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Como un recurso para favorecer la democracia, se realizan debates electorales entre contendientes a un cargo de elección popular. Es mediante la exposición de propuestas, su contraste, deliberación pública, el conocimiento de las personas contendientes, como la ciudadanía accede a información que le posibilite tomar decisiones conscientes y razonadas para el día en que ejercerá su soberanía mediante el voto libre y secreto.
En México, desde 1994 se han desarrollado debates entre contendientes a la presidencia de la República, como el realizado el pasado 7 de abril, o en Jalisco, para quienes buscan gobernar el estado. Aún faltan dos debates para la presidencia de la República, que serán el 28 de abril y el 19 de mayo; en tanto, para la gubernatura de Jalisco habrá otros dos debates, programados para el 4 y 26 de mayo próximos.
Los debates, desde sus orígenes, se realizan para mayor difusión a través televisión, con lo que importa sobre manera para los participantes es cómo los verán en las pantallas, y puesto que el tiempo juega en contra de lo que expongan, privilegian lo que digan y hagan, para dejar en los televidentes una impresión, aún a costa de la denostación y el engaño, algo que incida en las preferencias y refuerce las adhesiones que ya tienen entre sus seguidores.
La experiencia de debates en México tiene un inconveniente que no favorece la información veraz y completa, su profundización y deliberación pública: las personas debatientes se preocupan en “ganar” mediante la denostación del otro, subordinando las ideas y propuestas, como lo hemos visto. Se producen debates y se alimentan expectativas más como espectáculo.

Aunado a lo anterior, los formatos desarrollados para los debates, cuando los participantes son más de dos, hacen de ello una pasarela de planteamientos genéricos; en poco tiempo se buscan abordar más de dos temas, imposibilitando, por el tiempo, a la exposición integral de propuestas y su contrastación, así como la viabilidad de llevarlos a la realidad. Si en los debates dicen muchos qué hacer, en ninguno llegan a exponer cómo, cuándo, dónde y quiénes harán lo que proponen.
Aún con lo anterior, los debates nos muestran a las personas debatientes en una faceta de lo que son, no la única, pero sí para comenzar a conocerlos, a sabiendas de que participan como parte de su estrategia de campaña.
¿Necesitamos debates para decisiones informadas y libres? Sí, pero quienes lo organizan los hagan para favorecer el diálogo entre los participantes, centrando la atención en no más de dos temas; que la moderación lleve a los participantes al diálogo y no sean sólo expositores de preguntas previamente fijadas; que las personas debatientes respeten a las audiencias, que tienen derecho a la información, no a un espectáculo disfrazado de debate electoral; y los medios de comunicación profesionales, realicen post debates para verificar, contextualizar, profundizar en lo expuesto.
Sin el intercambio de frente a la ciudadanía, honesto, de ideas y propuestas viables entre quienes buscan acceder al poder para ejercer un cargo público, no se alimenta la democracia. Debates basados en el diálogo se requieren, urgen para decisiones informadas, conscientes y así libres.

@arquimedios_gdl

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