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Pbro. Armando González Escoto

Hace doscientos años el obispo de Guadalajara, don Juan Cruz Ruiz de Cabañas, puso el Santuario de Zapopan bajo la custodia de la orden franciscana.

Hacia 1542 fray Antonio de Segovia había donado la imagen de la Virgen a la comunidad indígena de Zapopan. Éstos le construyeron una ermita que luego quedó bajo la jurisdicción de la parroquia de Atemajac. 277 años después, el cuidado pastoral del clero diocesano había hecho de aquella ermita un célebre santuario, tan reconocido y afamado que acudían a él peregrinos de todo el vasto obispado de Guadalajara y de los obispados vecinos. Al frente del santuario estarán los presbíteros más ilustres de la época virreinal, quienes harán de esta iglesia una joya del barroco, enriquecida y adornada con abundancia de plata labrada y muy ricos paramentos y alhajas para el ornato de la imagen mariana.

La riqueza del santuario llevó a pensar a una muy adinerada dama, profesa en el monasterio de Santa Mónica, que con sus limosnas se podía sostener la obra misional en el norte del territorio, siempre y cuando se construyese ahí un colegio de propaganda de la fe, y se pusiera éste en manos de alguna orden misionera, para lo cual hizo una cuantiosa donación, pudiéndose construir el convento de Zapopan que ahora vemos. La orden elegida fue la franciscana, que aceptó tanto la tutela del santuario, como el de las misiones.

Aceptar la tutela del santuario era una tarea exigente, pues debían trabajar para, por lo menos, conservar el mismo esplendor con el que lo recibían, tarea en la que lograrán muy notable fruto gracias a la actuación de franciscanos que comprendieron su misión en este campo y la asumieron a fondo, sobre todo a lo largo del siglo XIX en que dieron a la feligresía un santuario con un atrio espacioso y de magnífico estilo, unas torres esbeltas y hermosas, y una restauración interior neoclásica que vino a suplir la devastación sufrida en la Guerra de Reforma.

A partir de entonces los franciscanos de la Provincia de los santos Francisco y Santiago debían añadir a su carisma propio, el carisma específico de esta antigua advocación mariana; también  los aspectos que exige una pastoral de santuarios, comenzando desde lo más simple: concentrarse y especializarse en el culto mariano de Nuestra Señora de Zapopan, tenerle devoción o adquirirla, saber los hermanos dar razón histórica y pastoral de esta devoción, custodiar con rigor los bienes que la comunidad católica ha dado a esta venerada imagen, desde el cuidado prioritario de la misma imagen, cultivar la virtud de la paciencia al entrar en relación con otros actores de la pastoral toda vez que el carisma misionero de la Virgen de Zapopan los pone en relación con esta y muchas otras diócesis.

Consecuencia inmediata de esta acción es que la Virgen de Zapopan ha llevado a los franciscanos a todas partes y los ha hecho la orden religiosa más visible en la arquidiócesis de Guadalajara, que no es poco beneficio, por más que exija una gran dedicación y esfuerzo de todo el año.

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1 comment

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Lucy Ventura noviembre 27, 2019 - 6:56 pm

Consideró que se debe tener mayor criterio al permitir que se publiquen ese tipo de artículos con cierta preferencia y/o postura.

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