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Ignacio Román Morales
Académico del Iteso

A lo largo del este siglo XXI López Obrador ha despertado las mayores esperanzas y los mayores temores que haya generado político alguno en México, desde la esperanza de una transformación positiva radical, la 4T, generadora de un reparto equitativo de la riqueza, promoción de derechos humanos, honestidad, sustentabilidad, democracia, etc, hasta los temores más aciagos en términos de devaluaciones, fugas de divisas, expropiaciones masivas (incluso de viviendas) y cacerías de brujas. En realidad, las políticas aplicadas se sitúan a años luz de cualquiera de los dos polos.
Al comparar a la economía mexicana del 2018 con la del 2023 lo más notorio es el paso por la pandemia del COVID y de la guerra en Ucrania, en otras palabras, por fenómenos ajenos a las decisiones económicas del gobierno mexicano.
Sin embargo, esto no excluye las influencias que hayan tenido las decisiones gubernamentales sobre nuestras condiciones de vida. Por otra parte, las decisiones tomadas no impactan solamente sobre la situación actual, sino sobre la trayectoria que pueda tener la economía mexicana en el futuro.
¿Cómo ha influido el gobierno mexicano en el desempeño económico de los últimos cinco años? No puede existir una respuesta absoluta en términos de aprobación o desaprobación, por más que la retórica política nos impulse a mirarla como si fuera una pelea de gallos con los espolones brutalmente afilados. Si viéramos la evolución en términos de producción, estabilidad financiera, situación socioeconómica, comportamiento del empleo, relación con el resto del mundo, finanzas públicas, sostenibilidad ambiental, inclusión, paz o ciencia y tecnología, tendríamos resultados muy distintos entre unos y otros aspectos, e inclusive al interior de cada uno.

En términos de producción, el sexenio inició con un estancamiento en la producción en el 2019 (inclusive el PIB cayó 0.1% ese año) y una caída brutal en el 2020. Si comparamos los datos del segundo trimestre del 2018 con los del mismo trimestre del 2020, tuvimos una caída anual de 11.3% en nuestra actividad económica, cómo jamás se había presentado en México en un periodo tan breve (ni siquiera con la crisis de 1929). En cambio, si comparamos a los segundos trimestres del 2020 y del 2023, tenemos un crecimiento anual de 9.2%, como no se había visto desde el auge petrolero a inicios de los ochenta. El nivel de bajada y subida es comparable a si nos estuviéramos paseando en una montaña rusa.

Por qué en México la caída fue más dura? A diferencia de gran parte del mundo, el gobierno decidió no efectuar grandes contrataciones de deuda pública para financiar a las grandes empresas durante la pandemia. El impacto productivo fue mayor, pero el país no creció su deuda significativamente. Ello impidió que el aumento en los réditos por la deuda mexicana se volviesen un gran problema. El control de la deuda permitió que el peso se revaluara con respecto al dólar y que, por primera vez en medio siglo, la inflación no fuese significativamente más alta que en los Estados Unidos (especialmente en el 2022).
En cuestiones de pobreza y distribución del ingreso, el balance es relativamente favorable, pero con “asegunes” muy graves, especialmente en salud. Entre el 2018 y el 2020 mejoró ligeramente la distribución del ingreso, pero en el marco de un deterioro económico generalizado (la inmensa mayoría perdió, pero perdieron menos los de menores ingresos). La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) se levanta entre agosto y noviembre de cada dos años, por lo que el momento del levantamiento del 2020 fue justo cuando apenas se autorizó la reactivación de las encuestas directas en hogares, dada la pandemia, se trataba del momento más crítico.
PUDO SER PEOR
El propio CONEVAL llegó a efectuar estimaciones previas a la ENIGH, según las cuales, con una caída del PIB del 5%, la pobreza hubiera podido llegar hasta cerca del 60%. La caída del PIB fue mucho mayor y, efectivamente, la población en situación de pobreza se incrementó, pero su crecimiento fue de dos puntos, al pasar del 42 al 44%. Posteriormente, del 2020 al 2022, la pobreza bajo del 44 al 36%, sin embargo, la intensidad de la pobreza entre la población que permanece en ella es mayor, especialmente por un incremento en los rezagos educativo (aunque de manera marginal) y, sobre todo, de acceso a servicios de salud, en dónde el incremento ha sido de 14 millones de personas.

Continuará…

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