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Homilía Cardenal Robles

El Arzobispo de Guadalajara exhortó a los fieles a agradecer o pedir con humildad el don de la fe. Asimismo, conminó a la grey católica a confiar en la resurrección del Señor. Finalmente, en unión con todo el Continente puso al pueblo de Dios en manos de María Santísima.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

El domingo 12 de abril, domingo de resurrección, se celebró de manera inusual en el mundo entero, pues la pandemia de coronavirus que aqueja a la mayor parte del orbe rompió con los ritos tradicionales para dar paso a maneras creativas de celebrar en todas las parroquias del mundo. Desde quienes organizaron celebraciones de la palabra a través de la aplicación zoom, quienes transmitieron las ceremonias a través de redes sociales y las diócesis que hicieron lo propio a través de los medios electrónicos.

La Arquidiócesis de Guadalajara, con el apoyo de las televisoras locales y mediante sus redes sociales transmitió todas las celebraciones litúrgicas de la Catedral Metropolita presididas por su pastor el Cardenal José Francisco Robles Ortega y realizadas a puerta cerrada, sin la presencia de fieles.

Sin olvidar el mal, pero con esperanza

Como se ha vuelto habitual, ayer 1er. Domingo de Pascua, el señor Cardenal Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, celebró la solemne Eucaristía que fue transmitida por televisión y redes sociales. Más que una celebración festiva, al ser este el domingo más importante en la liturgia de la Iglesia, la Misa celebrada en la Catedral Metropolitana tuvo un toque solemne, ya que en toda la celebración se tuvieron presentes a los enfermos de coronavirus, a quienes han fallecido a causa de la enfermedad, a quienes han perdido algún ser querido debido a la pandemia y al personal sanitario que hace su mejor esfuerzo para atenderlos.

Durante la homilía, el señor Cardenal se refirió a la liturgia, pues el Evangelio del día narra cómo las mujeres fueron al sepulcro a buscar el cuerpo de Jesús y lo encontraron vacío. Destacó que Jesús pasó por el mundo haciendo el bien. Dios lo resucitó, y dice Pedro, “nosotros somos testigos de la alegre noticia”, así, nosotros también somos testigos de esta buena nueva que la Iglesia nos da en este Domingo de Pascua, destacó el purpurado.

Añadió que debemos agradecer y alimentar el don de la fe. Dijo que si lo hemos recibido es necesario alimentarlo con la oración, la escucha de la Palabra y el seguimiento de Cristo.

Dijo que quienes no lo han recibido deben pedirlo con humildad y constancia, pues explicó que no es lo mismo vivir la vida con fe que sin ella.

Sin fe nada tiene sentido, nada tiene explicación. La fe nos hace comprender que el mal no tiene la última palabra. El mal ha sido vencido con la victoria de la resurrección, explicó.

Pero, añadió, que la fe no nos ha sido dada para que no nos pase nada malo en la vida, sino que nos ha sido dada para que veamos que lo que nos pasa tiene un sentido.

Nada en este mundo es para siempre

 “La fe en Jesucristo resucitado se nos ha dado como una luz para ver que todo tiene un sentido, dándole trascendencia a lo que sucede en nuestra vida, para que sepamos que lo que nos pasa de malo no es algo definitivo, no tiene la última palabra.

“Cuando el Apóstol entró en la tumba donde habían puesto al Señor, y vio que estaba vacía, se fortaleció su convicción de que Cristo había cumplido lo que les había anunciado, que vencería a la muerte”.

Luego señaló que la virtud de la fe viene hermanada con la esperanza.

“A la luz de Cristo resucitado podemos confiar que lo que estamos padeciendo debido a la pandemia que aqueja a toda la familia humana, no es lo último. Aún en el peor de los escenarios, es decir, la desaparición de la Humanidad, no es lo último, porque Dios nos ha rescatado en su Hijo Jesucristo, nos ha devuelto ya a la vida plena, que es Él. La fe está hermanada estrechamente con la virtud teologal de la esperanza, la cual es una luz para nuestra existencia. La esperanza es un horizonte nuevo que nos da paz, seguridad y plenitud. En medio de lo que en el presente sufrimos como Humanidad, cantamos desde el fondo de nuestra convicción, el Aleluya, porque la tumba en la que fue puesto Jesús, está vacía”.

En los brazos amorosos de María

Finalmente el Cardenal Robles expuso que al finalizar la Misa, sumándose a los Obispos de todo el Continente, se consagraría la Iglesia de Guadalajara a la intercesión de la Virgen de Guadalupe para que Dios cese en el mundo la pandemia.

“La Virgen María es para nosotros modelo de fe, acompañó a su Hijo en todos los momentos de su vida, y aunque esa fe no la liberó de sufrir, nunca vaciló. Por eso, podemos decir que la primera que recibió la alegre noticia de la Resurrección de Jesús fue María.

“Hoy, todas las Iglesias de América Latina y el Caribe, nos unimos espiritualmente en torno a nuestra Madre Santísima de Guadalupe para hacerle una súplica filial, pedirle que interceda para que cese en el mundo esta pandemia; por todos los enfermos que la padecen, para que recuperen la salud; por todos los que ya han muerto y sus familias, que lloran la ausencia de sus seres queridos; por todo el personal médico y por nuestras autoridades, para que tomen las mejores decisiones ante este mal.

“Le hemos pedido que a todos sus hijos nos llene de espíritu de fe y de fraternidad, de responsabilidad, para que nos cuidemos unos a otros, como hijos de Ella, nuestra Madre”, dijo.

Una vez concluida la Celebración Eucarística, el Cardenal Robles se dirigió a uno de los altares laterales de la Catedral de Guadalajara donde se encuentra la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe e hizo la oración de Consagración.

A través de redes sociales se informó que durante esta semana no se transmitirá la Misa que preside diariamente el señor Cardenal, pero que las transmisiones se retomarán el domingo 19, con la Misa de 12 en la iglesia Catedral.

Oración de Consagración a la Virgen de Guadalupe

Santísima Virgen María de Guadalupe, Madre del verdadero Dios por quien se vive. En estos momentos, como Juan Diego, sintiéndonos “pequeños” y frágiles ante la enfermedad y el dolor, te elevamos nuestra oración y nos consagramos a ti.

Te consagramos nuestros pueblos, especialmente a tus hijos más vulnerables: los ancianos, los niños, los enfermos, los indígenas, los migrantes, los que no tienen hogar, los privados de su libertad. Acudimos a tu inmaculado Corazón e imploramos tu intercesión: alcánzanos de tu Hijo la salud y la esperanza.

Que nuestro temor se transforme en alegría; que en medio de la tormenta tu Hijo Jesús sea para nosotros fortaleza y serenidad; que nuestro Señor levante su mano poderosa y detenga el avance de esta pandemia.

Santísima Virgen María, “Madre de Dios y Madre de América Latina y del Caribe, Estrella de la evangelización renovada, primera discípula y gran misionera de nuestros pueblos”, sé fortaleza de los moribundos y consuelo de quienes los lloran; sé caricia maternal que conforta a los enfermos; sé compañía de los profesionales de la salud que los cuidan; y para todos nosotros, Madre, sé presencia y ternura en cuyos brazos todos encontremos seguridad.

De tu mano, permanezcamos firmes e inconmovibles en Jesús, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

@arquimedios_gdl

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