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Miriam Bretón Mora H. y Familia Educadora en la Fe

La Biblia me llenó el corazón estando en un centro de rehabilitación. Regresé a mi niñez y volví a creer.

Carlos siempre fue inquieto, un niño que aparentemente crecería entre juegos, amigos y familia; sin embargo, su camino se vio ensombrecido por las drogas. “Mi niñez transcurrió tan normal como la de cualquier niño. Mi madre con voz de profeta trató de cuidarme y advertirme de los peligros, pero yo era un niño muy vago”, nos comenta Carlos con un gesto de recuerdo difícil.

Un niño está expuesto a muchos peligros y es difícil para los padres estar al tanto de todas las tentaciones a las que se exponen.

“Para que mis amigos me aceptaran, accedí a hacer cosas que me acercaron a varias tentaciones. Lo primero fue el pecado de la lujuria y la soberbia, que me atacó para querer tener cada día, más y más”, comenta Carlos.

“Todo lo malo en este mundo es muy atractivo, si te dejas seducir por la tentación, te engancha. Te acostumbras a pecar y ya no te das cuenta de que estás mal. Me volví un niño sin emociones, la soberbia me nubló la sensatez, sencillamente, dejé de sentirme culpable de lo que hacía, solo quería sentirme el mejor de todos en todo”.

La soberbia lo hundió 

Carlos nos compartió que cuando estaba en su peor momento, empezó con trastornos de depresión, bipolaridad y cuadros sicóticos; la soberbia lo empezaba a hundir, deseando tener más dinero. Describe que la mentira lo hundió al grado de llegar a comer de la basura.

“El pecado es un fango de lodo que una vez que entras, cuesta muchísimo salir y quedas todo sucio, necesitas de quien te ayude a limpiarte” reflexiona nuestro entrevistado.

Con cara sonriente Carlos nos expresa cómo conoció a Dios:

“Estaba encerrado en un centro de rehabilitación, sin nada que hacer, abrí la biblia y la primera frase que leí fue -Hijos cuiden a sus padres…- empecé a llorar como hace mucho tiempo no lo hacía. Días después vi a un chavo que le estaba pegando a Juanito (un muchacho de mi edad, pero con un retraso mental que lo hacía comportarse como un niño de 3 años), decidí defenderlo y cuidarlo”.

“El me regresó parte de mi corazón muerto, lo revivió. No me daba vergüenza jugar con él a los carritos, a la pelota y desde luego lo limpiaba y cuidaba que comiera, regresé a ser el niño que se había perdido de su infancia; fue así como volví a abrir la biblia y encontré otras citas que me llenaron el corazón -dichosos los niños de corazón porque de ellos es el Reino de Dios…, lo que hagas con el más pequeño de mis hijos, es como si lo hicieras conmigo…, y las obras de misericordia, darle de comer al hambriento, vestir al desnudo, enseñar al que no sabe, darle de beber al sediento…- eso fue lo mismo que hice con Juanito y me doy cuenta que era como si se lo hubiera hecho a Jesús”.

Amar, servir y perdonar

Cuando un niño quiere un permiso, va con mamá y si ella lo dirige con su papá, el niño suplica que intervenga por él. Así fue como lo tomó nuestro entrevistado, y a través del Rosario le pidió a María que le diera la fuerza para no regresar al infierno de las drogas. Carlos comparte que las 3 cosas que le dejó esta etapa en su vida fue: AMAR, SERVIR y PERDONAR.

Finaliza Carlos con lo siguiente: “Hoy llevo varios grupos de jóvenes dándoles catequesis, tengo varios diplomados de emprendimiento, le pedí a Dios que conociera una mujer que lo amara más a Él que a mí y me la mandó, ¡me voy a casar!. Tengo una nueva marca: EMC (Espíritu, Mente y Cuerpo), que es un programa que te ayuda a tener la balanza perfecta para lograr lo que tú quieras. Esfuerzo, enfoque y dedicación es lo que ayudar a personas adictas a salir de su problemática a través del deporte. La mejor manera de ejercitar el espíritu es con una proteína muy importante: La sagrada comunión”.

El guerrero es así: ríe, llora, se cae y levanta, pero Dios siempre le da la victoria. Sirviendo, amando y perdonando es como se siente la presencia de Dios en el corazón.

Te invitamos a ver el video de esta entrevista escaneando el código QR

@arquimedios_gdl

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1 comment

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Guillermina Amador mayo 1, 2022 - 8:38 pm

Que bonito testimonio, Dios nos ama y quiere lo mejor Para sus hijos nadamas es poner un poquito de nuestro espíritu y dejarnos llevar por e. Cómo la hoja de un árbol.

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