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(1996)

TOMÁS DE HÍJAR ORNELAS , PBRO.


La semana del 6 al 10 de mayo de 1996 –poco antes de cumplirse tres años del asesinato del VIII
Arzobispo de Guadalajara, Juan Jesús Posadas–, coincidieron en esta capital dos personalidades de lo
más prominente para la historia de la Iglesia en los últimos años, el Prefecto y el Secretario de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger y Tarcisio Bertone, respectivamente, siendo ya el uno Cardenal como luego lo será el otro y ya en germen, el Papa Benedicto XVI (2005) y su Secretario de Estado (2006).
Los trajo a esta parte del mundo el II Encuentro de Presidentes de Comisiones Doctrinales de las
Conferencias Episcopales de América Latina, en el que participaron 25 obispos, entre ellos don Óscar
Rodríguez Madariaga, Presidente de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano. El estado de la
cuestión fue variado pero con un hilo conductor, la presencia y acciones pastorales de la Iglesia en Iberoamérica, al calor de luces rojas desde la percepción de la Santa Sede.

Por eso, lo que escucharon el día 7 los allí reunidos de labios del Prefecto y estructurado en ocho apartados, no les dejó lugar a dudas acerca de lo que no quería el Papa y lo que sí: La crisis de la teología de la liberación, Relativismo: la filosofía dominante, Relativismo en teología: la retractación de la cristología, El recurso a las religiones de Asia, Ortodoxia y ortopraxis, New Age, El pragmatismo en la vida
cotidiana de la Iglesia, Tareas de la teología y Perspectiva.

Luego de escuchar a sus colegas denominar el tráfico de drogas como el “terrible flagelo” metido en forma “desvergonzada” en el ámbito político, el Cardenal Ratzinger no dudó en anunciar el ocaso de la
Teología de la Liberación atado a la suerte de la caída del socialismo, en manifestar su desacuerdo con el estilo de vida tradicional de las culturas indias de México, puestas en ese momento en primer plano merced al movimiento zapatista en Chiapas (1994) y a la participación protagónica que a su favor tuvo el Obispo de San Cristóbal, Samuel Ruiz, y su preocupación por las modas “espiritualistas” y heterodoxas etiquetadas bajo el nombre genérico ‘New Age’.
El epílogo de esos días se divulgó bajo el título ‘Los nuevos desafíos en el llamado Continente de la
Esperanza’, mensaje sintético donde se exhibe y denuncia el narcotráfico como ‘enfermedad’ social del
Continente, la mala situación económica derivada de un modelo mercantilista que lo empobreció muchísimo, el relativismo emanado de cierta filosofía inmanentista ajena y hasta contraria a la dignidad de la vida humana y el auge de movimientos que sin ser confesionales eran paralelos y en abierta competencia con el cristianismo.
El 12 de mayo, ya en la ciudad de México, Ratzinger y Bertone visitaron la Basílica del Tepeyac, acompañados por el nuncio apostólico Girolamo Prigione y el Arzobispo de México Norberto Rivera Carrera, siendo todavía Abad Mitrado de esa Colegiata don Guillermo Schulemburg, para cerrar con una misa, un capítulo de su gestión que entre nosotros abrió un surco en muy diversos aspectos.

“El domingo 5 de mayo de 1996 el Cardenal Joseph Ratzinger visitó la Basílica de Zapopan”


(La fotografía de la nota es cortesía de Fabiola Medina Villaseñor)

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