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PBRO. MIGUEL GONZÁLEZ GÁMEZ

Las contiendas políticas tienen como característica la lucha por el poder, donde el que gana, se lleva todo y el que pierde, se queda sin nada. Así sucede cuando se eligen a los titulares del poder ejecutivo federal o estatal, solo hay un presidente y un gobernador, así que los que contienden por el cargo buscan las simpatías para poder llegar al cargo.
La mayoría de las veces esta lucha por el poder somete a la población a situaciones de estrés emocional donde se implican hasta las relaciones humanas que se ven sometidas a crisis por los sentimientos de rivalidad en la defensa de las posturas políticas.
Esta realidad la estamos viviendo en el contexto nacional, no tanto a nivel Estado, las posturas radicales del presidente de la república que busca cernir entre la población y consolidar un voto duro, crea esta división, los que están a favor y los que están en contra, sin dejar lugar a posturas intermedias conciliadoras.
Esto provoca que al presidente se le ataque o se le defienda, se le critique o se le aplauda, se le reconozca o se le reclame, sin dejar espacio a un análisis real de las cosas. O todo está bien o todo está mal.

Estas posturas generan un desgaste emocional en las personas, las familias se dividen, surgen rencillas y hasta conflictos entre personas que guardaban amistad o buenas relaciones, provocando una ruptura social.

Una de las propuestas del Papa Francisco en su encíclica “Fratelli Tutti” sobre la fraternidad y la amistad social, propone el concepto de Amistad Social que tiene de fondo el reconocer lo que nos une como sociedad, lograr crear espacios comunes que surgen del encuentro, lo que sugiere el reconocimiento de nuestras divergencias, pero también de lo que nos une.
Como Iglesia podemos caer en la tentación de contribuir a que la polarización se profundice y poder tomar partido, algunos columnistas lo ven como una opción posible y real. Lo que nos llevará a que como Iglesia asumamos los costos de los malos gobiernos o propiciar la llega al poder de dictadores, por ejemplo, Nicaragua.

El reto es cómo encontrar medios para poder canalizar todos los sentimientos que provocan las campañas políticas que polarizan y evitar la fragmentación social, cómo poder entender que el asumir una opción política no me hace enemigo del otro y que el que piensa distinto coincide en lo esencial conmigo, lo que podría ser distinto son las formas de hacer las cosas.

El reto sería, en todo caso, cómo cerrar las puertas a aquellos que buscan aprovecharse del poder para su beneficio.

@arquimedios_gdl

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