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Con el poder para transformar el mundo

Leticia Orozco de Huerta

Siempre he dicho que si las mujeres nos decidiéramos cambiaríamos el mundo, nuestras armas no son los fusiles o pañoletas de colores chillantes, las armas de la mujer son la sonrisa, el abrazo, el calor que da al hogar; como esposa y madre, compañera y maestra.

Las generaciones han cambiado lo sabemos, desde siempre escuchamos a nuestras madres y abuelas decir y ahora, nuestras hijas a nosotras, la expresión: ¡Ya no hay valores!, pero dígame querido lector, ¿cuáles son esos valores que hemos perdido?, ¿Dónde están? ¿Quién permitió que se esfumaran de la vida diaria de las familias?

Honestidad, respeto, honorabilidad, sentido del deber y la justicia, solidaridad, pudor, pureza de pensamiento y acción, patriotismo, puntualidad, generosidad, responsabilidad, etc. ¿Cuántos de estos y otros muchos, fomentamos en casa? No se confunda, no estoy culpándonos, al contrario, quiero invitarlos a volver con toda nuestra capacidad, intuición, energía, a vivir de nuevo esos valores que se transmitían en un plato de sopita caliente, en estar como soldados paradas esperando a nuestros hijos afuera del colegio, cuando los llevábamos al parque y con los abuelos, cuando no había celulares que distrajeran una plática amena y la mirada de nuestros hijos y la nuestra no se perdía tras una pantalla fría. Cuando contestábamos el teléfono y desde el… ‘Se encuentra fulanito’, sabíamos si nos gustaba tal o cual amiguito… convivían felices primos y hermanos, se hacían lazos tan fuertes, que a ésta convivencia armoniosa la llamamos: Familia.

Más que nunca, México necesita fomentar los valores cristianos en casa, esos que no se compran, que se maman desde el vientre y se transmiten con amor para el amor. No podemos ni debemos rendirnos, inculcar un hábito o comportamiento sano, implica esfuerzo, dedicación, trabajo. Por increíble que parezca, es en la cocina donde se conoce mejor a los hijos, se fomenta la convivencia y hasta se toman importantes decisiones, donde se vive el respeto, la solidaridad del servicio y entrega constante, no me dejará mentir, no es lo mismo…pásame la sal, a: Mamá, puedes pasarme el salero, por favor…Gracias…por ponerles un ejemplo.

Conozco muchas mujeres solas que han sacado a sus hijos adelante, cae en ellas el peso de la manutención, porque el hombre se va y se despreocupa, esa irresponsabilidad del varón ha calado hondo en el corazón de las mujeres, NO SE VALE que se culpe a la esposa, o la madre, de lo malo que pasa en el hogar…NO, el varón debe tomar su responsabilidad, hoy la exigimos; respeto, ternura, trato amable, corresponsabilidad en la educación de los hijos, NO TEMAN al compromiso, nosotras con menos recursos, dijimos que SÍ y firmes seguimos en la lucha.

Educar con firme dulzura y suave firmeza, ganar la confianza y el corazón de nuestros hijos, acompañarlos, escucharlos, esforzarnos aún más, y, sobre todo: darles a ellos la herramienta que es raíz y roca para su vida: LA FE en Dios, sin ella no podemos ganar la batalla, marchemos no un día, todos los días de nuestra vida, pero de la mano de Jesús y María.

Y entonces sí, contestemos la pregunta, ¿Y los valores? ¡Se viven y fomentan en casa!

María, Madre y Reina nuestra… Ruega por nosotros, nuestras familias y el mundo entero.  Amén.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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