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Hermanas y hermanos en el Señor:

Hemos iniciado el tiempo de Adviento, tiempo de preparación para la llegada del Señor Jesús, al celebrar su Nacimiento.
Para su venida definitiva, estamos ciertos de que llegará, pero no sabemos cuándo ni a qué hora será. Por eso tenemos que estar vigilantes.
Ciertamente, los seres humanos vivimos en un ambiente cultural generalizado, pensando en muchísimas cosas, menos en la espera del Señor.
Si no sentimos como propia esta espera, por desgracia no nos afecta ni cuándo ni a qué hora vendrá Jesucristo.
Algo que falta a nuestras generaciones actuales es retomar la conciencia de que Dios va a venir a nuestra vida, que va a venir a nuestro encuentro.
Viene no para condenarnos, sino para salvarnos, por eso es justo que si viene para salvarnos, estemos atentos y vigilantes, preparados para su llegada.

¿Cómo podemos prepararnos? Aplicarnos en las buenas obras, confiando en Dios, es decir, que nuestra confianza en la vida esté en Él, fuente de todo bien y fuente de todo amor.

Nos preparamos a su venida involucrándonos en su proyecto de salvación, en su proyecto de paz, el cual consiste en que vivamos como hermanos en este mundo y, después, en la plenitud de la vida eterna, como familia suya.

Fijémonos, qué triste realidad: Dios viene para salvarnos porque quiere que vivamos en la paz, en el amor y en la justicia, pero contrario a esto, estamos empeñados en la guerra, en la destrucción de unos para con otros, en acabar con nuestra casa común (la Creación), dañándola siempre, empeñados en buscar las cosas de este mundo, como si aquí fuera nuestra morada definitiva.

Confiemos en el Señor, involucrémonos en su proyecto de amor y de salvación para todos, comprometámonos a construir su reino de justicia, de amor y de paz; empeñémonos en compartir el pan haciendo el bien.
Ésta es la forma de estar atentos ante la certeza de que Jesucristo va a volver y quiere encontrarnos dispuestos para salvarnos.
No dejemos pasar esta posibilidad que nos ofrece la Liturgia de estos domingos de preparación al Nacimiento de Jesús.
La Palabra de Dios nos va a seguir dando luz, nos va a estar sugiriendo cómo nos podemos preparar.
Pero si hemos estado distraídos, desentendidos de que el Señor va a venir, recuperemos nuestra certeza y nuestra confianza, porque es seguro que Él viene.
Dios se hizo hombre para morir y para resucitar por nuestra salvación. Él quiere darnos de la abundancia de su vida, pero seamos conscientes, estemos dispuestos, abiertos a la gracia de la salvación que nos ofrece. Que no nos distraigan los negocios, las ambiciones, las vanidades los rencores, las luchas entre nosotros, porque no sabemos el día ni la hora en que Jesús va a llegar.
Mientras Él llega, trabajemos los dones de su amor que nos ha dado, la luz de la verdad y de la salvación que nos ha traído Jesucristo y hagámosla producir en bien de los demás. Que Dios no nos encuentre sin hacer lo que debemos.
Vivamos este tiempo de Adviento con ánimo y fe, con esperanza, con confianza en Dios. Él no nos olvida ni nos abandona, constantemente viene a nosotros de muchas formas.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

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