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Los laicos son los discípulos de Jesús que militan en su Iglesia, los bautizados que tienen la fe en Él, y que quieren ser su presencia en el mundo.
Por eso, es muy importante revisar qué grado de comunión tenemos con Jesucristo en la fe, en su Palabra y, sobre todo, en la participación de su misma vida en los Sacramentos.
Al estar bien en comunión con Él, estamos en comunión con Dios Padre, y el lazo que nos une a Ellos, es el Espíritu Santo. Solo a partir de la comunión con Dios podemos estar seguros de que la comunión entre nosotros, como discípulos de Cristo, es auténtica.

Tenemos que luchar por crecer, cada vez más, en esta comunión.

Lo que se espera de nosotros es que, en la comunidad a la que pertenecemos, ahí donde se concretiza nuestra presencia y nuestro trabajo, como por ejemplo la Parroquia, experimentemos la comunión.

La comunión parte del conocimiento, que supone el diálogo y la comunicación, que supone ayudarnos unos a otros, para que la fuerza de nuestra presencia sea más eficaz en el mundo.

Ahí donde desarrollamos nuestra vida: la familia, la profesión, en el mundo de los negocios, de las relaciones. Que en donde nos movamos, podamos ser proyección del reinado de Jesucristo (de amor, de justicia y de paz), en todos los ámbitos de la vida humana.
Si vivimos la comunión, no podemos dudar de que la misión que Cristo nos ha dejado se llevará a cabo. La buena comunión con Él nos lanza a la misión que nos dejó: “Vayan a todo el mundo y prediquen el Evangelio”, y nos vamos a sentir comprometidos a participar.

El que vive la comunión con Dios y sus hermanos, el que se sabe enviado a la misión, no puede quedarse al margen de evangelizar, sino que tiene que entrar en la participación.

Qué triste es ver -a veces- que en lugar de la comunión, en lugar del celo por la misión y del interés por la participación, se ven luchas, incluso hasta divisiones.

Esto indica que no hay comunión, que no hay claridad en la misión, y que no hay interés en participar, o solo en lo que se quiere. Estos tres elementos conforman lo que se conoce como sinodalidad. Todos hemos sido llamados a entrar en comunión con Dios, todos estamos destinados a ser comunión entre nosotros, tenemos la misma y única misión como Iglesia, y todos podemos y debemos participar, cada uno en su situación, en donde desarrolla su vida.
Comunión, misión y participación es lo que describe la sinodalidad. No podemos decir que es tarea solo del Papa, de los Obispos, de los Sacerdotes, de las Religiosas. No pueden decir los laicos que este trabajo es solo de aquellos. Esto sería no caminar juntos y no estar en comunión. La misión está encomendada a todos, y todos estamos llamados a realizarla.
Contemplemos siempre la figura de nuestro pastor, Jesucristo, y entendamos que su reinado es de amor, de justicia y de paz, y que, comprometidos con Él, vivamos en ese amor, esa justicia y en la construcción de la paz.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

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Papa Francisco

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