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PBRO. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

Una de las tentaciones más grandes de quien ejerce la autoridad de cualquier índole, sea de orden político, económico, religioso, social, etc. es la de concentrar el poder en sus manos. Lo vemos muy marcado en el ejercicio de la política nacional en todos los actores: gobierno nacional, partidos políticos y las mismas políticas de Estado. Todo se dicta desde el centro sin tomar en cuenta las realidades regionales, tan distintas y distantes de la ciudad capital. Pero esta misma actitud centralista la replicamos inconscientemente dentro de nuestras estructuras e instituciones regionales.
Por ejemplo, el partido naranja ha tenido ahora una ríspida disputa interna porque precisamente desde el centro se quiere dictaminar la vida política de un estado como Jalisco que, al margen de una coalición con los partidos de oposición al del gobierno federal, perdería ya la gubernatura y las alcaldías más importantes para ese partido. Pero aquí mismo en Jalisco ¿se toman en cuenta las distintas regiones del Estado en los comités estatales de los partidos? ¿No se dictamina todo desde Guadalajara?
En el ámbito de la seguridad, en Jalisco dependemos, en cuanto a los crímenes de mayor impacto social, de las fuerzas federales que siguen un fallido esquema, pues más que ofrecer seguridad a los ciudadanos, ofrecen garantías de impunidad a los criminales. Pero eso mismo lo sufren los municipios en relación a la policía estatal, que margina o no mantiene informadas a las fuerzas del orden municipales.
¿Y qué decir de la vida pastoral? ¿De la vida de Iglesia? Se señalaba en una de las

columnas de este Semanario de semanas atrás que la Arquidiócesis de Guadalajara ha tenido qué someterse en algunas ocasiones a la voluntad del centro del país, en detrimento de la misma comunidad cristiana de nuestra Diócesis. Pero también hay qué reconocer que aquí en nuestra Iglesia tenemos hoy una visión muy centralista, que no es conforme a la pretendida renovación eclesial exigida desde el Concilio Vaticano II, renovación que implica pasar de una Iglesia autorreferencial y centralista a una Iglesia sinodal.

Hoy, por ejemplo, no tenemos un proyecto pastoral regional que abarque las distintas zonas del territorio diocesano, pues todo se concentra en Guadalajara y se piensa desde la ciudad y para la ciudad, olvidando que una porción de comunidades, todavía muy cuantiosa, son de ámbito rural. Incluso dentro de la zona metropolitana la realidad es tan distinta y heterogénea para poder hablar de un solo proyecto pastoral urbano.
Por otra parte, para quienes tienen qué trasladarse de las distintas regiones del territorio diocesano a Guadalajara para alguna reunión pastoral resulta complicado no tanto por la distancia sino por el tráfico. Por ello, se debería favorecer una planeación más regional que abarque dos o tres Vicarías Episcopales con una realidad común y proyectos que sean más viables, descentralizados. ¿Por qué no pensar en tres puntos de reunión foráneos a fin de no necesariamente trasladarse a la gran ciudad? ¿No sería mucho más fructífero, participativo y eficaz hacerlo de forma descentralizada?

@arquimedios_gdl

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