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Comenzamos el Adviento, tiempo de espera para celebrar el evento más importante sucedido en
la historia: la venida del Hijo de Dios al mundo. La primera venida se realizó en la sencillez y en la humildad. La segunda se verá precedida por grandes signos y señales.
Por eso, nos urge prepararnos con buenas obras, tal como conviene para recibir a Cristo en ambas venidas.
Vivimos en tensión entre la primera venida, sucedida en el pasado y la segunda venida, que acontecerá en el futuro, con la idea de tener los pies bien puestos sobre la tierra, dirigiendo nuestra mirada hacia lo que ha de suceder.
Jesús habla del fin del mundo valiéndose de la destrucción de Jerusalén. Describe la inestabilidad del cosmos con un lenguaje misterioso, lleno de imágenes tremendistas, con un estilo llamado apocalíptico, que contrario a lo que se pudiera pensar, no intenta sembrar miedo, sino infundir esperanza.
El universo y la historia llegarán a su fin, porque el mundo que vemos es pasajero. Ante estos hechos tremendos y magníficos que están por suceder, la Iglesia nos invita a escuchar atentamente las consoladoras palabras de Jesús: “Cuando todas estas cosas empiecen a suceder, levanten la cabeza, se
acerca la hora de su liberación”.
Esto significa que la historia encuentra su sentido en Cristo, que nos invita a mantenernos dando testimonio de Él.
Las palabras finales de Jesús en este domingo nos invitan a la vigilancia, “está cercano el día”, y es necesario “estar despiertos”. El deber de la vigilancia se entiende en relación con un acontecimiento futuro que debe realizarse.

Eso se traduce en una actitud de espera que, por una parte, significa la expectativa de la realización de una promesa, pero por otra parte, plantea la responsabilidad de ajustar la propia conducta a las exigencias de Dios.

Debemos vivir en actitud de espera vigilante para disponernos a presenciar el grandioso espectáculo al que nos prepara el Evangelio de Lucas, que nos habla del fin del mundo. No sabemos cuándo ocurrirá, pero estamos seguros que sucederá.
El profeta Jeremías anuncia palabras de esperanza: “Dios nos enviará un Salvador”. Anuncia la salvación y la paz para todos, que se realiza en Cristo Jesús. ¡Fuera el miedo! Miremos hacia delante con valentía y sigamos caminando con la esperanza puesta en Cristo Jesús.
Despiertos, para que no se nos embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero. El Adviento es un excelente despertador, porque tendemos a dormirnos, asediados por muchas
preocupaciones de la vida, y desconectados de los valores del espíritu.
Comencemos el Adviento de la mano de María, Madre de la esperanza. Ella también vivió su Adviento. Ella aguardó durante nueve meses al Mesías de Dios. ¡Cuántas obras buenas hizo María durante
ese primer Adviento!, simplemente recordemos los tres meses en que sirvió a su pariente Isabel, que
estaba encinta y necesitaba ayuda.
Por eso, debemos mirar a María e imitarla para aprender a esperar cristianamente, es decir, comprometidos.

¿Qué debilita mi esperanza?, ¿qué hago para superar la desesperanza?, ¿qué es lo que reafirma
mi esperanza?, ¿cómo puedo prepararme para vivir mejor este Adviento?, ¿qué obras buenas estoy
dispuesto a hacer en este tiempo de gracia?

@arquimedios_gdl

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