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Lupita:

Ya nadie tiene temor de Dios. Vinieron a nuestra casa los de un grupo delictivo, nos amagaron, nos golpearon y se llevaron todo lo de valor. Tenemos miedo. No queremos salir, no queremos ver a nadie. La angustia nos está matando. Ya no queremos vivir así. ¿Cómo podemos conseguir ayuda?
Fam. López H

QUERIDAS FAMILIAS CRISTIANAS:
No dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien (Rom. 12, 21).

Es verdad que muchos hombres de hoy no creen en Dios, pero Dios si cree en cada uno de ellos. Dios cree en ti, te hizo por amor y para amar, conoce profundamente tu potencial y apuesta por él.

San Josemaría Escrivá, el santo de lo ordinario, al hablar del perdón cristiano decía: en toda ofensa se nos agrede con un mal que puede hacer nacer otro mal dentro de nosotros. Verdaderamente, ese es el mal que cada uno ha de superar.

El perdón impide la revancha, aquieta la sensibilidad y purifica la memoria. Por parte de quien es perdonado, el perdón le capacita para superar tanto la ofensa cometida como la corresponsabilidad por el nuevo pecado que podría surgir en la persona ofendida.

Después de varios meses en depresión profunda, una mujer había reflexionado mucho.
Sabía que su egoísmo la había llevado a una vida burguesa, no se esforzó en la educación de sus hijos y experimentaba una culpa que la paralizaba y sometía. Por gracia de Dios, con ideación suicida, acudió al confesor y experimentó la mirada misericordiosa de un Padre que la amaba y le llamaba a vivir en el presente reparando por sus fallas y caídas. A partir de entonces se decidió a hacer el bien, a sus propios hijos aunque sufriese desprecios, y a todo aquel con el que convivía día a día.

En cierta ocasión, vio al portero de un edificio con mirada apesadumbrada y quiso darle un poco de la ternura de Dios con buen trato. Le saludó cordialmente de forma especial. Había hablado bien de él
con sus superiores y con alegría recibió la noticia de que este empleado estaba en un programa de reinserción social ya que había salido recientemente de la cárcel. Su comentario aportaba a su favor.

Ella pensó para sí misma: “¡nadie es descartable para Dios!”

Los cristianos estamos convencidos de que la única forma de combatir el mal, es en abundancia de bien!


Lupita Venegas/ Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

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