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Hermanas y hermanos en el Señor:
El tema más importante de la predicación de Jesucristo era el Reino de Dios, un asunto central. De hecho, desde el inicio de su vida pública, señaló:
“El Reino de Dios está cerca” (Mc 1,15).

En todo el Evangelio Jesús va explicando que el Reino de Dios existe, que está presente en medio de nosotros, y que hay que tomar una decisión delante de él. No podemos quedar indiferentes ante su presencia y acción.

Por otra parte, este Reino nos deja ver el señorío de Dios, que actúa con toda autoridad, con todo su poder, con toda su libertad, nadie le impide llevar adelante su obra para salvarnos.

Nosotros podemos permanecer indiferentes, ajenos, incluso resistentes a la acción de Dios, pero Él seguirá actuando con su fuerza.

El Reino de Dios tiene una fuerza interior, una potencia que no depende de lo que hagamos o dejemos de hacer, sino que esa fuerza actúa. Está sembrado en nuestras vidas, actúa en ellas, pero hay que esperar qué frutos va a dar en nuestra existencia, y lo vamos a saber cuando venga el tiempo de la cosecha, si dimos frutos buenos o malos.
A veces no hace falta esperar tanto, en el sentido de que podemos evaluar cada generación. A cada una de las generaciones le corresponde recibir el anuncio del Reino, la semilla que se siembra en los que pertenecen a ella. Depende de cómo se acoja la siembra del Reino en la generación que sea, los frutos que irá dando en el proceso se contarán al final de esa generación, cuántos frutos produjo.
Aunque el Reino de Dios siga actuando, lo hace de una forma sencilla, y hasta insignificante, resalta lo pobreza de la apariencia, pero permanece la potencia de su desarrollo.

Cuando se siembra la semilla del Reino es pequeña, pareciera que no tiene ninguna trascendencia, pero cuando germina y comienza a crecer, esa pequeña semilla, el Reino de Dios puede convertirse en un arbusto que dé ramas amplias.

Cuando lo dejamos crecer en nuestro interior, el Reino de Dios se convierte en una obra grande, que ofrece el bien a los demás y produce cosas buenas para todos.
Se trata de que sepamos acogerlo, porque ya está sembrado en nuestros corazones.

¿Qué sucede cuando los padres de familias van sembrando, desde pequeños, a sus hijos, valores y actitudes de servicio? Pareciera que no tienen importancia, que no tienen trascendencia, pero a medida que esos pequeños van creciendo-se hacen adolescentes y jóvenes-, aquello que hicieron sus padres, dará muchos frutos. Van a ser personas que aportarán lo mejor para la sociedad.
Preguntémonos qué tanto estamos haciendo la siembra del Reino en nuestra vida, en nuestra familia y en los demás.
Porque todos los que conocemos el Reino de Dios y lo hemos recibido, estamos llamados a sembrar en los que no lo conocen.
Estamos obligados a compartir los valores de la justicia, de la verdad, de la fraternidad, del perdón, de la reconciliación, de la solidaridad, de la vida honesta y santa.
Todo esto es semilla del Reino de Dios y debemos sembrarla en el mundo. ¿Qué tanto nos hemos dedicado a hacerlo?

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

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