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Sonia Gabriela Ceja Ramírez

El martes 30 de noviembre, fiesta de San Andrés Apóstol se realizó en el Santuario de los Mártires la ceremonia de ordenación episcopal de Mons. Ramón Salazar Estrada, nuevo Obispo Auxiliar de Guadalajara.

Al evento que estuvo abierto a todo el público, asistieron alrededor de 1,500 personas, además de varios cientos más que siguieron la ceremonia mediante redes sociales.

Acompañaron al nuevo sucesor de los apóstoles alrededor de 15 obispos, así como familiares, amigos y alumnos del Seminario, donde desarrollo la mayor parte de su ministerio sacerdotal como formador.

Con sabor a despedida

En la consagración episcopal estuvo también presente Mons. Franco Coppola, nuncio apostólico en México quien hace algunas semanas se anunció ha sido designado para desempeñar su labor apostólica en Bélgica. “Esta es la última ordenación en la que participo como nuncio apostólico en México”, anunció Mons. Coppola.

La Misa inició en punto de las 11 de la mañana. Después de la proclamación del Evangelio se hizo la invocación del Espíritu Santo y posteriormente se presentó al señor Cardenal, Arzobispo de Guadalajara la petición de ordenación. De igual manera el Padre Javier Magdaleno Cueva, secretario canciller de la Arquidiócesis leyó el mandato apostólico por el que el Papa nombró a Mons. Ramón Salazar Estrada como Obispo titular de Bisarcio y Auxiliar de Guadalajara.

El Obispo Electo mostró el mandato apostólico al señor Cardenal y los Obispos presentes así como a la Asamblea en general.

No hay fe sino hay quién la anuncie

Tocó la predicación a Mons. Franco Coppola, quien durante  la homilía dijo que necesitamos anunciadores del Evangelio, sino la fe por más fuerte y bien arraigada que se encuentre, corre el riesgo de perderse. Añadió que Jalisco tierra de gran tradición cristiana, pero no por eso debe bajar la guardia.

Señaló que los cristianos debemos preguntarnos a quién vamos a pasar la fe que hemos recibido, “a quién vamos a anunciarla, sino seremos como una pareja estéril que no tiene hijos”.

Agregó que “necesitamos un cambio de mentalidad sobre todo de Obispos y sacerdotes que estamos acostumbrados a ser más sacerdotes, hombres que celebran los sacramentos, esto era suficiente hace algunos años pero ahora no es suficiente, a menos que queramos ser sacerdotes al estilo del antiguo testamento, como Zacarías, metidos en el templo. Si somos discípulos de Jesús, quien pasó por el templo algunas veces pero la mayor parte de su ministerio lo pasó fuera, por las calles, debemos seguir su ejemplo.

“Debemos anunciar lo que hemos visto, oído, que nuestras manos han tocado, no podemos anunciar solo lo que hemos estudiado. El objeto de nuestro anuncio es el verbo de la vida. Tenemos que anunciar nuestro encuentro personal con el Señor que nos ha cambiado la vida”.

Añadió que el seguimiento de Cristo exige dejar las seguridades humanas, materiales y afectivas.

Mons. Coppola finalizó su homilía haciendo votos para que Dios le conceda a Mons. Ramón un amplio ministerio episcopal. “Que el Señor y el Espíritu Santo que hemos invocado, y la Virgen nuestra Madre le acompañen, lo protejan y le den la serenidad.  Que la mirada de la Virgen le acompañe y le sostenga siempre”.

La ceremonia de ordenación

Concluida la homilía, Mons. Salazar fue examinado y manifestó su deseo de consagrase. Luego se rezó la letanía de los santos, uniendo a la Iglesia peregrina y la Iglesia triunfante, momento en el que el nuevo Obispo se postró en el piso.
Después se le impusieron las manos y se hizo la oración consecratoria, para luego imponerle sobre la cabeza el libro de los evangelios como signo de la elección de Cristo.

Posteriormente fue ungido en la cabeza, se le entrego el libro de los Evangelios y las insignias propias del Obispo: anillo, mitra y báculo.

El nuevo Obispo recibió el saludo de los Obispos presentes, así como de sus familiares. Destacó el saludo de su señora madre Rogelia Estrada López.

Una vez ordenado, Mons. Salazar saludó y bendijo a la asamblea.

Finalmente el Cardenal Francisco Robles agradeció al nuncio cinco años de trabajo en México, su servicio a la Iglesia de México y de la Iglesia particular de Guadalajara.

La ordenación concluyó cerca de la 1.40 de la tarde, con la bendición de la Imagen de Nuestra Señora de Zapopan, patrona de la Arquidiócesis.

Mons. Coppola compartió con Mons. Ramón y con todos los presentes, las bienaventuranzas del Obispo que el Papa Francisco compartió hace algunos días a la Asamblea de la Conferencia Episcopal Italiana:

  1. Bienaventurado el Obispo que hace de la pobreza y del compartir su estilo de vida porque con su testimonio está verdaderamente construyendo el reino de los cielos.
  2. Bienaventurado el Obispo que no teme enjugar su rostrocon lágrimas, para que en ellas se reflejen los dolores del pueblo, las fatigas de los presbíteros, encontrando en el abrazo con quien sufre el consuelo de Dios. “.
  3. Bienaventurado el Obispo que considera su ministerio un servicioy no un poder, haciendo de la mansedumbre su fuerza, dando a todos el derecho de ciudadanía en su propio corazón, para habitar la tierra prometida a los mansos.
  4. Bienaventurado el Obispo que no se encierra en los palacios de gobierno, que no se convierte en un burócrata atento más a las estadísticas que a los rostros, a los procedimientos que, a las historias, buscando luchar junto al hombre por el sueño de justicia de Dios porque el Señor, encontrado en el silencio de la oración diaria, será su alimento.
  5. Bienaventurado el Obispo que tiene corazónpara la miseria del mundo, que no teme ensuciarse las manos con el barro del alma humana para encontrar el oro de Dios, que no se escandaliza por el pecado y la fragilidad de los demás porque es consciente de su propia miseria, porque la mirada del Crucificado Resucitado será para él un sello de perdón infinito”.
  6. Bienaventurado el obispo que destierra la duplicidad del corazón, que evita toda dinámica ambigua, que sueña con el bien incluso en medio del mal, porque podrá alegrarse del rostro de Dios, encontrando su reflejo en cada charco de la ciudad de los hombres.
  7. Bienaventurado el obispo que trabaja por la paz, que acompaña los caminos de la reconciliación, que siembra en el corazón del presbiterio la semilla de la comunión, que acompaña a una sociedad dividida por el sendero de la reconciliación, que toma de la mano de cada  hombre y  cada mujer de buena voluntad para construir la fraternidad: Dios lo reconocerá como su hijo.
  8. Bienaventurado el obispo que por el Evangelio no teme ir contracorriente, poniendo un rostro ‘duro’ como el de Cristo en su camino hacia Jerusalén, sin dejarse frenar por incomprensiones y obstáculos, porque sabe que el Reino de Dios avanza en la contradicción del mundo.

“Dios no te llevará a donde no pueda sostenerte su gracia”, señaló Mons. Salazar, que ha sido su pensamiento desde que conoció su nombramiento. Agradeció a su familia, al Papa Francisco, al Cardenal Francisco Robles, a los Arzobispos y Obispos presentes; a las religiosas y religiosos que le acompañaron, al Seminario de Guadalajara, así como al pueblo de Dios a quien se encomendó en sus oraciones.

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