiedad, tampoco debemos entregarnos a los vicios… Sino que debemos tener ánimo y mantenernos de pie ante el Señor Jesús…

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

Audio: Pbro. J. Jesús Suárez Arellano
[Cuando una fiesta es importante debemos prepararla bien y con la suficiente antelación.  La Navidad es importante porque en ella celebramos no sólo que Jesús de Nazaret nació hace veinte siglos sino que sigue vivo y que su mensaje y presencia son importantes para nosotros… Esta celebración es tan importante que nos preparamos con el Tiempo de Adviento cultivando nuestra esperanza, acrecentando y purificando nuestra fe, renovando nuestros compromisos con el evangelio y motivándonos a trabajar por los demás a pesar de nuestras desilusiones previas…

Los textos bíblicos y litúrgicos de este Tiempo son extremadamente ricos, y es que el pueblo de Israel vivió toda su historia como un largo adviento y la iglesia vive su historia esperando la segunda y definitiva venida de Cristo… Quizá el lenguaje de algunos pasajes parezca extraño a nuestros oídos modernos, pero el mensaje es muy sencillo: “No importa lo situación por la que estemos pasando, debemos confiar que la salvación de Dios ya está actuando en nosotros”.  Nosotros hemos de creer, confiar y dejarnos guiar.  Pero, sabemos que esta salvación no acontecerá sin nuestra colaboración, por eso hemos de desarrollar la vigilancia y la esperanza activa confiando en las lecturas de este Tiempo que – cargadas de metáforas, alegorías e imágenes poéticas – nos aseguran que el proyecto de Dios para cada uno de nosotros y para toda la humanidad acabará bien.  Por ejemplo, de eso tratan hoy las tres lecturas y el Evangelio nos habla de “señales” que nos inspiran confianza y esperanza en medio de las tragedias…

La liturgia de este Tiempo nos invita a lograr dos actitudes: vigilancia para “sembrar” la segunda y venida de Nuestro Señor y reverencia para celebrar su primera venida como el inicio de su presencia actuante entre nosotros.

Sólo tiene sentido recordar la primera venida de Jesús si su vida continúa cuestionándonos y comprometiéndonos y sólo tiene sentido recordar su segunda venida entendiendo que él ya vive entre nosotros aquí y ahora… No se trata, pues, sólo de que recordemos hechos históricos o de que anticipemos el futuro sino de que cambiemos nuestra perspectiva y nuestro actuar en el presente.

Tengamos cuidado de que no nos suceda lo que al pueblo de Israel que esperó por muchos siglos al salvador y cuando vino no aceptó su estilo de salvación… Dios está viniendo siempre con su salvación y nosotros podemos estar “dormidos”, distraídos en otras cosas o con expectativas irreales.

En este Tiempo se nos recuerda que vivimos en un “ya, pero todavía no”.  “Ya” porque Dios ya nos dio todo lo que requerimos para salvarnos.  “Todavía no” porque nos falta activar esa salvación en nosotros y ponerla a trabajar a nuestro alrededor.  Por eso, el Adviento nos ofrece la oportunidad de evaluar y redefinir nuestro concepto de salvación.  Puede ser que aspiremos sólo a una salvación que consista en obtener mayor bienestar, riquezas y seguridades materiales…

Según la Palabra, la salvación no depende de la situación en que nos encontremos o del estado del mundo sino de cuán cercano experimentemos a Dios, cuánto le creemos, cómo confiamos en él y en qué invirtamos nuestros esfuerzos esperanzados… No podemos seguir pensando que Dios sólo está presente en nuestra vida cuando todo marcha bien sino que debemos descubrirlo también en la cruz (en el dolor, en la muerte, en los problemas y limitaciones).  Descubramos que la salvación de Dios ya está presente en nuestra vida – sea en el nacimiento o en la muerte – y que la podemos (y debemos) compartir.  Ningún mal puede derrotar a la humanidad porque Dios es humano.  Y tengamos presente que los problemas que encontramos en nuestra vida sólo pueden ser resueltos viviendo y enseñando los valores y las actitudes humanas que nos “modeló” Aquel cuyo nacimiento, presencia y venida celebramos en la Navidad.

Si nos preparamos bien en este Tiempo de Adviento, al llegar la Navidad podremos:

•      Celebrar que seguimos viendo al Dios-con-nosotros en todas las personas que siembran su Reino.

•      Celebrar nuestra fe en Dios y, sobre, todo, la fe de Dios en cada uno de nosotros que lo hizo encarnarse y que nos hace percibir el valor divino de lo humano y el rostro humano de lo divino.

•      Celebrar la comunión con Aquel que comulgó con nosotros; comulgando con sus proyectos y trabajando para realizarlos entendiendo nuestra vida como misión y compromiso.]

Hoy iniciamos el tiempo del adviento (y también un nuevo año litúrgico)… Y la Palabra se nos ofrece como un delicioso banquete, ayudándonos a reflexionar en cómo trabaja Dios en nuestro corazón y en nuestro mundo…

Él – en medio de nuestra vida cotidiana con sus alegrías y sus penas – va ayudándonos a realizar un proceso interior paso a pasito… fortalece nuestra esperanza y hace que “surjan” obras para beneficio de nuestros hermanos; desde nuestras experiencias íntimas y personales, cultiva nuestro ser en y para la comunidad, no sólo para estar físicamente cerca, sino para que podamos actuar los unos a favor de los otros… ¿Le permito a Dios que me vaya modelando desde dentro, modificando mis pensamientos y sentimientos?  ¿Qué obras del Reino brotan de mí hacia mi entorno?  ¿Qué cosas concretas me estará pidiendo Dios que yo haga por su pueblo?

Podemos pensar en Dios como en un escultor que va “sacando” de dentro del mármol diversas figuras… ¿Qué está esculpiendo en este momento en mi vida?

Si meditamos, con calma y sin defendernos, el salmo responsorial, descubriremos, con reverencia, cómo el Señor nos enseña a andar por sus caminos y nos lleva a descubrir que estamos unidos a él por una alianza de amor… En la vida, por tanto, hemos de buscar agradarlo… ¿Cómo puedo agradar cada vez más al Señor mi Dios?  ¿Qué hábitos espirituales puedo ir desarrollando?  ¿En qué comportamientos concretos puedo notar que estoy caminando por las sendas que Dios me marca?

¿Qué debo hacer para progresar en el cumplimiento de su voluntad?

Finalmente, todos sabemos que en nuestra vida tenemos días hermosos y también momentos de prueba… El evangelio de hoy nos previene contra dos falsas salidas: llenarnos de miedo o entregarnos a las pasiones desordenadas… En cambio nos dice que la verdadera solución llegará si nos mantenemos con el ánimo firme y de pie ante nuestro Señor Jesucristo… ¿Cómo reacciono cuando llegan las crisis?  ¿Qué me falta cultivar?

Dejemos a Dios trabajar en nuestra vida hasta que surja la versión de nosotros que él espera… No le opongamos resistencia… Él viene a salvarnos…

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

Para este ejercicio de oración necesitarás entre 15 y 30 minutos cada vez que lo realices: Busca un espacio y un tiempo adecuado para relajarte y dialogar contigo mismo y con Dios…

Siéntate en silencio y, con los ojos cerrados, revisa mentalmente cómo se encuentra tu cuerpo y tu mente… luego ve relajándote mientras respiras lenta, profunda y uniformemente…

Cada vez que inhales ve repitiendo una de las siguientes frases: “Quiero agradarte Señor” o “Muéstrame Señor el sentido de tu alianza conmigo”.

Permanece así por un tiempo no inferior a 15 minutos…

Al terminar el ejercicio, escribe lo que vayas descubriendo y después, si gustas, compártelo con alguien significativo en tu vida espiritual…

GUIA: Expresamos nuestra fe en el Dios vivo y, una Dios de unidad familiar, un Dios Rey que reina nuestras vidas.

Creo en un solo Dios…

GUIA: Movido por su infinito amor, nuestro Padre del cielo envió a su Hijo al mundo para colmar todas nuestras esperanzas, y para ofrecernos un futuro mejor y eterno. Digámosle en oración:

Señor, tú eres nuestra esperanza.

1.     Por la comunidad de la Iglesia y por todos nosotros, sus miembros, para que, por nuestro compromiso por la justicia y el amor, hagamos creíble el evangelio, roguemos al Señor: Señor, tú eres nuestra esperanza.

2.     Por la gente sin coraje y sin esperanza, por los que sufren por el hambre o la guerra, para que nosotros intentemos reavivar su esperanza, trabajando con ellos para construir un mundo mejor, roguemos al Señor: Señor, tú eres nuestra esperanza.

3.     Por los cristianos en cualquier parte del mundo, para que no se avergüencen del Evangelio, sino que proclamen abiertamente su mensaje de esperanza con el ejemplo de sus propias vidas, roguemos al Señor: Señor, tú eres nuestra esperanza.

4.     Por todos nosotros aquí reunidos, para que no seamos auto-complacientes y nos quedemos pasivos y satisfechos, sino que permanezcamos vigilantes para dejarnos renovar por Dios en Cristo. Que nos otorgue la gracia de comprometernos seriamente y vivir para los demás, roguemos al Señor: Señor, tú eres nuestra esperanza.

GUIA: Señor Dios nuestro, tú nos amas y por eso esperas que hagamos visibles a todos tu bondad y justicia. Esperamos que tu Hijo permanezca con nosotros para que tus expectativas y las nuestras se hagan realidad, ahora y por los siglos de los siglos. 

TODOS: Amén.

GUIA: Roguemos al Padre de todos, con las palabras de Jesús, para que sepamos hacer su voluntad y demos forma a su reino. 

Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

“Creo, Jesús mío,
que estás real y verdaderamente en el Cielo
y en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
Te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.” Amén.

GUIA: El mensaje de hoy ha sido. “Mantengan sus cabezas en alto con esperanza”.

Mantengámonos firmes y vigilantes de nosotros mismos cuando haya guerras y violencia, cuando haya injusticia y corrupción, cuando haya odio y rencor.

Sigamos esperando, porque hay un futuro diferente y mejor que construimos desde ahora.

Cristo está con nosotros y con él somos capaces de eliminar y acabar con la violencia;

con él podemos derrotar el odio con la amistad.

Sí, mantengamos la cabeza bien alta, porque el Señor Jesús está con nosotros y con él hay esperanza y futuro.  Caminemos con él.

Y pedimos la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre. 

TODOS: AMEN.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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