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La Palabra del Domingo

Bonita Newton de López

El Evangelio de hoy nos recuerda una acción simbólica con la cual Jesús purificó el templo de Jerusalén. Y así mostró su compromiso con la causa de Dios, revelándose Él mismo como el nuevo lugar de encuentro entre la humanidad y su Padre (Jn 2, 13-25).

JESÚS SE INDIGNÓ DE QUE EL TEMPLO SE HUBIERA CONVERTIDO EN UN MERCADO
El pasaje comienza precisando: “Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas” (vv. 13-14). Con la fórmula: “Pascua de los judíos”, san Juan marca una distancia entre Jesús y el rito judaico.
Jesús realizó un gesto simbólico, que debemos comprender a la luz de la tradición profética: “Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: ‘Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre’” (vv.15-16 compárense con Zac 14, 21).

Esta acción purificatoria, además de corregir la abusiva mezcolanza de negocios y religión, se constituye en el anunció de la reedificación mesiánica del templo.

Jesús, el Hombre venido de Dios, se indignó de que la casa de su Padre se hubiera convertido en un mercado.

JESÚS ES EL NUEVO TEMPLO
Los judíos pidieron una señal (véase v. 18); pero Jesús los desafió con una ambigua metáfora: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré” (v. 19). El verbo griego egeirein: “levantar”, “edificar”, también significa “despertar” e inmediatamente recuerda la Resurrección de Jesús. Entonces replicaron: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?” (v. 20).
A continuación, el evangelista emplea un recurso didáctico helenístico, conocido como “el equívoco”, que ayuda a descubrir una interpretación más exacta de las metáforas, cuando explica que Jesús: “hablaba del templo de su cuerpo” (v. 21). Al designar al templo como “la casa de mi Padre”, Jesús se presenta como el Hijo, que tiene autoridad en el templo y sobre él. Esto sólo fue comprendido hasta después de su Resurrección (véase v. 22). Se establece así el principio de interpretación, que parte de la Resurrección para la comprensión del Misterio de Jesús. El sentido de la imagen radica en que Jesús en persona es el nuevo templo, donde habita la presencia de Dios.

JESÚS CONOCÍA LO QUE HABÍA EN EL INTERIOR DE LAS PERSONAS
Entretanto estuvo en Jerusalén muchos creyeron en él: “Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que nadie le descubriera lo que es el hombre, porque él sabía lo que hay en el hombre” (vv. 24-25). ¡Jesús conocía lo que había en el interior de las personas!

Para actualizar la Palabra de Dios, ofrecida el día de hoy, los invito a tomar conciencia de que si hasta entonces los hombres se construían templos y buscaban lugares donde encontrar a Dios; ahora Dios se ha hecho presente en la mismísima persona de su Hijo Jesús.

@arquimedios_gdl

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