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Mtra. Consuelo Mendoza García

A pocos días de las celebraciones navideñas que generalmente traen tanta esperanza y alegría en especial a los niños, en Torreón, un pequeño de 11 años logró conmocionar a todos los mexicanos, cuando, sin que sepamos aún la razón, introdujo dos armas a su colegio con las que privó de la vida a su maestra e hirió a varios compañeros, para después suicidarse.

Solo un hecho de tal magnitud logró despertar la consciencia de una sociedad adormecida y tan acostumbrada a vivir en la violencia que ya la considera algo cotidiano.

En un intento casi inmediato de dar una explicación a lo sucedido, sin mencionar el nombre del niño, si se exhibe su situación familiar y escolar: madre fallecida, padre ausente, cuidado por los abuelos, buena conducta, quizá aficionado a los videojuegos, quizá sufría bullying… pero también quizá, éste fue su último intento de gritar, sin palabras, que necesitaba ayuda.

Cuando hemos permanecido adormilados e indiferentes a todo lo que sucede en nuestro entorno y a la descomposición social que nos invade a través de los medios de comunicación, de los videojuegos, las series, las películas, las canciones, todos nos hacemos un poco responsables del suceso de Torreón, pues hemos permitido que el relativismo entre en nuestros hogares y que los modelos de nuestros niños y jóvenes sean los personajes más malvados, osados y cínicos, sin importar que sean narcotraficantes, sicarios o ladrones.

La ausencia de valores en nuestra sociedad, es el reflejo del abandono de los valores en la Familia, la violencia que invade nuestro entorno inicia en las casas, y aunque hay muchas voces que se levantan para denunciar los ataques que sufre la familia a través de leyes adversas, de las ideologías, y de la intromisión del estado en el derecho de los padres para educar a sus hijos, es urgente un trabajo constante y adecuado a la realidad que vive hoy en día la Familia.

No es una tarea fácil, se trata de convertirse en la gota de agua que a fuerza de caer constantemente sobre la dura roca logra transformarla, se trata de mirar con ojos de misericordia a aquellas familias que viven situaciones especiales, se trata de ayudar a los papás confundidos por el relativismo a retomar el camino que busca el bien para sus hijos, se trata de educar en la familia y en la escuela poniendo en el centro a la persona. Por supuesto que no es una solución inmediata, pero si es la más efectiva porque es a través del hogar y la escuela donde podemos formar a las futuras generaciones con una visión más humana y trascendente.

Su Santidad Francisco ha convocado en mayo a los diferentes responsables de la Educación para lograr un Pacto Educativo y “reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones, renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión”.

El pequeño de Torreón, del que no sabemos su nombre pero su historia quedará grabada en nuestros corazones, antes de ser victimario fue víctima de su entorno y de las circunstancias. Se ha llevado con él la explicación de lo inexplicable… pero al pensar en el enorme dolor que están viviendo sus familiares siento una enorme necesidad de pedirles perdón por todo lo que no hemos trabajado por la Familia.

Tuvo que suceder su muerte y la de su maestra para que su grito silencioso fuera escuchado.

Descansen en paz.

*Sección Diocesana de Pastoral de Educación y Cultura

“La ausencia de valores en nuestra sociedad, es el reflejo del abandono de los valores en la Familia, la violencia que invade nuestro entorno inicia en las casas, y aunque hay muchas voces que se levantan para denunciar los ataques que sufre la familia a través de leyes adversas, de las ideologías, y de la intromisión del estado en el derecho de los padres para educar a sus hijos, es urgente un trabajo constante y adecuado a la realidad que vive hoy en día la Familia”.

 Y si uno de sus objetivos era llamar la atención, lo ha logrado…

@arquimedios_gdl

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