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Juan López Vergara

El Evangelio que la Iglesia proclama hoy, comprende la Parábola del sembrador, un texto sobre el sentido del lenguaje parabólico, y la explicación de la parábola. Cristo siembra la Palabra del Reino –osea del proyecto de Dios–, capaz de transformar la vida, si es responsablemente acogida en nuestro interior hasta germinar, crecer, madurar y fructificar (Mt 13, 1-23).
LA PRESENCIA DEL PROYECTO DE DIOS ES MANIFIESTA
El capítulo trece contiene el tercer discurso, que agrupa siete parábolas, cuyo tema común es el misterio del “Reino de los Cielos” (compárense: vv. 19.24.31.33.44.45.47). El evangelista describe cómo el Reino se hace presente y cuál es su fuerza; comienza puntualizando que el pueblo estaba pendiente de los labios de Jesús, que hablaba con parábolas (véanse vv.1-3).
El fruto de la semilla no se decide por su calidad, sino por la del suelo que la recibe (véanse vv. 4-7); por ello, las que caen en tierra buena darán fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno (véase v. 8). Lo sorprendente de la parábola es la grandiosa cosecha. Jesús anima a valorar que no obstante el fracaso aparente y su oculta realidad, la presencia del Reino, es decir, del proyecto de Dios, es manifiesta, inobjetable: “El que tenga oídos, que oiga” (v. 9).

¡HAY POCAS PALABRAS DE JESÚS QUE IRRADIEN Y RESPLANDEZCAN COMO ESTAS!

Los discípulos preguntaron a Jesús por qué hablaba en parábolas (véase v. 10). Jesús contestó: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a ellos no” (v. 11); y añadió una frase difícil de entender: “Al que tiene, se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun ese poco se le quitará” (v. 12). Quizá aluda a un proverbio campesino de carácter económico: el que tiene puede aumentar sus haberes, pero el que tiene muy poco terminará perdiéndolo todo. Jesús aplicó este refrán a los que acogen el Reino: el proyecto de Dios, con fe, porque cada vez descubrirán con mayor profundidad su misterio. En cambio, quienes sólo lo reciben superficialmente, acabarán por abandonarlo.

Jesús, entonces, declaró dichosos a sus discípulos por aceptar su mensaje (véase v. 16); más aún, les dijo:
“Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron” (v. 17).
¡Hay pocas palabras de Jesús que irradien y resplandezcan como estas!
QUE LA RECEPCIÓN DE LA PALABRA NO SEA AHOGADA POR LAS DIFICULTADES
La explicación de la parábola refleja una preocupación de la comunidad del evangelista, desplazando su centro de interés hacia las diferentes actitudes con que fue recibida la Palabra, en lugar de la suerte corrida por la semilla.
Mateo destaca el contraste entre quienes no entienden y quienes comprenden (compárense: el v. 19 y el 23). Y con esta explicación exhorta a su comunidad para que la recepción de la Palabra no sea ahogada por las dificultades (véanse vv. 20-22 y compárense: Mt 22, 1-14).
Muy apreciables lectores, para actualizar el santo Evangelio del día de hoy, los exhorto a tomar conciencia de que estamos llamados a “comprender”, a “conocer”, a “vivir”, a “experimentar” la Palabra del Reino, que por parte de Jesús es don y, por nuestra parte, responsabilidad.

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