upc4

LA PALABRA DEL DOMINGO Juan López Vergara

La madre Iglesia proclama: “La Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos” (14,1 – 15, 47), que meditaremos a través de un antiquísimo e importante himno cristológico, que corresponde a la segunda lectura del día de hoy. A través de este himno cristológico nuestros primeros hermanos en la fe rendían culto a Cristo Jesús como su Señor, que entró en la historia para servir, y a quien amaban con toda su alma (Flp 2, 6-11).

CRISTO JESÚS, SIENDO DIOS, ASUME CONDICIÓN DE SIERVO
Es importante ver que san Pablo exhorta a la comunidad a crear su proyecto de vida en función del bien, con fundamento en su unión con Cristo Jesús (véase v. 5). La ética es cristocéntrica y fluye de las posibilidades abiertas por la Redención. Propone a Cristo Jesús como modelo mediante un himno, cuyo carácter poético y litúrgico se evidencia en dos estrofas que describen el “camino de Cristo Jesús”, partiendo del ser en Dios, anterior a la creación, hasta su arribo en la historia humana, y desde ésta, de nuevo, al dominio de Dios. La primera estrofa revela que:

“Cristo Jesús, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por su obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz” (vv. 6-8).

En esta primera parte del himno corresponde a Cristo Jesús ser el sujeto, su actuación tiene una motivación: la libertad. La “kénosis” (anonadamiento) constituye un rasgo central: Cristo Jesús, siendo Dios, asume condición de siervo.

CRISTO JESÚS, SIENDO DIOS, SE HA HECHO HOMBRE
La muerte es el punto de destino de un camino emprendido en libertad, pues para Jesús, y únicamente
para Él, es también la muerte un acto libre: “Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; ésa es la orden que he recibido de mi Padre” (Jn 10, 17-18). Sólo aquel que conoce la prehistoria de este Único entiende su libertad de morir, y es esta muerte la que demuestra que Cristo Jesús se ha hecho realmente uno de nosotros.

EN JESUCRISTO, EL SEÑOR, DIOS Y EL MUNDO ESTÁN UNIDOS
Desde el comienzo de la segunda parte del himno cristológico hay un cambio radical. En la primera se describe la humillación de Cristo y en la restante su exaltación:
“Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos” (v. 9-10). Varios testimonios indican que la afirmación: “Jesús es el Señor” es la fórmula confesional más antigua de la Iglesia: “y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (v. 11; compárense Hch 2, 36; Rm 10, 9). La última palabra del himno es “Padre”, para enfatizar que ahora en Jesucristo, Dios y el mundo son unidos.
Muy apreciables lectores, para actualizar la Palabra de Dios ofrecida el día de hoy, los exhorto a apreciar que san Pablo recurrió a este himno, que presenta el modelo de Jesús, pero no en detalles o actos aislados de su vida, sino en su persona mesiánica: el mismo ser de Jesús es propuesto como acto de humildad. Él vive para hacer el bien, convirtiéndose en el ejemplo a seguir por todos y cada uno de nosotros y tomar conciencia en clave de gratitud y amor, que Cristo Jesús entró en la historia buscando siempre servir hasta dar su vida (compárese Mc 10, 45).

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Leave a Comment

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.