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PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

En alguna ocasión el Señor Jesús reprochó a los fariseos el que fueran capaces de discernir los signos del clima, pero no los signos del tiempo. No es una tarea fácil. El discernimiento es un análisis en profundidad, pero también supone una especial capacidad para justamente detectar, identificar lo que realmente constituye un signo, y examinarlo a fondo.
Los signos del tiempo son aquellos hechos, acontecimientos, actitudes, conductas, situaciones, o formas de pensar que están evidenciando condiciones profundas de por sí no visibles a primera vista, son como los síntomas que presenta una persona y que debe plantear a un médico para que éste pueda hacerle un diagnóstico efectivo. Si no sabemos detectar nuestros síntomas, o el médico se equivoca al interpretarlos, dándonos un diagnóstico erróneo, nuestra situación no sólo no va a mejorar, va a empeorar.
Los signos del tiempo, desde la perspectiva del Evangelio, son realidades que involucran a Dios, en cuanto que Dios mismo nos puede estar hablando a través de esos signos, sean positivos o negativos, en busca de una respuesta de parte nuestra.
El pueblo de Dios que conforma la diócesis de Guadalajara expresa una serie de síntomas que pueden ser signos del tiempo. Este pueblo de Dios está formado tanto por personas seglares como por personas consagradas, y la sintomatología observable es por lo mismo diversa en su expresión y en su origen.
Cuando se habla de un “cansancio pastoral” por parte de muchos agentes laicos, debemos pensar que es un signo, y

que debe tener una causa, buscarla es el primer paso para hallar igualmente una solución.

Cuando se advierte una fuerte tendencia de la gente al ocio, de tal manera que no busque ni aspire a otra cosa que, a la diversión, a expensas de su trabajo, es también un signo que requiere explicación, también cuando este signo es observable en alguno que otro sacerdote.

Si la secularización negativa de la sociedad es producto de una nueva civilización, el que muchos cristianos se sientan atraídos por esas novedades es un signo del tiempo que debería llevarnos a analizar tanto a la nueva civilización, como a nuestra cultura cristiana que a la mejor no está situándose a la altura de los retos que enfrenta.
También la violencia social que vivimos es un signo de los tiempos, lo mismo que la apatía a la hora de buscar soluciones o ponerlas en práctica.
¿No es un signo de nuestro tiempo el que, frente a una epidemia global, la gente tuviera más esperanza en una vacuna, que en la acción de Dios?
Y la ausencia de profetas en el pueblo cristiano de nuestros días y de nuestra diócesis ¿no es de igual manera un fuerte signo de los tiempos?
Se habla también de una caída de las vocaciones a la vida consagrada, es decir, de una crisis de vocaciones, ¿no es esto el signo más bien de una crisis de modelos sacerdotales y de vidas consagradas?

armando.gon@univa.mx

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