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P. Paulo César Barajas

La realidad de la actual política partidista y la agenda de los distintos niveles de gobierno en nuestro país, que no dan respuesta efectiva a las urgentes necesidades de la población: pobreza creciente, inseguridad y violencia desbordadas, falta de atención en los servicios básicos; puede ser causa de desánimo en las personas que anhelan ver un mejor país con justicia y equidad. La política nacional que sin falta se llega a convertir en muchas ocasiones en un ámbito totalmente autorreferencial, pero que a la vez cuenta con el uso de todos los bienes públicos a disposición.

Ante un ambiente sin claros horizontes de cambio, surge en muchos la reacción natural de no querer saber nada de la vida política, sin embargo, una respuesta distinta, que despierta la conciencia de la necesidad de una participación social de los ciudadanos proyectada más allá del horizonte electoral, cómodo espacio en el que seguimos pensando agota y limita nuestra responsabilidad social.

Llamados a la participación.

La conciencia de los creyentes católicos a participar de la vida social, no puede dejar de lado la propia responsabilidad histórica. Podemos dar la propia contribución para alcanzar un mundo mucho mejor del que encontramos.

Por ello la participación social de los creyentes es un llamado a superar aquellas actitudes que pueden indisponernos para interactuar en las realidades sociales, conscientes de antemano de la presencia de ciertas corrientes culturales y algunos sectores sociales opuestos a la presencia de las convicciones religiosas en la vida pública. En realidades semejantes el Papa Francisco nos recuerda que como creyentes estamos llamados a superar esa especie de complejo de inferioridad que, a causa de los ingredientes sociales ya señalados puede llevar a minusvalorar u ocultar la propia identidad cristiana y las convicciones que de ella nacen, ante el resto de la sociedad[1].

Actitud que estamos llamados a contrarrestar con una creciente conciencia del propio derecho a la participación como creyentes en el orden social, por lo que el Papa, de distintos modos nos invitará a salir, como Iglesia misionera y a hacer presente el testimonio cristiano en aquellos ámbitos en lo que poco a poco hemos ido abandonando y que necesitan también del fermento del Evangelio de Cristo.

Fe Cristiana y responsabilidad social.

Los miembros de la Iglesia están llamados a un permanente esfuerzo de concientización sobre la propia responsabilidad en la construcción del bien común, recordando que la fe ha sido una fuente de luz para los cambios políticos y sociales que han acompañado la humanidad en los últimos siglos. Por ello la Iglesia nos llama a reconocer que la vida social es indispensable para el desarrollo de toda persona y que al ser miembros de esta realidad que llamamos sociedad, en ella como creyentes, estamos llamados a vivir nuestra fe de manera integral, no como un hecho individual (egoísta), sino que siempre animado por el profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra.

Para un verdadero creyente, el amor al prójimo es inseparable del amor a Dios, por lo que una auténtica conversión interior, refiere no solo la dimensión espiritual de la persona, sino que implica también la procuración de aquellos cambios sociales necesarios para que la justicia y la paz, se realicen en favor de todos y para que se actúen las condiciones indispensables para el pleno desarrollo de cada ser humano, y en particular de los más vulnerables.

Surge así la conciencia del deber como creyentes de actuar la solidaridad en la realización del bien común de sociedad humana de pertenencia y la responsabilidad de toda persona a contribuir, según el principio de subsidiariedad (desde las propias posibilidades) a la realización del bien común universal. En nuestro contexto, si bien de manera perfectible y limitada, una de las maneras más inmediatas de actuar esta contribución es la participación en la vida política incluyendo la participación electoral.

Participar sin diluir la identidad

Una sana apertura nunca atenta contra la identidad, sino que la propia identidad cultural se arraiga y se enriquece en el diálogo con los diferentes y la auténtica preservación no es un aislamiento empobrecedor. La novedad creativa que puede ofrecer el ejercicio del Encuentro da lugar a sucesivas síntesis que se producen entre culturas abiertas sin dar lugar a la imposición cultural.

Por el principio de coherencia, la participación cívica de todo cristiano, se ha de regir conforme los propios principios de fe proyectados en la vida social. Así tras reconocer los propios deberes hacia la sociedad y el respeto a las autoridades legítimamente constituidas, el cristiano tiene la libertad y el derecho de fundar en su fe y en su conciencia la propia decisión política

La vocación y misión del cristiano en el mundo, incluye ser parte de estos procesos sociales, pues este específico ejercicio de la caridad nos lleva a la comunión con Dios en la búsqueda del bien de nuestros hermanos. Es por ello necesario reconocer que el compromiso por el bien común es una forma excelente de la caridad, que ilumina tanto las relaciones personales y como las relaciones sociales, y que nos invita como creyentes a plasmar una sociedad más humana revalorizando el amor cristiano como fuente de servicio en cada ámbito de la vida social.

Agentes del Bien Común

Luego de un proceso de reflexión y discernimiento desde la conciencia de los fieles laicos de nuestra Arquidiócesis, ha visto la luz el Centro de Formación Política de Líderes Católicos, mismo que desarrollará jornadas de análisis y estudio así como actividades de formación permanente y capacitación en las distintas zonas de nuestra Arquidiócesis, a fin de propiciar la participación de los laicos católicos en la vida pública a la luz de los Principios y Valores de la Doctrina Social de la Iglesia.


[1] Cfr. Francisco, Evangelii gaudium n. 79.

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