upc4

Sergio Padilla Moreno

Hace dos mil años, una pareja de jóvenes galileos enfrentaban en la soledad de un establo, pues “no había lugar para ellos en la posada” (Lucas 2, 7), el nacimiento de su hijo ¿Cómo habrán sido y qué habrán vivido en aquellos momentos José y María? ¿Será que mientras María estaba en trabajo de parto se escuchaban los ruidos y risas de una posada llena de gente que acudió a empadronarse a causa del decreto de César Augusto, totalmente ajenas a lo que sucedía a pocos metros del lugar? Mientras llegaban los pastores a partir del anuncio del ángel, seguramente un hondo silencio debió inundar el corazón de José y María al contemplar a su hijo recién nacido ya envuelto en pañales y acostado en el pesebre. En realidad, son pocas las líneas que dedican los evangelistas San Lucas y San Mateo a lo que sucedió aquella noche, pero son suficientes para hacer hermosos y hondos acercamientos teológicos, espirituales y artísticos a aquella noche.
La historia nos dice que uno de los más significativos acercamientos a la noche de Belén, fue la que hizo San Francisco de Asís, justo hace 800 años en Greccio, pequeña población del centro de Italia. Pues en la Navidad del año 1223, Francisco improvisó un escenario con un pesebre, un buey y un asno reales en una cueva rocosa del lugar, recreando la escena del nacimiento de Jesús en Belén. Invitó a la comunidad local a participar en esta representación viviente de la historia de la natividad durante la víspera de Navidad. La historia relata que San Francisco, profundamente conmovido por la escena y lleno de devoción, presidió la celebración de la Misa de Nochebuena junto al pesebre, permitiendo que las personas experimentaran de una manera más real la historia del nacimiento de Jesús.
En diciembre del año 2019, el Papa Francisco publicó la carta apostólica Admirabile signum, sobre el significado y el valor del belén, donde afirmaba:

“El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría. El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él.”
(https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/ papa-francesco-lettera-ap_20191201_ admirabile-signum.html)
En medio del ruido y estrés de estos días les invito a hacer un ejercicio de contemplación con el mismo espíritu que movió a San Francisco de Asís.
Sugiero situarse frente al nacimiento que hayamos puesto en casa o frente a alguno que nos sea especialmente inspirador y, mientras contemplamos y nos sentimos parte de esa escena, escuchar el maravilloso Et incarnatus est, de la Gran Misa en do menor de Mozart.

El autor es académico del ITESO,
Universidad Jesuita de Guadalajara –
padilla@iteso.mx
Mozart Gran Misa en do m. -10. Et Incarnatus est (Bernstein)
https://www.youtube.com/watch?-v=YJJT108WZ7o

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.