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Desde el Corazón

QUERIDA LUPITA
Mi hijo de 13 años me platicó una vagancia que hizo junto a sus amigos. Molestaron a un joven que entró a un baño. Se reía de lo que le hicieron. Me sorprende que mi hijo participe en esas vagancias. Le he ensañado a respetar, no sé por qué actúa así en compañía de esos amigos. ¿Cómo orientarlo sin perder su confianza?
Gerardo K.

HERMANO MÍO, GERARDO: Nuestros adolescentes están aprendiendo a vivir.
En esta etapa del desarrollo, el pertenecer a un grupo es muy importante. Por esta razón, los padres debemos estar atentos a conocer a los amigos de nuestros hijos y procurar orientar al respecto. No es lo mismo un amigo que un cómplice. Los amigos quieren tu bien, los cómplices sólo buscan tu respaldo para tener comportamientos cobardes.
A veces los amigos se equivocan, y si están dispuestos a corregir su error, o a no cometerlo otra vez, están creciendo juntos.
Las estadísticas muestran que para el 70% de los mexicanos, las familia sigue siendo el aspecto más importante de sus vidas. Así que si deseamos influir en nuestros hijos más que estos cómplices, necesitamos hacerles sentir valiosos en casa. Que ellos sepan que “pertenecen” al mejor grupo del mundo: su propia familia.

Orientamos a nuestros hijos cuando platicamos con ellos acerca de los valores universales. Y los educamos aún mejor cuando modelamos para ellos los valores que les queremos transmitir.

Cuando ellos se equivocan, mostremos paciencia, amor y firmeza a la vez.

  1. Paciencia, para no reaccionar violentamente frente a su error. Detente, respira y piensa.
  2. Amor, para tener en mente nuestro fin: que ellos triunfen en la vida al vivir los valores que nos dignifican como seres humanos. Nuestros hijos deben sentir que les amamos cuando los corregimos. Así que, en nuestra forma de hablar, esto se debe notar. Evitemos “regañar” y mostremos nuestro deseo de escuchar, discernir y proponer.
  3. Firmeza, para señalar el error con argumentos convincentes. Recordar el principio cristiano que llamamos la regla de oro: “Haz al otro lo que quieras que te hagan a ti” y, por tanto, no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti. San Francisco de Sales decía: “El espíritu de dulzura es el verdadero espíritu de Dios”. Se puede amonestar y hacer comprender la verdad, siempre que se haga con benevolencia.

Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

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