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Editorial

En dos jornadas de la pasada semana se presentaron hechos que enlutaron a nuestro País. Uno, fue la ya conocida trágica muerte de 17 personas en una clínica del IMSS en Tula, Hgo., resultado, más que de las torrenciales lluvias, de la irresponsabilidad de las autoridades correspondientes, que ya estaban alertadas de lo que podía pasar, y no actuaron. El hospital se quedó sin energía, los enfermos perdieron el oxígeno y fallecieron.

El otro hecho, también conocido, fue el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) al declarar que es inconstitucional la penalización del aborto voluntario, con un escueto argumento basado en “el derecho a decidir”.

Imagínense que todo estuviera basado en un “derecho a decidir” personal, sin pensar en el derecho de los demás, sobre todo si está una vida de por medio; pronto, si es así, nos quedaremos todos sin ojos (parangonando la multiconocida expresión de Ghandi).

No se trata de criminalizar a la mujer, que es la que lleva la mayor carga en un asunto de esta naturaleza, pero tampoco de dar una pretendida solución que afecta la vida de otros que también tienen derecho a vivir con dignidad.

Como no explicaron satisfactoriamente la contradicción que existe entre el derecho a decidir por parte de la mujer y la conservar la vida del no nacido, al siguiente día profundizaron en su aberración.

Declararon que no se puede considerar constitucional que la vida inicia en el momento de la concepción. Una interpretación subjetiva la quisieron tapar con un error todavía mayor.

Nuestra argumentación no es pretendidamente moral o espiritual, sino que está claro que lo expresado por los Ministros de la SCJN manifiesta una ignorancia científica.

Es por todos conocido que desde el momento en que un embrión inicia a desarrollarse, ya contiene las características genéticas de lo que será fuera del vientre materno. No espera a ver la luz para que se desarrolle, y cuando está listo para ver la luz, sin ni siquiera depender de la mujer que lo porta, anuncia que está próxima su salida, y para sorpresa incluso de los doctores que han ‘estado al pendiente’. Es decir, se trata de una vida completamente independiente.

Y otra cosa. Si el no nacido, pero ser vivo independiente, fuera parte del cuerpo de la mujer que lo tiene, cuando emergiera de ahí, le haría falta a la mamá esa parte de su organismo, como sucede cuando se extrae un riñón. Y, por otra parte, lo que le extrajeron, el nuevo ser en el momento de su nacimiento, no sobreviviría por sí solo, como sucede con lo que sí pertenece al cuerpo de la mujer, que no puede sobrevivir por él mismo.

El ser que nace se trata de un nuevo ser que, apenas sale del vientre de la madre, continúa, crece y se desarrolla por sí solo.

¿Qué México nos tocará vivir en los próximos años? Un país que se preocupa por el trato digno a los animales (¡qué bueno!), pero que vulnera criminalmente la vida más inocente e indefensa de los que todavía no nacen. ¿Quién sigue?  

Tags: Aborto

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