upc4

Laura Castro Golarte

El trabajo de investigadores e historiadores tiene todo que ver con la interpretación de los hechos que se conocen, en los que se profundiza y en torno a los cuales se escribe para su posterior difusión y divulgación.
Por fray Antonio Alcalde hablan sus obras, sin embargo, el contexto, el entorno, sus antecedentes y su formación son fundamentales para entender sus acciones. En 2018 la Universidad de Guadalajara publicó un libro bajo la coordinación de Juan Real Ledezma y Ernesto Villarruel Alvarado donde ambos, en la presentación, hacen una serie de consideraciones muy interesantes. Afirman que el dominico fue un hombre político “convencido del ideal alcanzable de la polis armoniosa y con oportunidades para todos”. Como integrante de la orden de Santo Domingo “su formación tuvo como base la Suma teológica de Santo Tomás de Aquino, la cual comprende la gran obra intelectual de Aristóteles” y, agregan, “si el filósofo de Estagira entendía a la política como la ciencia de la prudencia y la convivencia, porque el fin del Estado es la promoción de las virtudes —morales e intelectuales— para que los ciudadanos alcancen la eudaimonía o la plenitud de la existencia, entonces no debería sorprendernos el actuar político del Fraile de la Calavera”. Es decir, de un lado estaba su formación académica y sus convicciones filosóficas y, del otro, el tiempo en el que vivió marcado por la Ilustración.

El libro que comento es Utopía y acción de fray Antonio Alcalde 1701-1792 en el que además me invitaron a participar precisamente con un texto sobre la instrucción elemental promovida por el vigésimo segundo obispo de Guadalajara. Cabe decir que, recién llegado a Guadalajara, el siervo de Dios pronto se dio cuenta de que, en materia de instrucción elemental y universitaria, la Nueva Galicia enfrentaba serios atrasos, principalmente de la segunda por la expulsión de los jesuitas (cuando Carlos III ordenó esto Alcalde era obispo de Mérida); y porque una solicitud para la apertura de una universidad no había sido atendida desde hacía décadas. En Yucatán el cigalés empezó las gestiones para que el Colegio Tridentino se convirtiera en universidad en una tarea que no abandonó cuando fue enviado a Guadalajara en 1771.

Ahora bien, al cumplir un año en Guadalajara, una acción trascendente y significativa resultado de las preocupaciones más profundas del fraile especialmente interesado en “la calidad intelectual, moral y humana de su clero, de los aspirantes al estado eclesiástico y de los jóvenes que se instruían en el Seminario Conciliar” fue la modificación de las Constituciones: el 11 de diciembre de 1772 “emitió un despacho conformado por 23 capítulos, mediante el cual modificó sensiblemente la vida del Seminario” según nos cuenta el padre Tomás de Híjar en su texto “Vida y obra del genio de la caridad: fray Antonio Alcalde”, publicado por el Instituto Cultural Ignacio Dávila Garibi de la Cámara de Comercio de Guadalajara en 2003.

En los 21 años de su paso por la diócesis de Guadalajara, Alcalde se ocupó de la formación de sacerdotes, de niñas y niños, de trabajadores y de jóvenes. Luis Pérez Verdía escribió: “Por eso fue que, entusiasta en tiempos de tanto atraso y de ignorancia tanta por la ilustración de la juventud, quiso no sólo formar clérigos instruidos que pudieran guiar las inteligencias sino también súbditos capaces de conocer el bien por la enseñanza”.

Pérez Verdía profundizó en sus reflexiones sobre Alcalde y su labor educativa con una interpretación que ubica al historiador como un hombre de su tiempo: “Abrir escuelas hoy, en un pueblo libre, en un siglo de ilustración, en medio de los ejemplos de cultísimas naciones y con los elementos ministrados por Pestalozzi, Frobel y tantos otros insignes pedagogos, es una labor meritísima que honra a los gobiernos; pero fundarlas en las pasadas centurias, en la Nueva Galicia, era una tarea no sólo civilizadora, sino eminentemente liberal y progresista. Abrir escuelas en una colonia significaba preparar la independencia, ilustrar a las masas, predicarles sus derechos. Poner un libro en manos engrilladas era darles la fuerza para que rompiesen sus cadenas; llevar la luz a tantas inteligencias amortiguadas equivalía a mostrarles un porvenir de libertad; enseñar al indio macehual, era levantarlo a la altura de su señor. El inolvidable castellano, fundando las escuelas de primeras letras en el Santuario, en el Colegio de San Juan y en el beaterio, redimía de la esclavitud a generaciones enteras, del mismo modo que dos siglos antes fray Bartolomé de las Casas con su energía y con su genio obtenía la redención de millones de americanos…”

Seguiré con el tema educativo de fray Antonio Alcalde en la próxima entrega de “Faro y brújula”, pero hoy es Nochebuena y quiero agradecer la lectura y el seguimiento y desearles una muy feliz Navidad en compañía de sus seres queridos.

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.